La Misa es el principal servicio religioso diario de la Iglesia Católica. La palabra “misa” no tiene ningún significado teológico, viene de las palabras latinas finales del servicio: “Ite missa est” (¡Váyanse!, Pueden retirarse, o, está concluida). Por ello, desde el siglo segundo, la iglesia utiliza mas la concepción de Santa Eucaristía (del griego = acción de gracias). La misa o eucaristía es la celebración y conmemoración de la última cena de Cristo con sus discípulos y la confirmación de la fe cristiana a través del acto de la consagración de la sangre y el cuerpo de Cristo. La misa plena, la de mayor boato y esplendor se la conoce como Misa Solemnis; consiste de más de 20 partes.

La misa se divide en dos grandes partes:

  1. Introducción y Liturgia de la Palabra, y
  2. Liturgia de la Eucaristía (acción de gracias)

De las más de veinte partes de la Misa Solemnis, hay dos categorías de actividades que componen estas dos partes:

  1. El “Propio”: aquellas partes particulares a días o celebraciones especificas en el calendario litúrgico. Estas partes, por lo tanto, son cambiantes. Cada día tiene su propio texto (Introito, Colecta, Epístola, Gradual, Aleluya, Secuencia, Evangelio-sermón, Ofertorio, Prefacio, Comunión, Post Comunión)
  2. El “Ordinario”: aquellas partes que nunca cambian.

En la Introducción encontramos del “ordinario”:

  • Kyrie (Dios ten piedad de nosotros, Cristo ten piedad de nosotros)
  • Gloria (Gloria a Dios)

En la Liturgia de la Palabra encontramos del “ordinario”:

  • Credo (profesión de fe, la parte más extensa del Ordinario)

En la Liturgia de la Eucaristía encontramos del “ordinario”

  • Sanctus (Santo, santo, santo, introducción a la oración de la Eucaristía, la parte más importante de la misa)
  • Agnus Dei (Cordero de Dios)
  • Ite Misse Est (están dispensados, pueden irse)

La misa fue el principal género musical de inicios del Renacimiento Musical. Para los compositores de la primera parte del Renacimiento la misa era lo que la sinfonía fue para los del siglo XVIII, o lo que la ópera fue para los compositores del siglo XIX. Ya durante la ultima parte de la Edad Media, Josquin de Prez (ca. 1.440-1-521) y otros crearon misas cantadas. Josquin fue el más grande compositor de la época. Lutero, un buen melómano, dijo de él: “...Es el maestro de las notas las cuales le obedecen, otros compositores hacen lo que las notas ordenan”. Pero es en la primera parte del Renacimiento en que la misa se desarrolla como la máxima expresión musical y, por sobre todo el objeto de experimentación musical, por parte de los compositores ávidos de innovar y desarrollar nuevas formas.

Ante el reto que se les presentaba a los compositores del Renacimiento de estructurar un complejo ritual religioso en música, los compositores eligieron las partes de la misa que no cambian y musicalizaron al principio 6 partes del “ordinario”. Las partes fijas, repetimos, son 6: Kyrie Eleison, Gloria in Exelsis Deo, Credo, Sanctus y Benedictus, Agnus Dei y el Ite Missa Est. Este último es casi enseguida abandonado y los compositores se concentran en las primeras 5. De todas estas partes, el Credo, por lo largo, es el más difícil de musicalizar, lo seguía el Gloria. Se hizo costumbre tratar de diferente manera los textos largos, donde la música fluía expedita; en los otros textos, se suplía la brevedad del texto con un tratamiento musical más complejo y elaborado: el melisma (varias notas para una sola sílaba).

Una vez resuelto el primer reto mediante la selección del Ordinario, los compositores se enfrentaron a un segundo reto: estas partes de la misa tienen diferentes extensiones y sirven a diferentes propósitos litúrgicos presentándose en tiempos muy separados durante la misa. ¿Cómo se podía unificar estas secciones dispares en una composición coherente y convincente? La solución fue acudir a un Canto Llano parafraseado que unía las 5 partes de la misa. Seguimos con la influencia de un tipo de música que por más de 1.000 años dominó el mundo musical del occidente. La “mano de Dios” sigue en el fondo. Con ello se mantenía una tradición musical religiosa logrando unión armónica y musical y recogimiento al mismo tiempo

Se compuso tres tipos de misas:

  1. Misa “Cantus Firmus” o Misa “Tenor” (el más arcaico tipo de composición): el elemento de unión es un Canto Gregoriano o Llano, normalmente muy conocido, cantado por la voz “tenor”, en su forma medieval original. Estas misas eran muy poco rítmicas y poco complejas
  2. Misa “Parafraseada”: el Canto Gregoriano de unión es modernizado según los gustos estéticos del Renacimiento. El nombre de estas misas se tomaba del canto Llano (igual para las misas Cantus Firme)
  3. Misa “Imitativa”: el Canto Plano es remplazado por otro tipo de melodía a menudo secular. En este aspecto se usaron posteriormente cantos de amor, de brindis, etc… La intención del compositor era usar una melodía conocida, muy popular para centrar más la atención del creyente. Orlando di Lasso (1.532-1.594), compositor y gran cantante flamenco, destaca como compositor de éste género que, como era obvio, fue posteriormente cuestionado por las autoridades eclesiásticas y. va a ser finalmente prohibido por la Iglesia.

La jerarquía católica reacciona a la Reforma Protestante y convoca al Concilio de Trento (25 sesiones discontinuas, entre el año 1545 y el 1563.) en un afán de retornar al orden y a la disciplina. El Concilio purga a la iglesia de abusos, secularizaciones, flojedades, libres interpretaciones, etc., las cuales habían dado origen a múltiples críticas internas y externas y provocaron la Reforma Luterana. En el aspecto musical se objeta lo siguiente:

  • Misas “Imitativas” con cantos seglares como elementos de unión
  • Polifonía compleja que obscurecía la comprensión del texto
  • Uso excesivo de instrumentos musicales ruidosos en las iglesias.
  • Mala pronunciación de los cantantes en las iglesias
  • Actitud, pronunciación, postura y gestos irreverentes de los cantantes en las iglesias