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Un memorándum de tu hijo

Las consultas extra, más comunes que hacen los padres cuando traen a sus hijos a consulta por enfermedades, son sobre problemas de comportamiento. Puedo asegurar que las quejas no se deben en realidad a algún problema de los niños, sino que son inducidos por actitudes o comportamiento anómalo de los padres, en la mayoría de los casos.

Hace ya algunos años, en el segundo Volumen de la obra “The Whole Pediatrician”, encontré esta joya antigua de la literatura inglesa, que me permití traducir. En ella se encuentran muchos conceptos claros, con la explicación del porqué. Está escrito como si fuera una carta del niño a sus padres, y todo padre que la lee, debería considerarla como escrita por su propio hijo.

Con los niños, no hay que actuar con violencia, sino con firmeza. El grito, la amenaza, el castigo, el perder el control de uno mismo, son la mejor manera de destruir la personalidad de un hijo y de darle un pésimo ejemplo. Hay que revestirse de paciencia y, tomando el control de la situación, corregir serena, pero firmemente, sin levantar la voz, explicar el porqué de lo mal hecho e indicar la forma de proceder.

Perder el control, hace que luego el padre se sienta culpable y trate de compensar en alguna forma su mala actuación. Esto lleva al niño a aprender a manipular las situaciones para sacar provecho.

He aquí el memorándum.

 

UN MEMORÁNDUM DE TU HIJO
Autor Anónimo

No me engrías. Yo sé muy bien que no debo tener todo lo que pido. Sólo te estoy probando.

No tengas miedo de ser firme conmigo. Yo lo prefiero así; me hace saber en qué terreno piso.

No uses la fuerza conmigo. Eso me enseña que el poder es todo lo que cuenta. Yo respondo mejor con el ejemplo.

No forces demasiado mi honestidad. Por temor, miento fácilmente.

No hagas promesas. Podrías no llegar a cumplirlas y esto desalentaría mi fe en ti.

No caigas en mis provocaciones cuando digo y hago cosas sólo para perturbarte, porque si lo logro, trataré de obtener más de estas “victorias”.

No te disgustes demasiado cuando digo que te odio. No es que te odie realmente, sino que quiero que te sientas como yo me siento con lo que me has hecho.

No me hagas sentir más pequeño de lo que soy. Compensaré mi falta comportándome como un gran señor.

No hagas por mí las cosas que puedo hacer por mí mismo. Esto me hace sentir como un bebé y puedo continuar teniéndote a mi servicio.

No dejes que mis malos hábitos tomen gran parte de tu atención. Yo puedo animarme a seguir con ellos.

No me corrijas delante de la gente. Lo apreciaré más si lo haces calmadamente y en privado.

No trates de discutir mi comportamiento al calor de una riña. Por alguna razón mi oído no es bueno en ese momento y mi cooperación es aún peor. Está bien que actúes como la situación lo requiera, pero no razonemos sobre ello hasta más tarde.

No trates de sermonearme. Te sorprenderá saber qué bien sé que está bien y qué está mal.

No me hagas sentir mis equivocaciones como si fueran pecados. Tengo que aprender a cometer errores sin sentir que no soy bueno.

No te irrites. Si lo haces, yo tendré que protegerme aparentando sordera.

No me pidas explicaciones por mi comportamiento raro. Yo realmente no sé porque lo hice.

No seas inconsistente. Eso me confunde y me hace persistir en hacer siempre mi voluntad.

No olvides que me gusta y deseo tener experiencias. Yo aprendo de ello, por favor, déjame hacerlo. Eso sí, vigila de lejos y mira por mi seguridad.

No me protejas de las consecuencias. Yo necesito aprender de mis propias experiencias.

No exageres mis pequeñas dolencias. Yo puedo aprender a sentirme enfermo, si esto atrae tu atención hacia mí.

No me ignores cuando pregunto cosas de valor. Si lo haces, verás que dejo de preguntarte y empiezo a buscar las respuestas por mí mismo.

No contestes mis preguntas tontas y sin sentido. Sólo trato de atraer tu atención.

No creas que es rebajarte si me pides perdón. Si es con honestidad, me hace apreciarte más.

Jamás insinúes que tú eres perfecto e infalible.

No te preocupes por el poco tiempo que pasamos juntos, ya que lo que importa es como pasamos ese tiempo.

No dejes que mis miedos te descontrolen. Yo tendré más temor. Enséñame a tener valor.

No olvides que no puedo crecer sin comprensión y cariño, pero yo no necesito decírtelo, ¿verdad?

TRÁTAME COMO TRATAS A TUS AMIGOS, ENTONCES YO TAMBIÉN SERÉ TU AMIGO. RECUERDA, YO APRENDO MÁS DE UN MODELO QUE DE UN CRÍTICO.

José Fernando Gómez

@jfgrmd - Médico Pediatra. Miembro activo de la American Academy of Pediatrics. Miembro activo de la Honorable Junta de Beneficencia de Guayaquil. Director de Desde mi Trinchera.

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