Pep Guardiola

No soy ni he sido fanático del fútbol. Soy socio jubilado del Club Sport Emelec, porque cuando era joven era el único Club que tenía cancha de hand ball, deporte que me gustaba practicar , pero el fútbol es un deporte que reconozco que es apasionante y que provoca reacciones de fanatismo entre los seguidores de los diversos clubes.

Siempre insistí en broma ante mis amigos barceloneses que yo no podía ser barcelonés por cinco motivos: 1.- Barcelona es pueblo… y hay que distinguirse. 2.- Barcelona ha estado con muchas dudas. En un tiempo, hace un par de años, quiso ser un equipo de Pichincha, luego un equipo de la Provincia de Santa Elena y yo soy guayaquileño. 3.- “Amarillo como el sol…” ¿Qué es más grande? ¿El sol que es amarillo o el cielo que es azul? 4.- ¿Cuál es el símbolo de Barcelona? El toro. A mí no me gustan los cachos. ¡Allá los cachudos! , y 5.- Es cuestión de definición. Cuando yo era chico, no había ecografías y si el bebé que nacía era varón lo vestían de azul, si era mujer, de rosado y si no se sabía por dónde iba a despuntar, de blanco, amarillo o verde.

Me gustó el “jogo bonito” del Brasil de 1958 por la alegría y la vistosidad del juego y hace unos dos años volví a sentir interés por el fútbol, al ver que ese tipo de juego volvía. Tuve la suerte de conseguir aquí en Guayaquil, un ejemplar del libro “El liderazgo Guardiola”, de Juan Carlos Cubeiro que relata el estilo de entrenamiento y de dirección de equipo de Josep Guardiola y habla sobre la Massía, y que considero un verdadero tratado, no para entrenadores de fútbol, sino para gerentes y directivos de empresas. En este libro, se habla de muchas cosas, incluyendo las opiniones de los jugadores que han sido dirigidos por él, de cómo formó a Messi y a otros jugadores, de su forma de armar el equipo y de sus explicaciones del porqué y cómo escogía y hacía equipo.

La gran ventaja sobre el resto del fútbol del mundo que tiene el Barcelona de España está basada en la Massía, es decir en la escuelita de fútbol que ya varios han copiado, donde van moldeando, preparando y escogiendo a los jugadores que luego pasan a la primera división del equipo, pero si hablamos con la realidad y con la verdad, debemos reconocer que hay algo más y muy importante. Basta con ver al Barcelona entrar a la cancha para darse cuenta de la obra gigantesca de Guardiola. Es un equipo alegre, que entra al campo no a ganar, ellos entran a divertirse, a jugar por amor a lo que hacen. Ellos no se contentan con ganar 1 a 0 o con cualquier marcador. Ellos entran a divertirse y si hay como, ganar 6 a 0, o con cualquier otro marcador superior.

Da pena cuando vemos a nuestros jugadores que logran meter un gol y se repliegan para defender a capa y espada ese triunfo pírrico y ajustado, como que si lo que importa es sólo ganar. Los del Barza buscan divertirse y no dejan de hacerlo durante todo el partido. Esto es, para mí, el renacer de un deporte de emoción, un juego vistoso y agradable. Es más, no importa el resultado, pueden hasta perder el juego, pero no la diversión. Es importante ganar, pero más es divertirse y dar un espectáculo que quede grabado en las retinas de todos los espectadores. ¡Qué agradable es ver un juego de fútbol en el que los dos equipos se entregan con pasión, sin juego brusco, con inteligencia y jugadas brillantes a jugar verdaderamente fútbol!

Para mí, Josep Guardiola es una época en el fútbol mundial. Pueden haber entrenadores más técnicos, más brillantes, más lo que sea, pero nunca lo he visto luego de perder un partido llorar, rabiar o insultar. En lo poco que he visto de fútbol, hay sólo dos entrenadores que me han llamado la atención: Guardiola, que está dejando el Barza y Ferguson, del Manchester United por más de 25 años. Hay gente que me dice que Cruiff también. No lo vi dirigir, de modo que no puedo opinar.