Historia

Olmedo, Guayaquil y su Aurora Gloriosa – Parte III

A José Joaquín de Olmedo lo analizan desde dos enfoques diferentes, el que lo considera como Prócer de su Patria ecuatoriana y el que ve en él, al Hombre de América. A su Patria pertenece como el primer ecuatoriano que legítimamente gobernó un jirón del territorio nacional independizado, al decir del padre Aurelio Espinoza Polit S.J. y; a América por haber sido su voz un eco decisivo, en la vida de las naciones que luchaban por su independencia, dueñas en delante de su autonomía soberana y de su porvenir.

El Libertador era un hombre de armas por convicción y para él, la fuerza debía ir adelante, para luego hablar de leyes y de paz. Rocafuerte por el contrario, era “anti-militar” encarnizado. También diferían los dos en las formas de gobierno. Bolívar quería reducir las colonias emancipadas, en una sola república en la cual él mismo fuese su presidente vitalicio, por el contrario, Vicente Rocafuerte era el “federalista más rabioso” que el Libertador había conocido.

Posteriormente bajo el liderazgo de Olmedo se crea la División Protectora de Quito para combatir a los españoles en el trayecto a Quito; se lo hizo con dinero, armas y sobre todo hombres guayaquileños, que bajo el mando de Urdaneta y Febres Cordero primero, y de Sucre después, lucharon palmo a palmo por la independencia de la Patria toda, hasta culminar finalmente en la histórica Batalla del Pichincha, el 24 de Mayo de 1822, triunfo, victoria y, resultado de la gloriosa independencia de Guayaquil y de su Provincia, del 9 de Octubre, que fue legalizada mediante Estatuto Jurídico o Reglamento Provisorio el 11 de noviembre de 1820.

Entonces la Patria era América, desde el Cabo de Hornos hasta las riberas del Misisipi, tal como le recuerdan a Bolivar, los señores Olmedo, Ximena y Roca, en carta del 15 de Mayo de 1821, los términos “Provincia, Estado, Nación y hasta República”, eran utilizados indistintamente para concretar a una extensión administrativa, tan extensa como un virreinato, o territorial tan reducida como una provincia (Libertad, Lealtad y Generosidad, Tres Proceratos de la Ecuatorianidad, de Camilo Andrade Pino)

Desde el 8 de noviembre de 1820, el Colegio electoral o la que ya denominamos como la Primera Asamblea Constituyente se reunió, conoció, deliberó y aceptó, EL ESTATUTO JURIDICO, LA NORMA SUPREMA LEGAL, que regiría los destinos del naciente ESTADO LIBRE E INDEPENDIENTE, que tomó vigencia a partir de su publicación el 11 del mismo mes y año. En esta Asamblea Constituyente se nombró un triunvirato, presidido por José Joaquín de Olmedo, e integrado por Francisco Roca y Rafael Ximena, Vocales, por lo civil y por lo militar respectivamente.

Olmedo redactó la Constitución, reorganizó el ejército, buscó medios económicos, pidió y recibió auxilios militares de fuera y tuvo suficiente habilidad y paciencia, para negociar y vivir en buenos términos con los expedicionarios colombianos y peruanos, que acompañaron a las tropas guayaquileñas, hasta la victoria en las faldas del Pichincha, el 24 de Mayo de 1822, donde flameó con orgullo la bandera azul-celeste y blanco con tres estrellas, de Guayaquil Independiente. Tropas solventadas desde el entonces Cabildo porteño: con dinero, armas y hombres.

A decir del padre Aurelio Espinosa Pólit S.J.-, José Joaquin de Olmedo fue la primera persona que gobernó un jirón de territorio patrio. La Junta de Gobierno la presidió Olmedo y la integraron Francisco Roca, para entender lo administrativo-civil y el coronel Rafael Ximena encargado de los asuntos militares, actuando de secretario Francisco Marcos. Los Estados Unidos de América, reconocieron la independencia y el gobierno de la nueva PROVINCIA DE GUAYAQUIL, ya libre del yugo español. Fue un reconocimiento de Estado libre e independiente a otro igual.

