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El mayor valor que tiene el ser humano: El tiempo

“Un minuto que pasa es irrecuperable. Conociendo esto, ¿cómo podemos malgastar tantas horas? Mahatma Gandhi

“Podéis pedírmelo todo, excepción hecha de mi tiempo.” Napoleón

“Tener tiempo es la posesión del bien más preciado por quien aspira a grandes cosas”. Plutarco

Todos los seres humanos, sin importar edad, raza, género, nacionalidad y cualquier parámetro de medición o clasificación, reciben por igual un tiempo para vivir. Por lo tanto las horas de nuestras vidas son uno de los patrimonios más valiosos que recibimos al nacer y el uso y el valor que le demos, puede determinar no solo nuestra felicidad, también nuestro éxito en cualquier campo, nuestra salud y un largo etc.

Muchas veces el tiempo que perdemos, no depende de nosotros, sino de una variedad de hechos y circunstancias. Así, si vivimos en un país desarrollado donde los transportes públicos y las vías de comunicación eficientes, nos permiten ahorrar tiempo en nuestras movilizaciones diarias, que a su vez nos ayuda a contar con tiempo para estudios, distracciones, deportes, arte y cultura y principalmente relaciones humanas y familiares, nuestras vidas serán más gratificantes y productivas en beneficio de todos y de nuestras ciudades y países.

Por ello perder el tiempo en esperas inútiles en oficinas públicas, hospitales, estaciones, paradas de transportes públicos y otras entidades, por sus ineficiencias, no solo nos roban tiempo de nuestras vidas, también incrementan nuestra tensión, generándonos el conocido estrés y con ello las diferentes enfermedades relacionadas a dichas situaciones.

Muchas de estas “pérdidas de tiempo”, no se pueden imputar a factores humanos o burocráticos. Por ejemplo, demoras en los transportes por mal tiempo y otros como cortes de luz, accidentes y así podríamos mencionar más casos y situaciones.

Voy a compartir con los amables lectores una de mis experiencias personales, que puede ayudar cómo nuestras culturas pueden hacernos manejar situaciones de diferentes maneras.

En la década de los setenta residía en Madrid, España y era Director de Exportaciones de maquinaria a los mercados del Medio Oriente y África.,de una empresa española. Me encontraba en Arabia Saudita en Riad y habiendo terminado mis gestiones, salí al aeropuerto a tomar mi vuelo con destino a Jordania, Aman. El recorrido del hotel al aeropuerto lo hice en medio de una tormenta de arena que me irritó mucho mis ojos, por lo que al llegar a los mostradores los tenía rojos. En el mostrador de migración, el oficial me miró y me dijo que había bebido alcohol y que eso estaba prohibido en su país, con sanción de prisión. Me había ya sellado el pasaporte, yo le explicaba que era por la tormenta de arena, me miró y me dijo que por eso viajaba a Jordania, porque allí en los hoteles vendían licor. Sentí que el infierno se me aproximaba, pero llegó en ese momento el Ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña y comenzó una ceremonia grande que hizo que el inspector de migración abandone su puesto para observarla, dejando mi pasaporte en el escritorio. Tomé mi pasaporte y pasé a la sala de embarque ubicándome en una zona media oculta, muy cercana a un pasajero inglés, quien notó en mi rostro la angustia de mi situación. Se me acercó y me preguntó que me sucedía, le expliqué, se sentó a mi lado y me dio la primera lección sobre el tiempo. Me dijo: la espera se te hace eterna, tienes que serenarte, hacer como que nada te sucede y habla como que viajamos juntos. Probablemente así despistaremos al oficial de migración, si entra a buscarte. Lo que tiene que suceder será, no hagas que tu tiempo de espera te delate, toma esa revista y comienza el show. Así lo hicimos, nunca miré si entró o no el oficial, pero puedo asegurarles que aprendí cómo unos minutos parecen horas. En la cultura inglesa es así como se manejan y como utilizan su tiempo, saben esperar y aprovechar las esperas para aprender o iniciar otra actividad. Entonces no existían los teléfonos celulares o los Ipads que hay ahora, los devoradores de nuestro tiempo, pero que en el caso que les narro podrían haber sido un gran calmante. Llegué al hotel en Jordania y sí me tomé un trago.

Tu eres el dueño de tu tiempo, tu mayor valor, aprende a utilizarlo aún en las inútiles esperas inevitables.

Lleva siempre algo que puedas hacer. Valora tu tiempo y el de los demás, no lo pierdas, es irrecuperable.

NUESTRO TIEMPO ES NUESTRO TESORO

1 Comentario

  1. Armando Orellana

    Una muy buena lección. Gracias

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