El país más populoso del planeta, con un registro nada favorable en sus políticas de respeto a los derechos humanos y con un gobierno marxista leninista de un solo partido, se está tomando el mundo. Su política de no intromisión en temas soberanos de los países con quienes mantiene relaciones de toda índole, sumada a la ventaja de precios en la oferta de sus productos y servicios, han convertido a este estado comunista no solo en el gran favorito de los países en vías de desarrollo, pero también en el principal financista individual de la mayor potencia mundial. Hasta Julio de 2011, China tenía en su poder US $1.2 trillones en Bonos del Tesoro americano y se había convertido en el segundo socio comercial de los Estados Unidos.

En un estudio presentado a finales de 2011 por el Director General de Políticas Externas del Parlamento Europeo, éste, reportó a China como su principal fuente de importaciones y su segundo socio comercial global. China es la segunda economía individual (por país) más grande del mundo, luego de los Estados Unidos y la tercera economía, considerando a la Unión Europea como la mayor del planeta.

En África, en los últimos años, China ha facilitado más préstamos al continente negro que el mismo Banco Mundial, siendo el principal destino la África Subsahariana.

En lo concerniente a nuestra región del planeta, China se disputa con Estados Unidos la posición de liderazgo en relaciones comerciales con muchas de nuestras mayores economías. Sin embargo de la sostenibilidad de las relaciones comerciales sino-latinoamericanas, la nueva gran potencia, a pesar de ser gran fuente de desequilibrio en las balanzas comerciales de países latinoamericanos, es un potencial recurso de financiamiento para grandes obras de infraestructura y de inversiones directas.

Pero estas no son todas las credenciales que presenta esta creciente economía. En las áreas políticas y diplomáticas, su influencia también sigue velozmente acrecentando. Muchos analistas se preguntan si este crecimiento y conquista China sobre el resto del mundo convierten a la República Popular en un milagro, en una amenaza o en una suerte combinada.

China, a mi parecer, hablando solamente por nuestro continente, es una bendición combinada. Políticamente hablando, ha logrado desenmascarar la hipocresía de un mayoritario sector político norteamericano que defiende a ultranza las sanciones que afectan los derechos del pueblo cubano mientras se rinde ante el flujo de dinero en efectivo que les ofrece el gobierno comunista Chino. Políticamente, la causa china, es importante materia prima para los detractores de la falsedad corporativa de derecha a quienes no les importa los medios para acrecentar su poderío económico. No me imagino a ningún candidato norteamericano a la presidencia de ese país proponiendo sanciones y embargo a China por que su gobierne tiene las mismas características del gobierno de Cuba a quien han mantenido en jaque por casi medio siglo. Tampoco me imagino a las grandes transnacionales americanas y europeas retirándose de China alegando que su filosofía política pesa más que las razones económicas para seguir manteniendo negocios y consecuentes beneficios.

El acercamiento chino a Latinoamérica, por otro lado, económicamente significa la oportunidad de comercio, de inversiones y crédito fresco, que se traducen en bienes de consumo más baratos y de mayor acceso a las grandes poblaciones de menor poder adquisitivo, a desarrollo de refinerías, oleoductos, carreteras, grandes centrales hidroeléctricas y otras obras de infraestructura.

La Heritage Foundation, en un reporte sobre las inversiones chinas alrededor del mundo (China Global Investment Tracker: 2012) publicó que el continente americano sigue liderando los índices de su inversión extranjera directa sumando US$122.5 billones en flujos; siendo los Estados Unidos, Brasil y Canadá los mayores receptores de esta inversión. En este valor no se encuentra incluida la inversión en bonos emitidos por la tesorería americana.

Por lo tanto, y con todos los datos sobre la importancia de la inversión de la República Popular China alrededor del mundo, no es práctico, lógico, ni inteligente negarle a Ecuador la posibilidad de seguir siendo beneficiado por la inversión proveniente de la China.

El éxito de este país, es una gran lección para quienes pretenden creer que las ideologías extremistas deben pesar más que las razones económicas. Por ahora, lo que definitivamente nos debe quedar claro, es que China es un extraordinario financista y posiblemente nuestra única gran opción a imponentes obras de infraestructura y de desarrollo. Lo que debemos asegurar, es que la bendición no sea combinada, y que las condiciones negociadas no nos conviertan a corto ni mediano plazo en una de sus provincias.