Muchos autores piensan que el pensamiento de Olmedo y de la mayoría de los promotores de la insurrección era el de crear una nación que abarcase todo el territorio de la Audiencia de Quito; otros piensan que el gran Olmedo, soñó con un Estado Federal constituido por todos los territorios hispanoamericanos que se fueren liberando de España, cuya estrella principal y primogénita serían del “Gran Guayaquil Independiente”

Efectivamente, con fecha 11 de noviembre de 1820, y bajo las firmas de Olmedo como presidente del Colegio, y de Antepara como elector secretario, fue aprobada por la Junta Electoral de la Provincia, el Reglamento Provisorio del Gobierno, compuesto de veinte artículos que equivalía a una Constitución, en que se revelaba la naturaleza del Estado libre de Guayaquil, forma y atribución del Poder Ejecutivo y Judicial, la confirmación y papel de los Ayuntamientos (Legislativo), del ejército, de la Hacienda Pública y de las Relaciones Internacionales.

Al revisar el texto de la Constitución de la Provincia Libre de Guayaquil, presentada por el doctor José Joaquín de Olmedo al Colegio Electoral reunido, y aceptada en fecha de 11 de noviembre de 1820, y al ver su patriótica y noble actitud, no nos queda ninguna duda acerca del pensamiento democrático de Olmedo y de su proyección de consolidar, un Estado libre e independiente, gobernado por personas provenientes de la entonces provincia autónoma e independiente de Guayaquil (apoyo mi opinión en el desarrollo de la Revolución del 6 de marzo de 1845).

El Acta del Cabildo que proclama la independencia de Guayaquil, da fe que fue nombrado por la voluntad del pueblo y de las tropas, y de que Olmedo efectivamente prestó el juramento de ser independiente, fiel a su patria, defenderla, coadyuvar con todo aquello que concierne a su prosperidad. Este juramento lo cumplió mientras duró el mando, y lo reveló como el gran Tribuno Costeño. Precisamente el problema más arduo y que más sinsabores le iba a causar, era el de la anexión de Guayaquil a una de las dos grandes nacionalidades que la rodeaban, mientras tanto permaneció a favor de la independencia y libertad de la Provincia, hasta que el pueblo, mediante sufragio libre y democrático no escoja su anexión.

En el artículo Segundo del Reglamento Provisorio aprobado por la Primera Junta Electoral de la Provincia, se había estatuido: “La Provincia de Guayaquil se declara en entera libertad para unirse a la grande asociación que le convenga, de las que se han de formar en América del Sur”, y ha esta determinación se atuvo con lealtad, siempre con la ulterior intención de formar UN GRAN ESTADO FEDERAL, como se manifiesta en su correspondencia y en la correspondencia de Bolívar, con Sucre y con Santander, que se refieren a Olmedo como FEDERALISTA. Por su parte, San Martín, revela el mismo criterio respecto a la preferencia de Olmedo.

Los tres partidos, el autónomo, el colombiano y el peruano, dividían enconadamente la opinión pública, y dentro de la misma Junta de Gobierno, Ximena y sobre todo Roca, se inclinaba resueltamente al Perú. La posición de Olmedo fue siempre por la autonomía de la Provincia de Guayaquil. No obstante, algunos creen que Olmedo abrigaba la idea de llegar a formar, en algún momento, un gran Estado Federal, constituido por Provincias Unidas de América del Sur. Lo cierto, es que fue Independentista; algunos –escribe Sucre- quieren ser independientes (pobres diablos) soberanos y autónomos y formar una masita de nación entre dos Estados”. Y Mosquera: “Infiero que la independencia es lo que más le agrada, y que la reunión al Perú es el partido que abrazaría en caso de no conseguir la independencia absoluta de Guayaquil”. Todos tres triunviros (Olmedo, Ximena y Roca), meritoriamente trataron de mantener el fiel de la balanza, convocaron al Colegio Electoral por decreto del 3 de septiembre de 1821, pues juzgaban “haber llegado el tiempo oportuno de que la representación de la Provincia se reúna con el fin de pronunciarse sobre su agregación, para procurarse los bienes que deben resultar de la incorporación a un Estado más firme. Y en el segundo Considerando: “La pronta declaración de la Provincia sobre la actitud política que más le convenga, respecto de los grandes Estados que nos rodean” (en formación, en ciernes). Medida de precaución importante para asegurar la libertad de voto, era la que estipulaban en los artículos sexto y séptimo del decreto: “Sexto.- Por ningún pretexto existirá en el territorio de la Provincia fuerza alguna armada de los Estados amigos, al abrirse las sesiones del Colegio Electoral; ni en la bahía permanecerá buque alguno de guerra, amigo o neutral, aunque esté simplemente armado. Séptimo.- Los cuerpos de la guarnición de esta plaza saldrán de la capital, a un punto señalado, de donde no serán removidos sin orden del Colegio Electoral”. Este decreto lo firmaban Olmedo, Ximena y Roca, el 19 de junio.

