La gran debilidad de la Primavera Árabe

Gustavo Domínguez

En este siglo donde los conceptos democráticos dominan el discurso político no
solo de los países desarrollados, si no también el de la mayoría de países en vías
de desarrollo, nadie puede objetar la necesidad de que el mundo árabe requiere
emprender cambios profundos que superen su status quo político.

Sin embargo de esta realidad y de la aprobación global hacia los movimientos
iniciadores de transformaciones políticas en esta conflictiva región del planeta,
la bella apariencia externa del concepto general del movimiento conocido como
Primavera Árabe, solamente parece maquillar otra horrible realidad interna,
que nace en las entrañas mismas de su cultura y creencias, pero que necesita ser
enfrentada con honestidad y sin temor.

La Primavera Árabe nos ha vendido la posibilidad de cambios y mejorías en las
libertades de los pueblos de esta región del mundo. Sin embargo, la realidad de
los acontecimientos nos obliga a dejar de especular y tomar coincidencia sobre
las verdaderas virtudes y defectos del movimiento. No creo que es suficiente con
simplemente aceptar el exterminio de las dictaduras de hombres y nombres que ya
resultaban incómodas para los dogmas políticos occidentales.

Es necesario analizar con mayor profundidad antes de apoyar irrestrictamente
un proceso que no solo aparenta, si no que está dando claras muestras de nacer
incompleto, inconcluso como producto, prematuro y hasta con serios problemas de
salud.

Mientras las mujeres árabes sigan siendo consideradas propiedad del subyugante
sexo masculino y ciudadanas de segunda categoría en sus propios países y por sus
propios progenitores, la Primavera Árabe, ya me huele a podrido.

Es verdad que las mujeres en Occidente han defendido con mucha valentía sus
derechos durante gran parte del siglo XX y que todavía hay camino por recorrer.
Y no es menos cierto que existen todavía muchos conceptos que necesitan ser
revisados en las instituciones democráticas, sociales y religiosas de occidente. Desde
la misma institucionalidad religiosa, donde nacen conceptos e ideas con tintes
machistas y que han reservado y condenado históricamente a la mujer a un plano
secundario.

La verdad es que los vientos del siglo XXI nos traen aromas de mujer…donde la
mujer dejó de ser el fundamento de los hogares basado en el injusto e incompleto
concepto de ama de casa. La mujer del siglo XXI es fuerte, profesional, liberada,
inteligente, decidida, equilibrada, dueña de su cuerpo y de opiniones fuertes.
Trasciende sus hogares para convertirse en generadora de cambios positivos en
la sociedad. No es feminista, por que ese concepto resulta desfavorable y muchas
veces las aleja de la sensibilidad que equilibra a la mujer que seguramente tomará
las riendas políticas del siglo actual.

Mona Eltahawy, una joven y valiente periodista egipcia sentencia desde su nuevo
hogar en Nueva York: “Nuestras revoluciones políticas no tendrá éxito a menos
que vayan acompañadas de las revoluciones de pensamiento social, sexual, y
revoluciones culturales que desbaraten los Mubaraks en nuestras mentes, así como
de nuestras habitaciones. Somos más que nuestros turbantes y nuestro himen.

Es necesario ampliar las voces de la región y picar el odio en sus ojos. Hubo un
momento en que ser islámico era la más vulnerable posición política en Egipto y
Túnez. Entiendo que ahora muy bien podría ser el simple hecho de ser mujer. Como
siempre lo ha sido.”

Mona, sin tapujos y con el derecho y razón que le da la historia, valientemente
apunta su dedo a líderes regionales y mundiales a quienes acusa de misoginia, que
no es otra cosa que eversión u odio hacia las mujeres.
Desde esta parte del mundo, donde las mujeres han conquistado con mérito propio
las más altas posiciones políticas, aunque todavía hay espacios por conquistar, es
necesario se levante una voz firme y unísona de advertencia a los nuevos herederos
de la conducción política de medio oriente: no existe democracia sin respeto a la
igualdad de las mujeres.

No puede existir libertad, si se calla a la más importante de las voces de la sociedad.
No hay nada que discutir, los derechos de la mujer se han convertido en la gran
debilidad de la Primavera Árabe.

Gustavo Domínguez

Autor: Gustavo Domínguez

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4 Comentarios

  1. No puede haber liberación de la mujer del yugo patriarcal, si no se ataca directamente a los dogmas religiosos medievales que aun rigen a esas sociedades rezagadas, cuyos tiranos modernos han sabido explotar vergonzosamente.

    La dominación femenina está perfectamente estipulada en las tres religiones del Libro: La judaica con su Torah, la cristiana con su Biblia y la musulmana con su Coran; este último extraído de los dos anteriores y aderezado a la salsa beduina.

    La Primavera Árabe continuará mientras exista opresión. Por el momento se ha estancado en Siria y en Egipto, porque los grandes intereses sino-eslavos-occidentales así lo quieren.

    En Siria son los chinos y rusos que juegan con sus habitantes. El uno por mantener su hegemonía política y su venta de armas viento en popa; y el otro para seguir comprando su petróleo barato a los iraníes, quienes son en realidad los que están combatiendo en las calles sirias a los manifestantes y combatientes que han llegado de todo el Oriente Medio. En este momento se trata de la supremacía sunita, apoyada por occidente; y de la chiíta protegida por chinos y rusos. Ahí se ha estrellado momentáneamente la Primavera Árabe.

    Su oda a la mujer está muy bonita, y se lo felicita, pero hay que sacarla del contexto occidental. Escuchar lo que comenta una exilada egipcia; a buen recaudo – tanto mejor por ella – es perder el tiempo, y enredarse mas aun en los conceptos.

    El problema de fondo es la gran masa de pobres y analfabetas creada y mantenida por los tiranos árabes y persas. Mientras esos déspotas sigan en el poder abusando de él y manipulando las mentes frágiles, que creen aun en supersticiones, ángeles, arcángeles y la felicidad que llega del cielo; jamás de los jamases no saldrán del subdesarrollo, y seguirán sumidos en el medioevo.

    Donde haya opresión habrá primaveras. Pronto les vendrá su cuarto de hora a los rusos y a los chinos. Y allí no serán 10. 000 sacrificados como en Siria, sino cientos de miles; porque esas dos perversas y falsas potencias, no escatiman en balas para apagar cualquier veleidad libertaria.

    Por lo pronto sentémonos a espectar, mientras no llega la nuestra.

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  2. Esa visi[on suya de la mujer actual deber[ia ser la visi[on universal de la mujer. Creo que la tara de muchos países se debe basicamente a desconocer que la mujer es un ser humano que tiene los mismos derechos que el hombre. Lastima que esa revolución por bonita que sea como concepto de cambio de líderes, sea tan mal oliente como dice sr, periodista en el artículo. Comparto su opinión

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  3. Si me permiten dar mi opinión sobre este tema, creo que la mujer occidental a perdido mucho ya que ahora tiene otros roles que no le competen, por que ahora tenemos que proveer, protejer y precedir a nuestra familia, y tras eso pagar cuentas,pienso que tanto el hombre como la mujer tienen que desarrollar en su esfera y no invadir areas que no le competen si con lo que tenemos no podemos por tratar de quitarle espacio al hombre,me gusta ser como soy uan mejer que cocina rico, que sus hijos la aman y los ama, que los ayuda a ser buenas personas, y sobre todo que mi esposo me ama,me proteje y me cuida, y soy feliz

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