Historia

Olmedo, Guayaquil y su Aurora Gloriosa – Parte IV

No volvió a flamear en Guayaquil, el emblema NACIONAL, poco a poco, fue perdiéndose su recuerdo; sólo quedó en la mente de los viejos patriotas del año 20, que compartieron el pensamiento de Olmedo, de que, bajo sus pliegues, se amparasen los pueblos todos de la Audiencia de Quito, y por qué no, todos los pueblos libres de Hispanoamérica.

Fue por decreto oficial legalmente expedido el 2 de junio de 1822, que la Junta de Gobierno de Guayaquil, sustituyó la invicta e inmortal bandera por un pabellón blanco, su primer cuarto superior azul, y una estrella en el centro, cuando la lucha por la libertad de la Provincia de Guayaquil había terminado, venciendo en los campos de batalla, hasta las faldas del Pichincha el 24 de Mayo de 1822, para que el gloriosos pabellón azul-celeste y blanco de cinco franjas horizontales y tres estrellas, no presenciase la pérdida de la autonomía de la Provincia Libre de Guayaquil Independiente, convertida en territorio colombiano por Bolivar, con el uso de la fuerza, un 13 de julio de 1822, cuyo primer fúnebre aniversario conmemoraron dolorosamente el 13 de julio de 1823, al decir de Wilfrido Loor.

Olmedo se exilió en Perú, cuando Bolívar le ganó a San Martín el destino de Guayaquil y lo anexo a Colombia; regresó y promovió la secesión del país de la Gran Colombia. Pero cuando sintió peligrar la libertad del Perú, se unió a Bolívar para conseguir en Junín la independencia peruana. Ayudó a Sucre para el triunfo en Ayacucho y aceptó (1823) ser diputado por Puno en el Congreso Constituyente de Lima. Fue coautor de la segunda Constitución peruana. Diplomático y Ministro Plenipotenciario del Perú en Londres, Embajador en Gran Bretaña y Francia (1825-1828). Gobernador de Guayaquil, Ministro de Relaciones Exteriores. Diputado de la Asamblea Nacional Constituyente reunida en Riobamba el 14 de agosto de 1830. Gestor activo en la fundación de la República del Ecuador (debió denominarse República de Quito o República de Guayaquil.

Bolívar y San Martín, en vez de concretar con el propio Olmedo un SISTEMA FEDERAL con los pueblos libres de Hispanoamérica, codiciaban la grandeza de la Provincia, el gran PUERTO Y ASTILLERO; ambos finalmente estaban resueltos a hacer presión, San Martin más por la persuasión, respetando la libre determinación del pueblo de Guayaquil; en cambio Bolívar, por la fuerza, olvidando que la ciudad y la Provincia de Guayaquil eran libres e independientes a partir del 9 de octubre, y que inclusive contaban con un “Marco Jurídico”, eminentemente legal, con su Reglamento Provisorio o Constitución Política, como hemos dicho.

En el primer Congreso fue nombrado Vicepresidente de la República del recién constituido Ecuador, con los límites del Tratado de Guayaquil (1829) y del Protocolo Pedemonte-Mosquera. Diseñó y elaboró el primer escudo de Armas. Históricamente José Joaquín de Olmedo es el primer Gobernante ecuatoriano, y además el primer Vicepresidente de la República pues Juan José Flores, es venezolano de nacimiento. Renunció por no compartir la dictadura de Flores. Apoyó el gobierno liberal de Rocafuerte en sus 4 años de formación de la República. Fue Jefe Político de Guayaquil. Olmedo había coincidido con Rocafuerte desde la infancia, a pesar de que éste era tres años mayor. Difirieron en los lugares donde pasaron sus años de formación intelectual, pues Rocafuerte los pasó en Europa. Bolívar previno a Flores sobre la identidad de ideas y criterios que a favor del estado federalista y antimilitarista, tenían Olmedo y Rocafuerte, divergencias absolutas con Bolívar respecto a la constitución de Estados. Y es que el Libertador podía alegar derechos de emancipación sobre Venezuela, Colombia y parte de Perú, pero Guayaquil se había emancipado por su propia y soberana voluntad, antes de su llegada y había contratado los servicios de guayaquileños, colombianos, peruanos, hispanoamericanos, para la independencia de Cuenca y Quito.

De regreso a la Patria Olmedo fue elegido Presidente de la Asamblea Constituyente de Ambato (1835). Defendió los intereses de Guayaquil . Cuando Flores quiso esclavizar al Ecuador, lo combatió y se reveló contra su segunda dictadura. Así lideró la Revolución de Marzo (1845) contra el militarismo extranjero y dirigió el gobierno provisional de triunviros. Tres veces gobernante de la Patria. Constructor de la nacionalidad. Civilista Gestor de las autonomías. “Lidió con superhombres como Simón Bolívar, José de San Martín, Juan José Flores y Vicente Rocafuerte” anota Simón Espinoza.

Literato y eximio poeta. De él se ha dicho ser el Homero americano. Autor de la oda “La Victoria de Junín” o Canto a Bolívar y de la Oda al general Flores, vencedor en Miñarica. Autor del Himno al 9 de Octubre y de la más hermosa y profunda reflexión, en versos, sobre urbanidad moral y cívica; “Alfabeto para un niño”. De él se recuerda esta expresión: “Los hombres hábiles ambicionan convencer. Los mediocres o sin talento no aspiran sino a mandar”. Fue persona respetable, de la más alta y elevada distinción social. Un verdadero Prócer que venció y convenció. Falleció en 1847 en Guayaquil.

