El pueblo Egipcio, ancestral país de medio oriente, vive una especie de satisfacción colectiva por haber logrado derrocar a su caudillo, además de una sentencia de cadena perpetua en contra de quien, durante algo más de 3 décadas, junto a su familia y colaboradores de “cabecera”, y luego de brutales enfrentamientos entre civiles y fuerzas paramilitares al mando de Mubarak, costó la vida de centenares de compatriotas, mientras algunos por fin creen ver brillar la luz de la justicia, a pesar de que asimismo gran parte de la población egipcia cree que se podría estar tramando un ardid político en dicha sentencia.

Se dice que los abogados de Mubarak aun no han apelado dicha sentencia, peroMuhammad Murssi, el candidato fuerte a la presidencia a través de nuevos comicios electorales ha prometido desagraviar a su pueblo una vez que logre llegar a esa máxima dignidad política, y dice que estará pendiente para que se cumpla con esos mandatos legales, y así evitar una burla mas de las tantas que acostumbró a ejercer el reo en mención en su díscola época de mandatario.

Si observamos el delicado tema en mención como resultante de un principio básico denominado CAUSA-EFECTO, podríamos decir entonces que se han cumplido con todos y cada uno de los protocolos a fin de imputar, procesar y ejecutar acciones legales en contra de quien ha cometido graves delitos, pero parece que existe cierta especie de desconfianza en el pueblo Egipcio, repito, y hasta cierto punto se deja entrever algo de temor por que no se cumpla a cabalidad con los parámetros legales incluyentes de la sentencia, y quizá más temprano que nunca el señor Mubarak vuelva a gozar de privilegios que no le corresponden a un reo de tamaña envergadura.

Esta lamentable historia, salpicada de sangre, que en verdad debería ser asimilable por cada uno de los pueblos del planeta, no puede pasar por alto en nuestras memorias, sino mas bien que debería ser un referente verdadero a fin de entender que, no necesariamente bajo ninguna circunstancia política a fin de justificar sea esto la panacea a los problemas para su pueblo, determinado mandatario decida perpetuarse en el poder.

Si nos permitimos querer perennizarnos en el poder, será muy corto el tramo que existe entre la circunstancia de ser mandatario, para luego convertirnos en caudillos. Definitivamente que sí. Solamente unos cuantos ejemplos de aquello para ilustrar mejor a mis lectores:

SIRIA, IRAK, CUBA, VENEZUELA, ETC

Acepto, por ejemplo, la honestidad y buena fe de parte de quien o quienes han querido y quieren cambios reales y tangibles en nuestro país, acepto además sus buenas intenciones, y hasta acepto que mediante sus actos nos garanticen dicha pulcritud política, aun siendo parte integral de acciones y pensamientos políticos diferentes a los míos. Personalmente respeto dichas circunstancias. Lo que en la práctica común de la política no sucede ni sucederá jamás es que cualquiera que sea el mandatario de turno, y aunque guarde estrecha relación de amor y responsabilidad para con sus mandantes, no se especifica en ninguna parte de sus libretos que TODOS Y CADA UNO DE SUS COLABORADORES actúen con igual transparencia.

El ejercicio del poder implica en esencia un efectivo escenario de control político-administrativo dentro de un vasto universo humano e ideológico. Esto es, si es que ese ejercicio del poder logramos mantenerlo fuera de toda influencia que lo contamine con la corrupción.

Mucho peor aun si alguien y por propia inspiración llegare a creerse intocable y se replete del fuerte peso del “poder-poder”, o del “poder tras bastidores”. En este supuesto escenario, de que sirve entonces la buena voluntad de un solo hombre por querer lograr lo mejor para su país..?. Solo basta con repasar despacio la historia y saber leer entre líneas para darnos cuenta de que aquel teorema totalitario, y a veces perverso sistema, no será entonces la solución a los problemas de nadie.

¡NO! a sistemas de caducos gobiernos monárquicos, así como ¡NO! a sistemas como el caso de Egipto que, pluralista o no, y aunque inicialmente nació de la aceptación popular mayoritaria, con el paso del tiempo fue carcomiendo ferozmente los cimientos de la democracia.

Ojala que el pueblo Egipcio sepa reivindicar sus derechos y que la justicia no tiemble ante el poder de unos cuantos, ni que tampoco a ningún magistrado de justicia le tiemblen las piernas el momento del “vamos”, ni se le ocurra utilizar artimañas a fin de beneficiar a quien ha destrozado una nación a través de aberrantes acciones delictivas que van desde el enriquecimiento ilícito hasta el esquizofrénico abuso del poder. No se debe jugar con los sentimientos de un pueblo.

Además, desde temprana edad en la que me involucré en política sana y honesta, por supuesto, no olvido jamás el grito desesperado de parte de quienes conforman aquel inmenso conglomerado, cuya desesperada sed de justicia y equidad social, los ha hecho acreedores a ser identificados a través de un hermoso y viejo pensamiento que dice:

¡LA VOZ DEL PUEBLO…….ES LA VOZ DE DIOS!