Mucho se ha jugado con las palabras y aún con los conceptos. Como que los problemas de fondo pueden esconderse en un basurero revuelto, y de esta manera, el País, ese ente que necesitamos forjar, queda atolondrado impidiendo que avancemos.

Se trata de buscar un lugar de encuentro para, dentro de ese espacio territorial que hemos poblado, ir labrando el mejor bien común que podamos. Y algo bueno debemos extraer como corolario de esta batalla personal e intensa entre un personaje estrambótico y exuberante, como ha resultado ser este Presidente nuestro, y el sistema de libertad informativa como elemento substancial de la democracia. Casi un año perdido en una fiera batalla entre abogados que exprimieron y retorcieron las palabras y conceptos sea para monetizar su oficio o encaramarse en la notoriedad, nos obliga a buscar conclusiones ciudadanas para que las cosas no queden como han quedado, flameando banderas para un próximo encuentro que vendrá sin duda luego con este o con otro nuevo gobernante. La prensa y los gobiernos son contrapoderes naturales y mutuamente deben vigilarse, pues triste es llegar a tener un régimen en los que estos dos poderes estén unidos.

Si queremos sacar algún beneficio a la cantidad de energía desplegada, a los ingentes recursos económicos públicos y privados derrochados, no cabe que exista ni perdón, ni olvido. Es la conclusión que obtengo.

No podemos aceptar que un señor cualquiera, por el hecho de haber sido elegido Presidente, tenga la capacidad de perdonar porque le da la regalada gana dejando las heridas abiertas y desgarradas en un campo de batalla que él libró a nombre y beneficio personal suyo. No podemos aceptar tampoco que la justicia, recién reinaugurada, no tuvo la capacidad de resolver un asunto mediante una sentencia justa, austera, equilibrada y razonada. Tuvo que venir en su auxilio el cálculo político para forzar a este señor que nos gobierna y que promueve el odio entre ecuatorianos, para erguirse como un dios con capacidad de jugar no solo con los conceptos y las palabras, sino con la tranquilidad y estabilidad de un país. El perdón otorgado no puede ser aceptado, simplemente porque no queremos perdones sino implementar justicia. El perdón no repara daños, el perdón confunde, el perdón endiosa a un simple ser humano. No queremos dioses; queremos gobernantes.

¿Olvido? No cabe olvidar nada. Es una experiencia que debe cosecharse. Y quienes más deben hacerlo son los periodistas, los dueños de los medios de comunicación, y los usuarios de ese producto que se llama noticias. Diario El Universo cometió muchas equivocaciones y la principal de ellas es haber dejado a Emilio Palacios que usurpe las funciones de Director. Él a su propia gana arrojó del diario a columnistas como Xavier Flores y Nicolás Romero, que siendo de opuestas tendencias doctrinarias, hubiesen podido llenar bien los espacios que Emilio Palacios tenía, ya que este no podía ser a la vez director de opinión, cargo contradictorio y absurdo, y también columnista 007, con libertad absoluta para injuriar a vivos y a muertos. Pero el director de opinión no quería sombras y desarrolló prepotencia por arriba de su cargo, e incluso manipulaba utilizando cartas de los lectores imponía el ritmo de todo el periódico. Y así El Universo se enfrascó en una lucha sorpresiva que no tuvo otra motivación que la de luchar por su sobrevivencia. No fue una lucha a favor de la libertad de prensa, sino en defensa de su propia existencia. Y en eso se sacó buen provecho a la arrogancia de Correa cuando pidió en un inicio 80 millones de dólares, para luego reducirlos a 40, y finalmente perdonarlo todo. Si la demanda hubiese sido por un monto de hasta un millón de dólares, y sin orden de prisión para nadie, muchos hubiésemos visto adecuado que se ejecute la sentencia para sentar un precedente. Si hubiese habido este recato la prensa internacional no se hubiese cerrado como lo hizo para defender, ellos sí, un principio. ¿Podemos olvidar acaso esto?

Debieron los jueces fallar debidamente rebajando substancialmente las penas, eliminando las prisiones y emerger así, como una Corte nueva y refrescante. A cambio fallaron unánimemente con todo el rigor pedido por el demandante, para que luego el injuriado perdone. ¡Vaya tomada de pelo y oportunidad que perdieron los nuevos jueces para lograr credibilidad y respeto. Qué mal debut tuvieron.

Por otra parte tampoco pueden olvidar los hermanos Pérez que este triste y rudo capítulo les da la bienvenida al aquí y al ahora de una herencia que quizás fue vista como un monto de dinero, y que ahora una vez que pudieron saborear lo que es una causa, lo que es una injusticia, lo que es estar en desventaja, causen una revolución estructural y cultural dentro de su empresa. Eso sin duda, si no lo olvidan, hará que este diario evolucione para bien, no de ellos, sino de todos.