Hama, Syria: nories

II PARTE
LA DINASTIA ASSAD: Los fantasmas del pasado se pasean libremente en los problemas del presente

En 1970, el Ministro de Defensa de entonces, Hafiz al Assad, de la misma forma que mucho de sus predecesores, tomó el poder violentamente mediante un golpe de estado en el mes de noviembre. Sorpresivamente y contra todo pronóstico, al Assad pasaría a formar un gobierno de estabilidad y pragmatismo durante la primera década y media de su mandato a pesar de que en este lapso de tiempo se registraron graves eventos tanto en el orden interno como externo. Muchos analistas políticos coinciden en referirse al gobierno que tomó exitosamente forma bajo el liderazgo de al Assad como Autoritarismo Populista. Régimen revolucionario que institucionalizaría al Ba´th y que bajo su mandato emergería una secta dominante aunque minoritaria: los alawíes.

En el orden externo, tres eventos marcaron profundamente los destinos de Siria en la década del 70. El primero, Al Assad firmó un importante Acuerdo de Paz y Seguridad con los soviéticos a comienzos de 1972. El segundo evento de importancia se dio en 1973, cuando Siria atacó a Israel junto a Egipto en la repentina guerra de Yom Kippur. Israel, con asistencia norte americana, emergió victorioso del sorpresivo ataque. Moscú, para mantener el equilibrio militar en la zona compensó a ambos países árabes restituyendo armamento militar y profundizando la ayuda económica y política. El tercero, como consecuencia de la guerra civil de Líbano en 1975. Al Assad envió 30.000 tropas sirias a Líbano con el objetivo de proteger a la población cristiana pero fisuró su relación con los soviéticos, quienes protegían abiertamente a grupos de izquierda musulmana. La ocupación Siria molestó a Moscú profundamente y acusó al gobierno de Damasco de dañar no solamente al pueblo libanés sino a la lucha árabe en conjunto.

La Unión Soviética encontró en Siria un cliente en el que los resultados de su vasta inversión generaron consecuencias desequilibradas. La ayuda soviética otorgada fue sustancialmente mayor a los beneficios que recibieron en términos de influencia tanto en la misma Siria, como en términos regionales. Como resultado de esta relación desigual, Gorbachov, en 1985 comenzó un proceso reductivo de la ayuda militar, económica y política a Damasco. Para comienzos de los 90, la relación sirio-soviética había concluido. Rusia e Israel restauraron plenamente relaciones diplomáticas en octubre de 1991. Al Assad consistentemente demostró que los intereses de su política externa hacia los Estados Unidos no necesariamente incluían estrechamiento de lasos de amistad. Su actitud fue siempre soberana, alejada de las presiones norte americanas y británicas y supo administrar su relación con la Unión Soviética en términos beneficiosos para los intereses de su gobierno.

En el orden interno, una serie de continuos conflictos entre las comunidades siempre obstaculizó el desarrollo de un verdadero espíritu nacional. Asimismo, la importancia regional, sectaria y las identidades religiosas como las fuentes primarias de lealtad, frustraron desde la independencia misma la construcción de una identidad única para la nación. Aunque entre el 80 y 90 por ciento de los sirios son musulmanes, la secta Alawí, a la que pertenece la familia Assad, es una minoría que representa cerca del 10% de la población. Los sunís que son la inmensa mayoría siria, difieren en algunas concepciones y creencias que marcan enormes diferencias entre estas sectas musulmanas y, junto a las minorías confesionales (drusos, cristianos, ismailíes), han tomado parte en el aparato gubernamental dividiéndose el poder de esta forma. Como cabría esperar, los poderosos servicios de seguridad han sido dirigidos, prácticamente en exclusiva, por alawíes.

A pesar de que los países del Medio Oriente han estado marcados por discordias y conflictos, resulta complejo pensar un lugar donde los problemas sean más brutales que en la Siria de los 80. La Hermandad Musulmana, un grupo fundamentalista suní, se opuso al régimen de Assad no tanto por su laicismo sino por su favoritismo sectario. Las protestas se caracterizaron por violentos ataques contra el partido gobernante “Ba´th”. Luego del fallido intento de negociaciones ente la Hermandad y Assad, en febrero de 1982, la fuerza del ejército sirio se hizo sentir sobre el enclave rebelde de Hamah, ataque que ignoró el respeto hacia la seguridad de la población civil. La ciudad fue devastada y se estima en las bajas alcanzaron los 25.000 ciudadanos. La Hermandad Musulmana fue herida de muerte y para 1987, junto a sus aliados antigubernamentales, se encontraba totalmente moribunda.

