Opinión Política

Somos la consecuencia de nuestros antivalores…

Nuestro país se derrumba en un caos generado por la corrupción y la ausencia de moralidad ciudadana.

El día de hoy nuestros jóvenes están siendo educados dentro de una tecnología criminal, que mata a las relaciones interpersonales y hace que el futuro ecuatoriano, no necesite de otros ecuatorianos para relacionarse en su vida.

En muchas ocasiones, durante un almuerzo familiar cada miembro de la supuesta unidad sanguínea, está manejando su celular, chateándose o jugando con el bendito aparato.

Ya no es necesario hablar en las reuniones familiares, sociales o de cualquier clase.

Las reuniones se han convertido en vulgares aglomeraciones físicas, donde cada uno está presente pero se encuentra ausente en su propio mundo a través de su celular.

Los adolescentes juegan y son estimulados y premiados en base a las recompensas que les ofrece una tecnología perversa, donde hay video juegos en los que se gana más puntaje, mientras más crímenes cometa quién lo esté jugando.

Se ha perdido el respeto a la muerte.

Para el niño de hoy es común, hablar de violaciones, asesinatos o la corrupción.

Nuestros hijos están construyendo una personalidad sicopática que se forja a base de múltiples antivalores, donde el consumismo y la acumulación del dinero obtenido a través del poder, es lo único que importa.

Estamos en una crisis social de amoralidad.

Vivimos en un país donde pululamos en medio de la inmoralidad manifiesta de quienes nos han gobernado.

Estamos endeudados con dinero que nunca hemos prestado.

Sin embargo tenemos que pagar ese dinero con sus respectivos intereses y de por vida.

Quienes nos robaron tienen su dinero mal habido muy bien escondido en sus bancos extranjeros.

Todavía tienen la osa día de auto proclamarse víctimas de persecuciones políticas, cuando en realidad son vulgares ladrones que nos han esquilmado nuestros recursos.

Somos tan ingenuos y con nuestro silencio acabamos siendo sus cómplices, que todavía creemos que quienes nos han robado, pero lo han hecho bien (es decir que no se los ha descubierto todavía) son los gobernantes que nos merecemos para el futuro.

Los políticos ladrones son tan corruptos y delincuentes como los delincuentes comunes, violadores o asesinos.

Somos una sociedad sin reserva moral.

Vivimos en una colectividad corrupta y consumista, donde se debe acumular dinero como sea.

En el Ecuador de hoy, la moral o los principios solo son trabas obsoletas que nos impiden obtener más dinero o hacer mal uso y abuso del poder.  

 

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