Historia

Días Aciagos

La toma de Guayaquil por la fuerza exasperó aun más el odio de aquellos guayaquileños que no tenían el poder de las armas y que rechazaban la forma como tomaba y sumaba la provincia a su proyecto colombiano. “Así se explica el comentario de Illingworth de que cuando su Excelencia el Libertador entró en la Provincia y fui a su encuentro; el señor Roca me acompañó en medio de las maldiciones de sus paisanos” (Daniel J. Cubitt).

Bolívar no quiso aceptar la propuesta Guayaquil y la decisión no le era posible por su “realismo” vertical que reposaba sobre el temor a la fragmentación de los espacios coloniales. Además entender la posición de Guayaquil y de sus líderes le hubiera significado cambiar sus concepciones fijas sobre la centralización “necesaria” que él tenía. No obstante que aceptaba las ventajas que ofrecía la presencia de un régimen federalista. Esas ideas las tenía desde diciembre de 1812.

“El sistema federal, bien que sea el más perfecto, y más capaz de proporcionar la felicidad humana en sociedad, es, no obstante, el más opuesto a los intereses de nuestros nacientes estados: generalmente hablando todavía nuestros conciudadanos no se hallan en aptitud de ejercer por sí mismos y ampliamente sus derechos; porque carecen de las virtudes políticas que caracterizan al verdadero republicano: virtudes que no se adquieren en los gobiernos absolutos, en donde se desconocen los derechos y los deberes ciudadanos” (Simón Bolívar. Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada 15/12/1812). Y la conclusión de esto es clave. Por eso él no podía permitir que otras sociedades, como la guayaquileña se escapen no solo a sus concepciones fijas sino a su dirección y control, que para 1822 ya eran marcadamente centralistas.

“Yo soy de sentir que mientras no centralicemos nuestros gobiernos americanos, los enemigos obtendrán las más completas ventajas; seremos indefectiblemente envueltos en los horrores de las disensiones civiles, y conquistados vilipendiosamente por ese puñado de bandidos que infestan nuestras comarcas”. (Ídem)

Es posible que Bolívar tenga la razón en su política coyuntural, por la amenaza que significaba la presencia de fuerzas sociopolíticas centrípetas y de intereses de los caudillos y líderes militares localistas que operaban como fuerzas centrípetas. Sin embargo, su proceder con Guayaquil no tiene justificación histórica su exhibición y medidas de fuerza con la ciudad puerto en julio de 1822.

El 26 de julio se entrevistó con San Martín, realmente una reunión de masones, cuyo tema eje se centró en el objetivo militar. Obviamente que él no viajó a Guayaquil en situaciones financieras tan críticas como las que pasaba, para dialogar sobre la situación de Guayaquil o el futuro político de Hispanoamérica. Claro que se trataron, pero fueron temas totalmente secundarios, fruto del desenvolvimiento mismo de la entrevista amigable entre los dos caudillos que se admiraban mutuamente. José Pacífico Otero, dice: “en la mente de San Martín predominó como asunto principal la ayuda que Colombia podía y debía prestar al Perú para dar fin a la guerra. Todo lo demás fue secundario, materia de simples diálogos o de cambios de ideas en las conversaciones”.

Tan pronto Bolívar tomó la ciudad, convenientemente, se hizo eco de calumnias y expulsó al exilio a Olmedo y a la Junta de Gobierno de la Provincia Libre. El 29 de julio, Olmedo, el más ilustre prócer ecuatoriano dirige a Bolívar una extensa carta que resumo como sigue: “Más sería precisa toda la filosofía de un estoico o la impudencia de un cínico para ver el abuso que se ha hecho del candor de estos pueblos, obligándolos a decir que han sufrido bajo de nosotros un yugo más insoportable que el español, y para ver esta impostura autorizada con el nombre de Ud. en los papeles públicos, difundidos por todas partes; y sin embargo, permanecer en este país, o en cualquier otro de América, donde el conocimiento de nuestra honradez y de nuestros puros sentimientos por la Patria y por la Libertad no desmientan altamente aquella atrocísima calumnia”.

