Opinión

A propósito de desastres naturales y los gobernantes

Estudiando las Religiones de la China, me encontré con esta interesante anécdota sobre el virtuoso Cheng Tang, primer rey de la Dinastía Shang, la segunda de las tres Dinastías Hereditarias que siguieron a la mitológica era de los “Tres Augustos y Cinco Emperadores” y antecedieron a la etapa de los Emperadores de la China.

Creo que la historia viene bien en esta época de inundaciones, de un invierno que algunos funcionarios del gobierno actual declaran como “normal,” y que, por lo tanto, no les otorga justificación alguna para que, después de más de cinco años de gobierno y con tanto dinero invertido, los tome desprevenidos, sin las obras previsibles y produzca las inundaciones, deslaves y otras desgracias que están asolando a este ya sufrido pueblo ecuatoriano.

“Después de que Cheng Tang estableciera la Dinastía Shang (1600-1046 antes de Cristo), la grave sequía que se había iniciado durante el reinado de Jie, último rey de la Dinastía Xia, continuó afectando a China. La sequía, que duraba siete años, hizo que los ríos y los pozos se secaran, mató toda la hierba y todos árboles, y paró la germinación de todas las semillas, impidiendo de este modo, que el pueblo recolectara la cosecha.

Desde el inicio de la sequía, Cheng Tang había instalado un altar en los alrededores, y rogaba sinceramente al cielo para que pusiera fin a la sequía y lloviera. Siete años habían pasado, pero la sequía persistía. Cheng Tang le ordenó al astrónomo de la corona, que buscase una solución mediante la adivinación. Después de la adivinación, el astrónomo dijo: “Debemos sacrificar a un hombre a Dios para parar la sequía”.

Cheng Tang reflexionó un momento y luego dijo: “Estoy rezando por la llegada de la lluvia para la salvación de mis súbditos. Si debemos sacrificar a un hombre al cielo, soy voluntario para ser sacrificado”.

Después, Cheng Tang tomó un baño, se abstuvo de alimento, cortó sus cabellos y sus uñas, y condujo una carretilla tirada por un caballo blanco llevando un vestido largo de tela blanca así como un cinturón blanco con dirección al altar.

Cheng Tang dirigió esta oración al cielo:

“La culpa es mía y sólo debe afectarme a mí. Por favor no castigues a mis súbditos. Si mis súbditos hicieron algo malo que haya contribuido a la sequía, debo ser el origen y la causa de sus malas acciones. Espíritus del cielo y espíritus fantasmas, por favor no toquen a mis súbditos porque soy yo quien ha fallado en guiarlos correctamente debido a mis insuficientes capacidades”.

Luego, Cheng Tang se hizo seis reproches:

“¿Acaso la sequía ha sido causada por una falta de ley y de orden en mi administración?

¿Acaso he ignorado las dificultades de mis súbditos y no pude cumplir sus esperanzas?

¿Acaso la sequía ha sido causada por la corrupción de los funcionarios del gobierno de quienes no me había dado cuenta?

¿Despilfarré el dinero o la mano de obra construyendo un palacio imperial muy grande?

¿Le permití a la reina interferir con la política?

¿Empleé a funcionarios del gobierno corruptos y acepté sus malos consejos?”

En el momento en el que Cheng Tang terminó con sus interrogaciones, comenzó a llover sobre algunos millares de li (una unidad de medida de más o menos ½ kilómetro)

Aquí, por el contrario, los 30 muertos de este invierno deben estar rogando, en el cielo, a los espíritus, que aminore el diluvio y detenga el castigo sobre este pobre país.

0 Comentarios

  1. Avatar
    Juan García Doménech

    Excelente artículo, pero los 30
    lamentable muertos no son los que
    deberían haber muerto. Hay otra persona que debería ofrecerse en sacrificio y tal vez sigan las lluvias y se cumpla el sacrificio.

  2. Avatar
    Irma Guzman

    Muy buena correlacion historica. Lamentablemente no creo que estas preguntas llegen a hacerse, peor considerar hacerlas a modo de reproche. Para ello, se requiere tener conciencia de errores cometidos, y eso solo lo hace quien humildad observa todo lo actuado.

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