Habla O’Leary en sus Memorias de un incidente desagradable en la misma tarde el 11 de julio, y de frases hirientes de Bolívar contra los miembros de la Junta, en el discurso con que agradeció el recibimiento, frases que obligaron a los triunviros a retirarse avergonzados. Envió luego, sin embargo, satisfacción por medio de un edecán, pero preguntando si le había de ofrecer a toda la Junta. “No, respondió Bolívar, es el genio de Olmedo, y no su empleo, lo que yo respeto”.

El 13 de julio, a las 11 de la mañana, cuenta Espejo, fue arriado, en el asta bandera del Malecón, el pabellón del Estado Independiente azul-celeste y blanco con tres estrellas, y enarbolando el iris de Colombia; y una o dos horas después circuló impresa una proclama del Libertador, haciendo saber al pueblo su sometimiento a la República de Colombia.

Ese mismo día destituyó Bolívar a la Junta. Pero, ¿qué podía ser esta consulta en presencia de Bolívar y a vista de sus 3.000 bayonetas? El mismo vicio de consentimiento, – por coacción – que invocamos para declarar nulo el Protocolo de Río de Janeiro, existió el 13 de julio de 1822, cuando Bolívar sometió a la fuerza, a la Junta de Gobierno, de la Provincia Independiente de Guayaquil. Olmedo el mismo día 13 de julio declaró que “cesaba desde luego el Gobierno en las funciones que le había confiado el pueblo”. Diez días después se embarcó en la fragata Protector, en la que se retiraba a Lima el Ministro Francisco Salazar y Baquijano, representante del Perú ante el Gobierno de GUAYAQUIL INDEPENDIENTE, con todo su personal.

Al decir de Gabriel Pino Roca, en su obra Leyendas, Tradiciones y Páginas de la Historia de Guayaquil, dice: “Dos días después (13 de julio) cierto personaje, convertido en energúmeno, recorría las calles de la población, seguido del populacho, y soldados colombianos disfrazados de paisanos, dando estentóreos vivas al Libertador, y a la República de Colombia. Llegados frente a la casa que habitaba don Simón, arrancaron la bandera guayaquileña, que flameaba en una asta, que había en el centro de la calle, y subieron el Iris colombiano, con la inscripción: “La América del Sur, libre por la República de Colombia”… Ipso facto, declaró Bolívar, que la Provincia quedaba bajo su protección. No valieron protestas ni discusiones, los miembros del Colegio Electoral, que no abandonaron sus curules, complacieron al Gigante, y nos colombianizaron.

Tan profundamente herido, se sintió el patriotismo de los guayaquileños, con el atropello de sus soberanía, y el insulto hecho a su enseña, que al día siguiente del suceso que acabo de narrar, y sin que nunca se llegase a saber, quienes fueron sus autores, apareció, pintado sobre una tabla, en caracteres mayúsculos, y clavado a media altura del asta, en que seguía meciéndose la bandera colombiana, el siguiente letrero, protesta airada, contra los usurpadores:

“Aquí tremoló la intriga
un tricolor,
sostenido por la Fuerza;
con mengua de los derechos
del pueblo guayaquileño”.

1 Comentario

  1. Avatar
    Hugo Landívar Armendáriz

    La crónica que acabo de leer con mucho interés, ya la conocía y me parece bien que se haga difución de estos hechos. Esta es la razón por la cual, el Municipio de Guayaquil, le cambió el nombre a su Aeropuerto Internacional, hacienda justicia a Olmedo. Es triste ver como gente mal advertida de la historia, todavía come cuentos como aquél que el 10 de Agosto de 1809 fue una jornada libertarian cuando en realidad fue una declaración servil de un grupo de defensores de Fernando Séptimo protestando por la invasion francesa a España.

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