“¿Qué dirán los Gobiernos libres con quienes hemos tenido relaciones, y a quienes llegó nuestro nombre con honor? ¡Vaya, que ha sido hermoso el premio de tantos desvelos porque fuese este pueblo tan feliz como el primero, y más libre que ninguno! No crea Ud. que hablo irónicamente, una aclamación popular me sería menos grata. Ud. sabe por la historia de todos los siglos, cuál ha sido la suerte de los hombres de bien en las revoluciones; y es dulce participar de una desgracia más honrosa que un triunfo”.

“Yo me separo, pues, atravesado de pesar, de una familia honrada que amo con la mayor ternura, y que quizás queda expuesta al odio y a la persecución por mi causa. Pero así lo exige mi honor. Además, para vivir, necesito de reposo más que del aire: mi Patria no me necesita; yo no hago más que abandonarme a mi destino” (Memorias del general O’Leary, Tomo IV, pp.374-376).

Guayaquil era muy débil militarmente para enfrentarlo, sin embargo, Olmedo no vaciló en mantener la vigencia del Reglamento Provisorio Constitucional en cuanto a dejar en manos de la Junta Electoral la decisión final sobre el futuro de la Provincia. Por tres veces consecutivas, el Consejo Electoral negó la incorporación incondicional que exigía Bolívar, pero él, solo aceptaba su visión y decisión. Finalmente, actuó como el guerrero que era, tomó Guayaquil por la fuerza, cesó a los miembros de la Junta de Gobierno, los obligó a salir de la ciudad y a precipitarse al exilio.

El procurador Leocadio Llona, después de haber sido rechazadas dos propuestas, fabricó el “multitudinario respaldo” de 193 firmas, de una población aproximada de 20.000 individuos. Y presentó ante el Concejo en pleno un documento espurio que pedía la incorporación a Colombia. Bolívar había vencido. Pero no lo consiguió con democracia, consenso ni aceptación de los líderes guayaquileños. Para someter la ciudad, virtualmente requirió de una operación militar.

Esa misma tarde, Bolívar, a fin de dar artificiosamente un viso de legalidad a la anexión manu militari y forzar el pronunciamiento favorable del Cabildo y del Colegio Electoral, blandió como justificación una representación del procurador José Leocadio Llona, firmada por apenas 193 personas, la mayoría falsas, de analfabetos, de las cuales 78 eran religiosos e hijos de familia, y en sus cuatro sextas partes correspondían a analfabetos, constando, además, tres firmas triplicadas y diez duplicadas que figuraban como partidarios de Colombia.

Toda la farsa instrumentada consta en el acta correspondiente del Cabildo de Guayaquil, en la cual se ve la mano fraudulenta del procurador José Leocadio Llona. De este supuesto respaldo, urdido por Llona, se valió Bolívar para “legalizar” la anexión forzada. Y a las calumnias contra Olmedo, de su propia cosecha agregó otras.

“El regidor Sánz: que las ciento noventa y tres firmas no son bastantes para la decisión interesante de la Provincia, sin embargo que la mayor parte de los suscritores no son vecinos, y que por último se debe juntar el Colegio Electoral, según está dispuesto por el Superior Gobierno legítimo que tenemos. (…) Regidor Manuel Tama: que la representación presentada por el señor Procurador General (Leocadio Llona), es una de las reuniones tumultuarias de las que no se puede formar opinión ninguna en favor ni en contra de la decisión de los pueblos, y que algunos vecinos que representan están llenos de nulidades por semejantes actos. (…) El regidor Molina: que porción de los individuos que la suscriben no son vecinos de este pueblo, como igualmente la duplicación de firmas de un mismo nombre (…) firmados por hijos de familia, y que actualmente se hallan aprendiendo oficio con sus maestros. (…) Regidor Bodero: que los suscritores de la representación, le parece que no forman opinión en las circunstancias presentes. (…) Regidor Concha: que no componiendo las firmas de la representación, ni una décima parte de los vecinos de esta población, es de absoluta necesidad la reunión del Colegio Electoral, para la decisión de asunto de tanta gravedad y trascendencia” (Acta del Cabildo celebrado el 13 de Julio del 1822, Archivo Histórico del Guayas).

