Hace pocos días Guayaquil recibió a los delegados del 85avo Consejo Ejecutivo del Internacional Coffee and Cocoa Organisation, ICCO reuniendo a lo mas granado de la actividad mundial del cacao. Aunque en las discusiones solo participaron los miembros de la institución y/o los delegados nominados por el gobierno ciertos datos se fueron regando entre los interesados del sector. El gobierno, por intermedio del MAGAP y la Cancillería informó, apoyadas en sendas presentaciones, de proyectos que se implementaran. Comentaremos mas adelante al respecto. Mas un hecho quedo claro: la comunidad internacional esta conciente del rol que este cultivo representa a nivel nacional así como su asombroso retorno al pasado que tanta gloria nos diera.

No esta demás señalar que tanto APROCAFA, ANECACAO o INIAP[1], deben promover encuentros nacionales de productores, comercializadores y entes financieros para divulgar los avances genéticos, materiales vegetales al igual que paquetes tecnológicos de ultima generación. Reconocemos el esfuerzo del INIAP al transferir conocimientos. Más todos le debemos a la actividad al no intercambiar conocimientos, experiencias o incluso anécdotas.

El Ecuador tiene el privilegio de tener un cacao reconocido a nivel internacional como fino. Proseguir la absurda polémica que si el CCN-51 o el ARRIBA son antagónicos lo único que logra, otorgar argumentos a la competencia. Con lo cual se pone en tela de duda la denominación “Fino y de Aroma”. Mas cuidado, lo aseverado previamente no implica la libertad para mezclar estas procedencias. Por el contrario, las variedades NO PUEDEN NI DEBEN SER MEZCLADAS. Existe mercado diferenciado para ambas calidades y debemos aprovechar de esta dualidad para incrementar nuestra participación mundial.

Se considera a la fecha que existen unas 100,000 hectáreas sembradas. Que entre 85 y 90,000 familias viven del mismo. Proclamar a todo pulmón que en tres o cuatro años 90,000 hectáreas adicionales se implementaran: es engañarse. Para su mejor conocimiento se requerirá de 108, 000,000 millones de plántulas, es decir 27, 000,000 anuales por sembrar. Misión difícil aunque no imposible, pero se cuenta con crédito para los viveros, preparación de suelos, manejo del cultivo, material vegetal registrado y la seguridad jurídica indispensable.

Que podemos duplicar nuestras exportaciones: nadie lo duda. Pero que se actúe de manera planificada, financiada, en zonas apropiadas, técnicamente implementadas y vigilantes de calidad, presentación y sostenibilidad del negocio. Caso contrario la deserción en el campo proseguirá por frustración de ofertas incumplidas por ser irreales y populistas.

[1] Instituto Nacional Autónomo de Investigación Agropecuaria.