Incluso los niños se indignan ante la falta de verdad y el doble discurso.

¿Hasta cuándo vamos a aguantar los ecuatorianos padecer tanta mentira y arrogancia? Entre mentiras menores, medianas y suculentas, podemos llenar una enciclopedia: “Mentiras y trampas que han defraudado a un pueblo”.

Los shows de caserío ya son cansinos inclusive para las personas carentes de neuronas y surten su efecto de cortinas de humo porque el envilecido aire saturado de corrupción mantiene drogado a algunos.

Al inscribirnos cómo ecuatorianos, incluso nuestros padres, estamos haciendo un juramento de lealtad a la República del Ecuador. El hecho se agiganta con el juramento al símbolo Patrio de su Estandarte y es glorificado para los que entran a formar parte de las Fuerzas Armadas, Policía y mandatarios o funcionarios.

¿Lo estamos cumpliendo? ¿Exigimos que se cumplan? ¿Están fijados sus límites por los intereses personales o consultar con el bolsillo?

¿Qué ha pasado con nuestra MORAL? Teniendo en cuenta su mejor definición: “La moral o moralidad (del latín mos, moris, ‘costumbre’ y de ahí moralis ‘relativo a los usos y costumbres’) son las reglas, posicionamientos, normas o consensos por las que se rige y juzga el comportamiento o la conducta de un ser humano en una sociedad (normas sociales). En ese enfoque lo que forma parte del comportamiento moral está sujeto a ciertas convenciones sociales y no forman un conjunto universalmente compartidos. Por otra parte la mayor parte de las sociedades humanas parecen compartir un núcleo de consensos sobre la inaceptabilidad de ciertas conductas, ampliamente rechazadas (entre ellas la mentira ventajosa, el causar grandes daños a personas inocentes o desvalidas, etc.) Otra perspectiva la define como el conocimiento de lo que el ser humano debe hacer y/o evitar para conservar estabilidad social.”

Se puede fácilmente inducir a un pueblo a votar en arreglo de una personalidad y luego aflorar diversas personalidades de características opuestas entre sí, tal como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde de la famosa novela de Stevenson.

La doble personalidad consiste “en un trastorno disociativo de la identidad del «yo» por el cual una persona posee dos personalidades distintas; es decir, tiene dos formas de ser diferentes, con sus respectivas estructuras, pautas de conducta, criterios y formas de reacción que condicionan su forma de actuar.”

Dependiendo de diversas circunstancias, generalmente debido a situaciones de tensión psíquica, se pasa de una personalidad a otra, por lo que también se le ha denominado a este trastorno «personalidad alternante». En algunos casos existen tres, cuatro o más personalidades, con lo que se habla de «personalidad múltiple».

En la mayoría de los casos las diversas personalidades tienen características opuestas entre sí, tal como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde de la famosa novela de Stevenson.

Muy peligrosa es cuando la otra se basa en ser ególatra. La palabra ególatra proviene del latín “ego” que significa yo, y de “latría” que permite traducirse como adoración o culto, pudiendo entonces, definirse a un ególatra como aquella persona que se adora a sí misma. Puede decirse también que es egocéntrico, pues se siente el centro del universo privilegiando sus gustos y necesidades por encima de todo y de todos. En general produce un sentimiento negativo, de rechazo, pues se muestra egoísta, incomprensivo y soberbio.

Ninguna nación o Estado debe coexistir con un enfermo de éste mal que lo hace sentirse “Soberano Monarca, Luz Iluminadora, Dueño de La Verdad”… ¿Drácula?

Da miedo pensar que Drácula en verdad existió. Pero es un personaje real. Era un sanguinario príncipe rumano, empalador, asesino, descuartizador y cruel torturador de personas. Daba a sus amigos que sentía como enemigos una atormentada muerte.

Ante los dislates que soportamos y que destrozan nuestro futuro y el de nuestra familia debemos unirnos para cívica, pero firmemente, protestar.

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