Bolívar no estaba seguro de obtener del Colegio Electoral la incorporación de la provincia de Guayaquil a Colombia. Pero lo hizo el 31 de julio de 1822 y una vez sometida y ocupada militarmente, Bolívar, instado por el gobierno central de Bogotá, debió iniciar, a lo largo y ancho de los departamentos recién incorporados, las recaudaciones requeridas por el erario, a fin de financiar el presupuesto. Aquí, una vez más, la bonanza existente en Guayaquil, le era muy útil. En este empeño, el Libertador descubrió que la Junta de Gobierno, defenestrada por él, había tenido un excelente manejo de los fondos públicos. Así lo manifestó a Santander en carta el 13 de agosto de 1822, lo cual en cierta forma, aunque tardía e insuficientemente, constituyó una reparación al daño inferido a Olmedo mediante la vil acusación de malos manejos.

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    Juan Francisco Morales Suárez

    Qué cantidad de sofismas y falacias se pueden escribir sobre la historia. Todo es al revés. Las elecciones que promovían los notables de Guayaquil, partidarios del realismo hasta la víspera y que apoyaron con plata y persona a los ejércitos realistas, fueron quienes trataron de fraguar resultados fraudulentos, así lo dice el propio Bolívar en cartas a Santander en 21 de junio de 1822: «Además de ser contagioso el ejemplo inicuo e impolítico de Guayaquil, su territorio está enclavado en nuestra frontera por el sur. El país de las fronteras con el Perú es afeminado y nada militar»; y a San Martín en el mismo mes: «Quizá V.E no habrá tenido noticia bastante imparcial del estado de conflicto en que gime aquella provincia, porque una docena de ambiciosos (los «próceres») pretenden mandarla. Diré a V.E. un solo rasgo de espantosa anarquía: no pudiendo los facciosos lograr la pluralidad en ciertas elecciones, mandaron poner en libertad el presidio de Guayaquil para que con los nombres de estos delincuentes formaran la preponderancia a favor de su partido. Creo que la historia del Bajo Imperio no presenta un ejemplo más escandaloso»

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    Juan Francisco Morales Suárez

    Poseemos también la Lista de Distribución de cuatrocientos pesos entregados por el Gral. Sámano al Tcrnel. José Ureta para repartir en las unidades apostadas en la ciudad de Pasto el 23 de mayo de 1814. Parece tratarse de un premio por la victoria en contra del Gral. Antonio Nariño, ocurrida pocos días antes el 11. Contiene el nombre de los jefes militares y soldados de estos cuerpos del Ejército del Rey: a) Regimiento de Infantería de Lima; b) de la Cía. De Número de Lima; c) de la Cazadores de Pardos de Lima; d) del Cuerpo de Artillería, e) de la Cía. de Cazadores de Guayaquil; f) de la Cía. de Milicias de Guayaquil; g) de los soldados que vinieron de Yacuanquer; h) de las compañías de Cuenca; i) de otro cuerpo no identificado; y, j) de la División de Cuenca. 8 fojas.

