Opinión Política

Resonancia cuántica de un jefe de Estado

Fue un acérrimo militante socialista, pero sin ninguna estatura o significativo peso político, escasamente inteligente, apenas uno más de aquellos perfilados contra el sistema y que procuraba hacer poder de cualquier manera.

Su primera transformación se dio junto a un trágico confinamiento. Fue escogido como binomio por no presentar desafío alguno a la revolución. El suplicio familiar se aplacó al llegar a la vicepresidencia, su segunda transformación. Tuvo poder a la medida permitida por su superior, pero sus limitaciones no impidieron ser parte de toda la corrupción efectuada por un régimen. Fiel a la tendencia, continuaba siendo socialista. Recibió abusos directos, pero supo también callar y aguantar. Cuando no sirvió más al aparataje fue enviado a un retiro dorado. La estrechez coyuntural le otorgó su premio. Quiso imponer su compañero de fórmula. Pagó el precio y llegó al verdadero poder, su tercera transformación. Tomó revancha y exilió del poder a sus antiguos camaradas. El circo tenía nuevo director, muchas expectativas, pero un mismo show y una audiencia en franco declive.

Su creencia y postulado en el socialismo se contrapone al advenimiento de nuevas riquezas. Poco le importa ya la política; le impone al país un pausado ritmo hacia el despeñadero mientras una moneda fuerte sirve como última red de seguridad; sus propios encuestadores se ausentan ante su notorio desprestigio; busca desenfrenadamente una fiable fórmula de salida personal y familiar. Se aproxima a su cuarta y última transformación.

 

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