Olmedo fue el PRIMER CIVILISTA, quien marcó el génesis de la actual República del Ecuador.Bolívar no entendió que el jurista guayaquileño, proyectaba una República Federal integrada por la Provincia de Guayaquil, además por los territorios que comprendían la ex-Real Audiencia de Quito, esto es más de un millón de kilómetros cuadrados, “amén de otros pueblos libres de Hispanoamérica”.
Bolívar pretendía que Olmedo, sin beneficio de inventario le entregara a Colombia la ciudad y la provincia. ¿Quién podrá dar un solo caso de un pueblo a lo largo de la historia, que hubiese conquistado por sus propios medios internos su independencia y con derecho no hubiese procedido de inmediato a construir su propio gobierno?
El pueblo de Guayaquil rechazaba el apetito de Bolívar de anexar Guayaquil a Colombia y, le aconsejaron a Olmedo preparar una resistencia armada contra el Libertador.
Pero Guayaquil, había sacrificado más del cincuenta por ciento de los hombres en edad de luchar, y además Olmedo era antimilitarista por formación y no aceptaba la idea de provocar un derramamiento de sangre entre hermanos. No quedó otra alternativa que acudir al general San Martín en busca de mediación.

Bolívar señaló que una provincia carecía de derecho para separarse de la asociación política a la que pertenecía. Bolívar da instrucciones a su Ministro de Relaciones Exteriores, don Pedro Gual, para que no llegue a ningún convenio respecto de Guayaquil, porque esta provincia es territorio de Colombia. Acepta Gual sus instrucciones, la doctrina de la autodeterminación de los pueblos para modificar los linderos del Utiposidetis de 1810, pero excluye de éste derecho a la Provincia de Guayaquil. Y precisamente, por libre determinación del pueblo de Guayaquil, somos independientes a partir del 9 de Octubre de 1820. El Reglamente Provisorio, del 11 de noviembre de 1820, en su artículo Primero decía:

“La provincia de Guayaquil es libre e independiente; su religión es la católica; su gobierno es electivo; y sus leyes las mismas que regían últimamente en cuanto no se opongan a la nueva forma de gobierno establecida”.

Olmedo como estratega político, conjuntamente con Roca y Ximena, manifestó lo siguiente:

“La Provincia de Guayaquil está dispuesta a sostener el voto de ser libre; y no lo está menos a cooperar, con todas sus fuerzas a la hermosa causa de América, excitada por sus propios sentimientos, y estimulada por el sublime ejemplo que le han dado los pueblos de Colombia”.

Se confirma que la idea de Olmedo era mantener a GUAYAQUIL INDEPENDIENTE, cuando se recuerda el intercambio de frases, Bolívar: “Una ciudad y un río no pueden constituir una nación”, “Vale recordar que Guayaquil ha sido una dependencia de la Presidencia de Quito….Olmedo contestó, “no es una ciudad y un río, es una PROVINCIA, un territorio independiente y autónomo, por la libre determinación de su pueblo soberano”.

Por su parte el Libertador, hizo partícipe al general Santander la intranquilidad que mantenía sobre la situación guayaquileña:

“No me faltan ratos para escribir, pero me sobran meditaciones sobre lo que debo hacer con un grande y bello país, para conservarlo en su adhesión a nosotros, para ganar a Guayaquil, para conservar la armonía con el Perú, para no perder tiempo y para no chocar con la división del Gral. Santa Cruz. Estos son los días de darle gusto a todo el mundo y estos gustos deben costarnos caro, no aprovechamos estos mismos días de encanto y sorpresa. Debo decirle a usted que solamente Guayaquil me da cuidado, pero Guayaquil por su cuidado, puede envolvernos también en una de dos luchas: con el Perú, si la forzamos a reconocer a Colombia, o con el sur de Colombia si la dejamos independiente, triunfante e incendiaria, con sus principios de egoísmo patrio… Me propongo, a la cabeza del ejército aliado, entrar en Guayaquil, y transigir los negocios de Colombia, o con el Gobierno o con el pueblo, que se dice generalmente adicto a nosotros. Renunciar a Guayaquil es imposible, porque será más útil renunciar al Departamento de Quito. Además de ser contagioso el ejemplo inicuo e impolítico de Guayaquil, su territorio está enclavado en nuestra frontera por el sur: está protegido por el Perú, que tiene a sus órdenes todos los militares del sur de América, y que es rico, y por consiguiente, capaz de mantener muchas tropas”.

Sucre escribió a Bolívar:

“…ya estoy fatigado de la conducta de este Gobierno con nosotros, algunos de sus miembros, animados de un espíritu de dominación y mando, aprovechan el influjo que tienen en la ciudad, para aumentar un partido que, renunciando a los deberes de su misma Constitución Provisoria, desean y alientan la opinión de que esta Provincia debe ser independiente de Colombia y el Perú, para formar por sí misma, una pequeña República central, de 70.000 almas bajo la protección de los dos Estados vecinos”. Y 70.000 almas tenía la Provincia independiente de Guayaquil.

Olmedo es Prócer de la Independencia de Guayaquil, del Ecuador y de América, y, como poeta canta el haberse liberado del yugo español. Al tener noticias de la espléndida carga de Junín, seguida de la decidida victoria de Ayacucho, Olmedo cantó a Bolívar, la Oda a la Victoria de Junín. En 1824, Olmedo se enteró del triunfo de Bolívar en la Batalla de Junín, fecha que empezó a escribir el Canto a Junín.

Olmedo participó en calidad de Diputado en la primera Convención Nacional, reunida en Riobamba, para redactar la Primera Constitución y el 12 de septiembre, resultó elegido Vicepresidente de la República.

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