Muchas son las lecturas que se dan para el exitoso proceso de al Assad, que durante este transcurso de tiempo enfrentó victorioso un sinnúmero de crisis de orden bélico, político y económico. Lo que si resulta innegable es la concentración de poder alrededor del presidente que incluye acusaciones de represión en el proceso de consolidación del régimen. Assad creó varias agencias de inteligencia con el objetivo de vigilar y controlar a opositores, a militares y unos a otros. Construyó exitosamente los pilares del poder en el partido, en las fuerzas armadas (dominada por su secta), en la policía secreta y en la burocracia; sobre la que un poderoso presidente descansaba. Igualmente, tuvo éxito en convertir a Siria en un importante jugador de las luchas regionales, sacándolo del rol de víctima que le precedía.

Sin embargo que la revolución islámica no tuvo frutos bajo el gobierno de Hafiz, las concesiones a un política de islamización desde abajo fueron incrementándose hasta conquistar las esferas medias y altas, así como el incremento de movimientos y grupos religiosos islámicos más conservadores.

Bajo estas circunstancias, la sucesión de Bashar, pudo considerarse como fluida: la élite del partido y del ejército cerraron filas y, para evitar una lucha de poder, ratificaron el proceso que Hafiz había comenzado. Proceso, que al igual que muchos procesos de sucesión política en todas partes del mundo, engendra muchos resentidos en el camino. Especialmente en una nación donde las diferencias étnicas y religiosas son tan beligerantes entre si.

Bashar, en un proceso expedito, transformó la élite política heredada del gobierno de su padre e incorporó a los círculos de decisión a una nueva generación de jóvenes. El gobierno de Bashar generó altas expectativas de cambios y reformas sustanciales, pues sin embargo de ser considerado como un leal a la herencia de su padre, también se lo veía como un modernizador, especialmente por las nuevas generaciones. Es decir, Bashar personificaba a una alentadora comunión entre continuidad y cambio.

Pero, que es lo que debía continuar y que lo que debía cambiar Bashar,? Y, cual debía ser la prioridad que su gobierno tenía que imponer a ese proceso de cambios? El presidente Bashar se decidió por comenzar con cambios en las estructuras para conseguir una modernización económica y social primero, dejando como prioridad secundaria, más bien como una consecuencia de los cambios en la modernización económica y social, la implementación de una democracia al estilo occidental.

Las circunstancias conflictivas que envuelven a esa región del mundo, como la volatilidad política del entorno debido a los cambios impuestos como consecuencia de la conocida “Primavera Árabe”, el enfoque personal de Bashar en cuanto a la invasión norte americana a Irak, su línea dura frente a la posición de paz con Israel, así como su cuestionada amistad y colaboración íntima con el régimen de Ahmadinejad en Irán, suman importantes razones para justificar la manifiesta antipatía proclamada por la alianza de occidente hacia su gobierno, con Estados Unidos a la cabeza. Además, coincide con la incómoda revelación de los avances del plan nuclear de Irán y de la posible confrontación con Israel y la alianza occidental. Todo apunta internacionalmente en contra de Bashar, por lo menos para los intereses occidentales. Rusia y China son un obstáculo gigante en el camino para que la coalición occidental siga imponiendo sus puntos de vista mediante la utilización del Consejo de Seguridad y de las Naciones Unidas. Las sanciones norte americanas y europeas pretendiendo asolar y doblegar al régimen no se hicieron esperar. Sin embargo, sin el respaldo de Rusia y de la gigante China, el camino no es fácil de recorrer ni la meta posible de conquistar.

En el orden interno, una serie de factores sirven de combustible al fuego que empezó hace aproximadamente un año. La mosaica estructura social, étnica y religiosa característica de Siria permite que los fantasmas del pasado se paseen libremente en los problemas del presente. La cuestionada participación Iraní en los asuntos internos, donde la mayoritaria ramificación islámica Shi´a es la gobernante, se ha convertido en una ficha del ajedrez en la lucha por el poder interno y ha servido de instrumento para el descredito externo del régimen. La fuerza de la represión y brutalidad tanto de los grupos armados opositores como del mismo gobierno asombran y escandalizan tanto a los sirios como al mundo exterior. La crueldad de los métodos utilizados contra opositores civiles y el alto número de victimas entre la población de jóvenes no es un pecado fácil de perdonar al régimen de Bashar.

El escenario es extremadamente complejo pero la solución debe nacer desde adentro del país y con apoyo internacional imparcial. No se puede ignorar la historia ni la complejidad de gobernar dicho país; por lo que es simplemente inconcebible que se ignore al gobierno constituido en la implementación de una solución. Cualquier imposición que lideren los americanos, ingleses y franceses tendrá siempre el sabor amargo que dejó el colonialismo en esa región del mundo. Aplaudo el trabajo y la propuesta de Kofi Annan y hago votos por que Assad recapacite y no le permita al tiempo vencer sobre la razón y la vida de más ciudadanos inocentes de su pueblo. Dios proteja a Siria.