Opinión Política

Una transición cierta

Al contrario de muchos, creo que Lenín Moreno ha planificado muy cuidadosamente la transición.

Para empezar, no estaba dispuesto a ser otra vez, en la práctica, Vicepresidente, con un Presidente real que le diera órdenes desde Bélgica. No solamente por querer ser su propia persona, sino porque no estaba dispuesto a cargar con el peso de la corrupción, el mal manejo económico y la personalidad violenta que había caracterizado a su predecesor. Obviamente, tenía algún conocimiento de lo que estaba pasando, por más que fue exilado en Suiza. Por eso mismo tenía que romper con el pasado y lo hizo frontalmente.

El problema de la corrupción lo ha dejado, con inteligencia, a los tribunales, sin inmiscuirse, ni meter la mano como su predecesor.

Mientras tanto, se ha dedicado a dialogar, de tal manera de abrir todas las puertas que estaban cerradas por el carácter de su predecesor, y crear un ambiente positivo hacia su gestión, sin todavía haber hecho nada. Lo ha hecho con mucha habilidad, a lo que ayuda su personalidad amable.

Eso le va a permitir, en algún momento, una consulta popular en la cual propondrá lo que él cree, no necesariamente lo que su antigua oposición quiere. Recordemos que Lenín Moreno no es un neoliberal que va a asumir el plan de Gobierno de su contendor en las elecciones, es un hombre de izquierda, dicen que de extrema izquierda, con una profunda consciencia social. En algún momento enfrentará el problema del déficit con medidas que buscarán proteger a la mayoría de la población y que desilusionarán a empresarios y banqueros, pero para entonces ya habrá generado el suficiente apoyo que le permitirá mantener su popularidad.

Crear un nuevo partido es algo muy complicado, le será preferible recoger a AP, moldeado a sus deseos. Paulatinamente se irán desgranando de AP aquellos que son correístas a muerte e irán quedando aquellos que son oportunistas o que empiezan a comprender el mal gobierno anterior. Y Lenín Moreno tendrá un partido, que habrá pasado a controlar, con mayoría en el Congreso.

No creo que esté interesado en llegar a acuerdos con las minorías que tienen visiones políticas que no comparte. Volverá, por lo tanto, a ser un Gobierno de AP, pero ahora con un Presidente abierto al diálogo, sin que por ello vaya a cambiar sus opiniones políticas, sin deseo de convertirse en una figura mundial como su predecesor buscaba en sus viajes multitudinarios a Irán y Belarús. Ojalá descarte el ALBA.

Para Correa será el olvido, para sus acérrimos partidarios el ostracismo, para los ecuatorianos un nuevo empezar. Ojalá.

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