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Los Inmigrantes

Hace unos días asistí a una conferencia internacional de la Universidad Internacional del Ecuador en su extensión Guayaquil. Escuché a la Dra. Lucía Caumont, de la Universidad de Columbia en Nueva York, hablar sobre inmigrantes.

Sus trabajos me hicieron ver la inmigración en una forma diferente. Me hizo recordar que hace muchas décadas yo fui inmigrante en el Canadá y con la charla pude entender mejor mis experiencias.

Al contrario de los ciudadanos de un país que viven en un entorno y rodeados de gente que conocen, el inmigrante se enfrenta a un entorno y a gente desconocida. Muchas veces a costumbres muy diferentes. No puede actuar sin pensar, tiene que cuidar lo que hace y lo que dice.

En ese nuevo entorno, el inmigrante pasa a tener una consciencia mayor del país de donde viene. Muchas veces se le pide explicar cómo son las cosas allá. En esa explicación se refuerza su nacionalidad original. Es posible que se reúna con compatriotas para escuchar música o comer cosas de su país, de muchas clases sociales, creándose en él una identidad cultural que no tenía antes, porque simplemente la daba por hecho. Esa identidad reforzada lo ayuda a tomar la nueva. Lo prepara a ser un mejor ciudadano del país al que ha inmigrado.

El inmigrante se da cuenta que si quiere salir adelante todo va a depender de él, y solamente de él, ya sin la red de apoyo que tenía en su país, por lo que es probable que trabaje con más ahínco y más eficiencia que el resto, lo que es también probable que lo haga más exitoso que muchos de ellos. Ese éxito no será solamente de él, sino también de la nueva sociedad donde escogió vivir.

Como el inmigrante no va a depender tanto de su entorno y de sus conocidos, como era el caso en su país de origen, es probable que incursione en nuevas actividades, convirtiéndolo en un emprendedor dispuesto a tomar riesgos que no quisieran tomar los habitantes del país. Toma ese riesgo para enfrentar retos, que para un inmigrante en el país al que emigra son mayores que los del país que dejó.

También es probable que el nuevo inmigrante busque diversificar sus ingresos, justamente para protegerse de las incertidumbres y del entorno desconocido.

Para las sociedades los inmigrantes son una fuente importante de crecimiento económico y de generación de nuevas ideas y de nuevos negocios, y lo podrían ser más. La sociedad no debe ver al inmigrante como una molestia, como una carga social o un caso de caridad, sino como una oportunidad, capacitándolo en la nueva sociedad, en cómo adaptarse bien a ella, en sus reglas y costumbres, en sus leyes, para evitar que el inmigrante cometa errores innecesarios que muy bien podrían haber sido evitados. Muchas veces el inmigrante se ve atascado en su creatividad o en su futuro por regulaciones que no conoce y que a veces le son onerosas e innecesarias.

Ojalá que los centros de estudios superiores que estuvieron presentes en la conferencia recojan este reto, no para graduar al inmigrante en nuevas carreras, porque muchos de ellos ya tienen adecuada capacitación, sino para prepararlo para la nueva sociedad en la cual va a vivir.

Nuestro país es un país de inmigrantes. Hace miles de años, los que cruzaron la hoy frontera de Colombia, al hoy Ecuador. Hace quinientos años los quechuas que acompañaron a la invasión Inca, luego los españoles que trajeron la cultura del viejo mundo y desde entonces italianos, alemanes, libaneses, franceses, chinos y de tantas otras culturas que han ido combinándose en lo que hoy llamamos la cultura ecuatoriana. Cada uno de ellos se ha enfrentado al reto que le significó el Ecuador y ha salido adelante. Y al salir adelante han impulsado la diversidad y el desarrollo de nuestro país.

Gracias a ellos, los que llegaron en el lejano pasado hasta los hoy venezolanos, somos lo que somos.

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