Todas las encuestas registran que los guayaquileños tienen un grado de aceptación no menor de 80%, por Jaime Nebot Saadi. Ese dato no sería sorprendente si se tratase de calificar a un Alcalde que está iniciando su mandato, pero no de alguien que luego de casi 19 años, está próximo a terminar sus funciones; y eso ubica a Nebot, en un puesto excepcional en la política nacional y regional.

Nunca está demás recordar cuáles eran las condiciones de Guayaquil antes de 1992, cuando León Febres-Cordero fue elegido para ejercer la alcaldía de la ciudad. El total colapso de los servicios públicos municipales se expresaba en calles llenas de basura; bombas eléctricas instaladas en portales de edificios para obtener algo de agua potable y almacenarla en cisternas; alcantarillas rebosadas de excrementos, que se vertían a cielo abierto en el casco urbano; todo esto como resultado de la corrupción que dominaba la gestión del municipio, donde el “piponazgo” era una especie de patente de corso para saquear sus arcas. Febres-Cordero cumplió de manera impecable la misión que le encomendó la ciudadanía; y el año 2000 — luego de dos períodos consecutivos— entregó a Nebot un gobierno municipal saneado, en orden, con capacidad para invertir; y una ciudad que había recuperado con firmeza, su ruta de progreso. Y su autoestima.

Ni Febres-Cordero ni los guayaquileños, se equivocaron cuando escogieron a Nebot para continuar lo iniciado en 1992. Y no fue solo continuidad. Fue —sobre todo— innovación, expresada en un modelo de gobierno cuya clave reside en gestionar recursos destinando el 85% a inversión y el 15% a gastos, con un presupuesto que lo deja en US $ 800 millones, (multiplicó casi por 8 el monto que recibió). Esto es sencillamente extraordinario, en un país cuyo sector público está acostumbrado a gastar hasta más no poder, a costa de no invertir.

Algunos datos revelan la magnitud del legado de Nebot: 90 de cada 100 guayaquileños, gozan del servicio de alcantarillado sanitario; y para el restante 10% se está dejando contratada la respectiva obra. En transporte urbano, más de 500 mil personas serán usuarios del sistema de la METROVÍA, una vez que entre en operación la Troncal No. 4; a esto hay que sumarle la aerovía, que facilitará la movilización entre Guayaquil y Durán; a la reconstruida Terminal Terrestre, arriban 26 millones de pasajeros al año; más de 2 millones de turistas llegan anualmente a Guayaquil para disfrutar de sus atractivos y de su oferta gastronómica, donde el Mercado Del Río, Guayarte y los Malecones de El Salado y Simón Bolívar, son los sitios de mayor concurrencia. Echó abajo viejos tabúes, vendidos para decir que en Guayaquil no hay arte, ni cultura: creó espacios que los entregó para esas manifestaciones. Y fue más allá: digitalizó la ciudad, poniendo algo de la tecnología de información y comunicación, a disposición masiva de los guayaquileños.

No se puede pasar por alto lo que ha hecho para aumentar la eficiencia del servicio contra incendios —tan importante para la seguridad de la ciudadanía, porque el fuego es enemigo sempiterno de Guayaquil y de sus habitantes más pobres— ni en materia de salud, atendiendo a más de 500.000 personas, con 8 hospitales del día y 36 clínicas rodantes. También hay que destacar el orden que se va imponiendo en el tránsito urbano, desde que el municipio asumió la respectiva competencia a través de la ATM.

Hace unos días acoderó en el Puerto de Guayaquil, el buque más grande del que se tenga memoria: uno de 337 metros de largo (equivalentes a la altura aproximada de un edificio de 112 pisos), y capacidad para 10.000 contenedores. Ese acontecimiento pudo ser posible por la determinación de Nebot de impedir que el centralismo anti guayaquileño que el ex Presidente Correa representó, convirtiese a Guayaquil en un puerto de cabotaje, (así decía un proyecto de desarrollo portuario, elaborado por una consultora española durante ese gobierno). El Alcalde contrató la eliminación de la estructura rocosa denominada Los Goles, y el dragado del canal de acceso para permitir el paso de buques de gran calado al puerto de Guayaquil. Rompió así un mito, sostenido por regionalistas que nunca han renunciado a su añeja pretensión de impedir el desarrollo portuario de la ciudad. Les metió no uno, sino varios goles que los cantaremos conforme sigan ingresando buques de gran calado.

Lo del puerto es una obra trascendental, porque definitivamente consolida a Guayaquil como una de las localidades portuarias más importantes del continente, (es segundo en el Pacífico sudamericano, por el movimiento de Teus que registra, según la CEPAL). Y la reencuentra con su vocación genética: la de ser

la puerta de entrada por excelencia, de esta parte del continente. Y no es un hecho aislado, porque así complementa lo del aeropuerto José Joaquín de Olmedo, rescatado desde su nombre para convertirlo en el segundo mejor aeropuerto del mundo, (en la categoría de entre 2 y 5 millones de pasajeros) y el mejor aeropuerto de Latinoamérica y el Caribe, distinguido como tal por el ACI, (Consejo Internacional de Aeropuertos).

Nebot también debe ser reconocido por haberse convertido —gracias a su formidable poder de convocatoria—en freno eficaz para contener los extravíos de esas aventuras sin nombre, a las que quería empujar al país el socialismo chavezcorreista del siglo XXI. Sin Nebot y su valentía para enfrentar a un adversario que ni daba ni pedía cuartel, el destino de Ecuador sería otro; lo afirmo sin dudar.

Hay otras muchas virtudes del alcalde saliente de Guayaquil que las paso por alto. También tiene defectos, es cierto. Pero en el balance, esos pesan menos. Pesan tan menos, que ha dado un consejo válido para todo y para todos: “No dejes tu futuro en manos irresponsables; constrúyelo tu mismo con entereza y sabiduría”, ha escrito en su cuenta de Twitter.

No le diré gracias Nebot. Solo le diré que hay una ciudad y un país que esperan mucho de su. capacidad de estadista.

2 Comentarios

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    Wilmer Zambrano Aguilar

    Conocemos perfectamente el estado en que dejaron Guayaquil administraciones pasadas, gracias al Ing León Febres Cordero y al Ab. Jaime Nebot, la Perla del Pacífico, brilla en todo su esplendor, y seguirá brillando por siempre.

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    Armando Baquerizo Carbo

    Estoy totalmente de acuerdo con lo escrito por usted, con lo que usted expresa sobre Jaime Nebot, a quien tengo el gusto de conocerlo personalmente. Ojalá que su carrera política lo lleve a la cima. Es bueno resaltar todo lo que el hizo por Guayaquil durante diecinueve años.

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