La política internacional de Ecuador está impregnada de una agresividad digna de destacar. Vamos contra la marea y con la bandera levantada para hacernos notar.

Tres hechos se destacan esta semana.

La continua y ya prolongada masacre que ocurre en Siria por parte de un gobierno feroz que lucha con armas y recursos del Estado para refrenar a la parte de la población que está cansada del régimen impuesto por la dinastía Asad instalada desde 1971. El Consejo de Derechos Humanos de la ONU condenó en los términos más severos los escandalosos asesinatos de 49 niños, y mediante una resolución pide una investigación “exhaustiva, integral, independiente y sin restricciones” con el objeto de sancionar a los responsables de esas evidentes violaciones a los derechos humanos que se dan abiertamente en contra de la población siria. Pero la política tiene sus razones que la razón no entiende, y Ecuador, junto a Uganda, se abstuvo a la hora de la votación. Durante las deliberaciones previas habíamos reiterado el respaldo al plan de Kofi Annan que exige un alto al fuego inmediato y “el respeto a los derechos humanos de la población”. Un contrasentido que raya en el ridículo proporcionalmente a la medida de nuestra pequeñez territorial y peso específico internacional. Se puede entender la posición de países como Rusia y China, en razón que en esos el desarrollo de los derechos humanos es incipiente en el un caso, y nulo en el otro. Pero en el caso de Ecuador solo puedo sobre entender que es una coquetería con China, nuestro principal financista y acreedor.

El segundo frente abierto se da en el seno de la OEA. Los Cancilleres se reunirán esta semana en Bolivia, y nuestro propio Presidente irrumpirá en la Asamblea para promocionar su tesis de modificar el estatuto de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para debilitarla. Es el estado de ira, la pica personal, derivados de las observaciones que se ha hecho a Ecuador respecto al manejo sobre libertad de expresión. La idea es clara, políticamente hablando, y hace relación con el diseño general de las revolución concebida bajo la experiencia cubana donde la definición de los derechos humanos está sujeta al poder político, y no al revés. La idea central es crear una Comisión de Derechos Humanos bajo el techo de la UNASUR, donde se daría “énfasis” en los derechos sociales, económicos y culturales”. Dicho de un modo menos sutil, se abre una puerta para bajo ese paraguas tan amplio, justificar cualquier otro tipo de violación a los Derechos Humanos mediante cárcel administrada a placer o incluso sangre, tal como sucedió y aun sucede durante la revolución cubana, y sigue sucediendo en Siria.

El tercer escenario internacional en la que Ecuador parece navegar contra corriente es el que hace referencia al control en el lavado de activos, tema sobre el cual, el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) todavía no se encuentra satisfecho con los avances de Ecuador en su lucha contra esta epidemia que cada vez se nota más. ¿Quién duda que existe inmerso en nuestra corriente sanguínea un torrente de dinero que dinamiza la economía y colabora con esa sensación de bienestar que existe como consecuencia del gasto público derrochado en el proyecto político, y que tiene dos componentes claves; China y el precio del petróleo. No se siente la baja de las remesas de los emigrantes, y sin duda, que el lavado de activos, es de un caudal que se debe considerar como beneficioso para esa sensación de libertad que el gobierno quiere brindar. Una de las tareas pendientes para cumplir con la GAFI, es aprobar las reformas legales pertinentes y demostrar más acción. En febrero del 2010 Ecuador estuvo en la “lista negra” por un período, ante los cual el inefable Rafael Correa reaccionó con virulencia. Dos años después la ley recién está en manos del Corcho Cordero, y habrá que seguir muy de cerca la evolución de esta legislación penal, más aún cuando las evidencias de que el tráfico de drogas se ha instalado ya en el Ecuador, y lastimosamente hasta parece haberse infiltrado en la misma Cancillería, y han saltado los peros “chinos” en cuanto a la calidad de su suministro tecnológico que se notan en el tema de los radares, y que no tengo duda alguna se extenderán en otras áreas estratégicas a ellos encomendadas. Obra pública solaz que bien puede estar ayudando a lavar la corrupción al interior del país oriental.

Y como gran telón de fondo a todo este tenebroso escenario internacional, hemos hecho asco a los tratados de libre comercio, mientras nuestros vecinos se proyectan con ellos. No me cabe ninguna duda que la revolución ciudadana, o el apetito de poder de Correa, está jugando cartas altamente peligrosas. Solo el tiempo dará razón a quien la tenga pero me temo que nos estamos sumergiendo en aguas muy profundas de las cuales será muy difícil reflotar.