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    Juan Francisco Morales Suárez

    Es digno de mencionarse el Juicio Penal seguido de oficio por el Corregidor de Latacunga contra el Tnte. de Milicias Don José Masías (Yirapegui), por mal manejo de recursos en la conducción de prisioneros de Santa Fé de Bogotá . 36 folios que datan desde el 19 de diciembre de 1814. Este oficial de la Provincia de Guayaquil fue nombrado Ayudante por título del Virrey (seguramente Sámano), según nos indica el Ec. Guillermo Arosemena y su hoja de vida hasta 1819, fue publicada por el mismo historiador en el sitio electrónico ?Desde Mi Trinchera? , mediante el cual demuestra que Guayaquil sí tuvo ejércitos en el pasado, sin percatarse empero, que a través de esa hoja de vida, se conoce la militancia de Masías y más oficiales y soldados guayaquileños en el ejército realista hasta el desenlace de la Independencia, aunque el señor Ec. Arosemena realiza -con toda su atribución- la conjetura que ?una parte de estas milicias debieron pasar a órdenes del Gobierno de Guayaquil, después de su Independencia??. Montes solicitó su ascenso a Capitán de Milicias en el Ejército Real Reconquistador de Quito en 1813.

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    Juan Francisco Morales Suárez

    Poseemos otro extraordinario documento que contiene la nómina general completa del Ejército realista en la ciudad de Pasto el 10 de enero de 1815, en 38 fojas. Se hallan los nombres de los jefes, oficiales y tropa del Ejército Real. Se trata de la Revista de Comisario de: a) la Plana Mayor de dicho ejército; b) del Real Cuerpo de Artillería; c) del Regimiento de Infantería del Real de Lima, 1ra., 2da.y 3ra. Divisiones; d) de la Compañía de Milicias Disciplinadas del número de Españoles de Lima, integradas por: d.1) Granaderos de Guayaquil; d.2) Compañía de Baba; y, d.3) Milicias de Guayaquil, que conforman el grueso del batallón limeño; e) de la Cía. de Cazadores de Lima; f) de la 2da. Compañía de Cazadores de Guayaquil; g) de la Cía. de Dragones de Lima; h) del Batallón de Milicias Disciplinadas de Cuenca, 1ra., 3ra, y 5ª; i) Compañía de Dragones de Cuenca; y, finalmente, j) de la compañía de Milicias Disciplinadas de la ciudad de Loja. Este ejército fue totalmente derrotado por el Crnel. Carlos Montúfar y Larrea, el 5 de julio de ese año, en Popayán, como se anota en el pie de página número 24. Vidaurrázaga fue destituido y Sámano nuevamente nombrado, efectuó el desquite al año siguiente, en la Cuchilla de Tambo.

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    Juan Francisco Morales Suárez

    Alférez Dn. Rafael Ramos.- En el Libro ?Las Guerras de Quito? mencionamos: ?Posiblemente guayaquileño pues está con los anteriores? . Queda absolutamente confirmado con los tres documentos siguientes: a) Figura como comandante en la ciudad de Pasto el 17 de mayo de 1814. ; y, b) en la misma ciudad el 10 de enero de 1815 como comandante de los Dragones de Lima. Al insertar la palabra Popayán, este oficial escribe: Popallán, como lo hacen en efecto, con la doble ?ele? algunos habitantes de la costa ecuatoriana, cuando confunden la ?y? por ?ll? y también al contrario. c) Finalmente, en el fabuloso expediente militar, que se inicia en 1812 y concluye en 1816, este oficial, deja constancia de su fidelidad al Rey, a través de los años y solicita ser incorporado al Ejército Real que lucha en el Alto Perú. El documento invalorable, contiene nombres de superiores, compañeros, acciones de armas, y es digno de reproducirse íntegramente en una publicación especial, pero ahora lo hacemos con su parte inicial:

    ?Excelentísimo Señor:

    Don Rafael Ramos y Moncayo, Teniente Graduado del Escuadrón de Caballería de las Milicias auxiliares de la Provincia de Guayaquil, ante Vuestra Excelencia parece y dice: Que el año de Ochocientos doce, fui nombrado por mi Coronel don Juan Agustín Falquez para seguir la expedición contra los Revolucionarios de Quito, y que a las órdenes de Vue. Excelencia, he desempeñado las Comisiones en que se me ha destinado, y que me he hallado en los ataques de San Miguel, Mocha, Cacha Loma, Turubamba y el Panecillo, y ahora pues, habiendo expedición para la provincia de Pasto, me he presentado ante Vue Excelencia para seguir en ella; me es necesario que Vue Excelencia se sirva darme un Certificado de todo lo que llevo expuesto, para los efectos que me convengan??

