Desde 1973, dos regiones de nuestro planeta se labran el futuro usando valores culturales y filosofías de desarrollo diametralmente opuestas, viven mundos distintos: Asia y América Latina. El primero va por el camino correcto, el segundo, por el equivocado.

Históricamente, el referente (benchmark) de riqueza, adelanto y conocimientos, ha sido el país que ha liderado los cambios requeridos por la humanidad, los que producen beneficio en salud, educación, progreso cultural y tecnológico; no las revoluciones de miseria, tan frecuentes en nuestra región. Durante la época de las ciudades-estado Italianas, el resto de Europa emuló sus instituciones e inventos. Después de la decadencia de ellas, se miró a Amsterdam, su tecnología, leyes, economía, etc. se convirtió en modelo de los demás países europeos. En el siglo XIX y hasta la Primera Guerra Mundial, la humanidad puso los ojos en Inglaterra como referente de prosperidad y sistema económico a imitarse. Posteriormente EEUU la reemplazó; los países europeos se propusieron seguir el modelo estadounidense y acercarse a la renta por persona de ese país. Con el tiempo, la brecha se fue reduciendo, pero no logró superarla, como continente. Hoy con una Europa en crisis y perspectivas de desintegración de la Unión Europea, las diferencias en renta han dejado de reducirse.  En igual forma las naciones del este y sudeste asiático optaron por igualar el sistema de desarrollo estadounidense desde fines de los sesenta para aproximarse en renta de ese país y lo están logrando. Para los asiáticos la libertad económica ha sido la base para dejar atrás la pobreza, numerosos países ya lo han logrado: Malasia, Singapur, Corea del Sur, Taiwan, Hong Kong, etc; Indonesia, China y Vietnam entre otros, van en el camino correcto. Al iniciarse este siglo el sudeste asiático superó la renta por persona del latinoamericano.

En América Latina, hubo indiferencia al cambio constructivo, el que hace prósperas a las naciones. Es diferente del cambio demagogo de los populistas que abundan en la región, lo ofrecen en cada campaña presidencial. Los líderes políticos no son diferentes a los del siglo XIX, en general la sociedad latinoamericana no ha madurado, sigue obrando con mentalidad tercermundista. Lo que se encuentra en los genes es muy difícil de cambiar. La soberanía y nacionalismo tercermundistas y los gobernantes que no se interesan en lo importante, dedicando enorme tiempo a lo intrascendente, son las principales causas de la baja productividad y competitividad de las economías, a diferencia de los asiáticos que compiten mano a mano con las empresas estadounidenses y europeas. La región mencionada ha estado muy ocupada en revoluciones y golpes de estado, discusiones estériles entre estamentos de la sociedad, disputas ideológicas, etc. No se ha interesado en el progreso de los países, sólo el personal; ha preferido repudiar al Fondo Monetario Internacional, criticar todo lo que hace el Primer Mundo, haciéndolo responsable de su tragedia, tratando de ocultar así la incompetencia y acciones mediocres. Mientras tanto, la   región asiática continúa avanzando en su bienestar general.

Las empresas del sudeste asiático que en ventas eran muy inferiores a las latinoamericanas son hoy enormes, inclusive para los estándares estadounidenses y europeos. Samsung se encuentra en puesto 13 entre las más grandes del mundo, sus ventas son entre 200% y 400% más altas que las más grandes de la otra región como Banco Itaú de Brasil o América Móvil de México.

 

En 55 años de vida adulta, no recuerdo haber presenciado el grave estado de postración actual de América Latina, continente que parece no encontrar la luz, sigue viviendo en la oscuridad de la ignorancia, aprovechada por demagogos que ofrecen el paraíso terrenal. Pretenden ayudar al pobre, pero en el fondo les interesa que continúe la pobreza, para seguir vendiéndoles fantasía y mantenerse en el poder. Se tiene como héroes a individuos que cometieron crímenes de lesa humanidad. El socialismo del siglo XXI terminó siendo peor que el creado en el XIX. Hay países que han llegado al fondo, en uno se prescribe medicina  para animales a las personas por no haber la de humanos. En otros no hay productos básicos como el papel higiénico. La corrupción ha llegado a nivel alarmante y como cáncer ha hecho metástasis en la mayoría de los países, inclusive en Chile, famoso por tener el nivel más bajo. En la década de buenos precios de productos primarios que terminó pocos años atrás se pensó que finalmente América Latina había encontrado el camino de la prosperidad, pero fue espejismo producido por los billones (12 ceros) de dólares que ingresaron. El caudal más grande en la historia fue despilfarrado.

Hoy casi todas las familias ecuatorianas tienen hijos que viven en países prósperos, no solamente los de bajos recursos, también hay jóvenes de clase media y alta que decidieron hacer su futuro en el exterior. A los padres les da pena que estén lejos pero son felices porque saben que donde están, tienen mejor vida.

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