    Su hoja de vida nos permite conocer que Ramos continuó con el Ejército realista al mando de Sámano y Aymerich a Pasto y Popayán, actuando en las guerras contra el Gral Nariño. Como dato importante para la historia del Provincia del Carchi, diremos que fue uno de los oficiales que derrotaron a los guerrilleros carchenses y nariñenses (de la Provincia de los Pastos), en el Pucará el 14 de abril de 1814, a las órdenes de Pedro Galup. Aparece luego en 1815, en la derrota infligida por el Crnel. Carlos Montúfar y el francés Serviéz en la batalla del Río de Palo al ejército realista comandado por Vidaurrázaga. El Tnte. Ramos, reconoce la derrota y señala que emprendió el penoso retorno con el resto de las tropas que no cayeron en esa jornada y hallándose herido y enfermo, llegaron a Pasto. También estuvo en los Combates de Ovejas y Cebollas. Claramente se infiere que el ejército de Nariño el 11 de mayo de 1814, fue derrotado además de la participación de los pastusos, con la de los demás cuerpos realistas guayaquileños y cuencanos.

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    NORMA A. ECHEVERRIA U

    GRACIAS J.ANTONIO POR HACERNOS RECORDAR LA HISTORIA «YA APRENDIDA» (SUPUESTAMENTEPORQUE) AL PARCER LAS «RENCILLAS» ENTRE GUAYAQUILENOS Y LOS CENTRALiSTAS SE MANTUVIERON SIEMPRE Y MANTENDRAN, PROMOVIENDO QUE EN NOSOTROS SE MANTENGA ESTA «HERIDA ABIERTA») LA QUE POR LO QUE PARECE JAMAS CERRARA SIMPLEMENTE POR LO QUE ALGUNITOS AUN CREEN QUE TODAVIA NO HEMOS SIDO LIBERADOS POSIBLEMENTE, PORQUE CUANDO NOS LIBERARON, TAMBIEN NOS SEPARARON, MAS!! POR ENDE LOS GUAYAQUILENOS HOY MAS QUE NUNCA COMPRENDEMOS LO QUE YO LLAMARIA SU JUSTIFICACION PARA QUE LO COMPRENDAN POR LA EQUIVOCADA GUERRA Y OFENSA A LA HIDALGA GUAYAQUIL Y A SUS PROCERES! LO QUE DIJO BOLIVAR DE QUE «EL SISTEMA FEDERAL» ES EL MAS PERFECTO Y MAS CAPAZ DE PROPORCIONAR LA FELICIDAD HUMANA, PERO QUE TAMBIEN ES EL MAS OPUESTO A LOS INTERESES DE LA GRAN COLOMBIA (OBVIO,ENTONCES LO ERA) ADEMAS, ENTONCES TAMBIEN RECONOCIO BOLIVAR, NUESTROS CONCIUDADANOS NO SE PUEDEN VALER POR SUS DERECHOS PORQUE NO TIENEN LAS APTITUDES POLITICAS QUE CARACTERIZAN AL VERDADERO REPUBLICANO» (CULTURA ENTRE ELLAS). SI SUPIERA BOLIVAR QUE HASTA HOY SE USAN «SUS TACTICAS» Y POR ENDE SU OPINION ES «LA BIBLIA» PARA LOS REVOLUCIONARIOS QUE ESTAN LEJOS DE ENTENDER QUE CASI A LOS 200 ANOS AUN EN PLENO SIGLO XXI EN ECUADOR,EN CIERTA FORMA POR SUS ERRORES, AUN NAVEGAMOS EN LAS MISMAS CONDICIONES Y DESAVENENCIAS!

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