Historia

Aida

El Canal de Suez, que une el Mediterráneo con el Mar Rojo y por lo tanto con el Océano Índico, se terminó de construir en 1869 luego de 10 años de obras. Diseñado por el ingeniero Francés Ferdinand de Lesseps, quien también supervisó la construcción, el canal fue una maravilla de la ingeniería y la construcción contemporánea; con más de 150 km. de longitud y sin esclusas podía acomodar a todos los barcos de la época y en la actualidad está limitado solo a los más grandes buques.

Pero el Canal de Suez no fue la única gran obra que se terminó en Egipto en 1869. La nueva Casa de la Opera del Cairo también se inauguró ese año; la opera que se tocó en la gala inaugural fue Rigoletto de Giuseppe Verdi, y el director fue el amigo, estudiante y protegido de Verdi, Emanuele Muzio.

Desde 1517 hasta fines del siglo XIX, Egipto estaba controlado por el Imperio Otomano cuya capital era Estambul. Jedives, nombrados por el Imperio, gobernaban Egipto como Virreyes del Sultán Turco. Cuando se abrió el Canal de Suez el Jedive era Ismail Pasha, quien había viajado extensamente por Europa y amaba la opera, especialmente la Italiana. Suntuosas ceremonias se organizaron para la inauguración del canal y mucho dinero se invirtió en ellas. El Jedive se encargó de que buena parte de ese dinero se destine a la Casa de Opera en donde se celebraron espectaculares presentaciones de artistas del mejor calibre del mundo durante las primeras dos temporadas.

Emanuele Muzio fue contratado como director en la nueva Casa de Opera y por supuesto que él haría todo lo posible para involucrar a Verdi. Con todo el apoyo del Gobierno Egipto, Muzio contactó a Giulio Ricordi y juntos discutieron cual sería la mejor manera de sacar a Verdi de su retiro post Don Carlo y convencerlo para que escriba una ópera para la Casa de Opera del Cairo. La tarea resultó más fácil de lo esperado. Entre la presión de Mucio y Ricardo, lo exótico de la locación y la gran cantidad de dinero disponible para la producción y para el estipendio del compositor, Verdi se sentía tentado de poner otra vez su musa a trabajar.

En febrero de 1870, Verdi “provisionalmente” aceptó la oferta para componer la nueva opera para la Casa de Opera del Cairo, siempre que un libreto cuya historia transcurra en Egipto y que sea adecuado le sea presentado. El mismo Jedive le propuso una historia que estaba siendo editada por el egiptólogo Auguste Marietta. Basado en una serie de historias escritas durante la tercera centuria por el escritor Greco-Sirio Heliodo rus de Emes, la obra tenía por título Aida. A Verdi le encantó la historia, El 2 de junio de 1870 propuso sus términos y condiciones:

  • Verdi pagaría por la preparación del libreto
  • Verdi decidiría quien produciría y quien dirigiría la opera (Verdi, por supuesto, ya había elegido a Emanuele Muzio)
  • Verdi tendría los derechos sobre el libreto y la música en todo el mundo excepto en Egipto. El plan de Verdi era montar lo que consideraba “la verdadera premier” en La Scala, una semanas posteriores a la presentación en el Cairo
  • Finalmente, cuando la partitura sea entregada, se le debía pagar la fantástica suma de 150.000 francos de oro -cuatro veces lo que recibió por Don Carlo- a ser depositados en el Banco Rothschild de París.

El Jedive de Egipto y los directores de la Casa de la Opera inmediatamente aceptaron las condiciones de Verdi sin ninguna negociación de por medio. Verdi comenzó a componer de inmediato. El escribió gran parte del libreto, solicitando la ayuda del poeta Antonio Ghislazoni cuando lo consideraba necesario.

Verdi completó la ópera en el tiempo estipulado. Ismail Pasha se vio en la imposibilidad de producirla en la fecha fijada, debido a la guerra Franco-Prusiana, que impidió que se recibieran a tiempo los trajes y las decoraciones de las varias escenas, cuyos trabajos habían sido encomendados casi en su totalidad a casas parisienses. Durante el bombardeo de Paris por parte de los alemanes, las decoraciones y vestidos estaban almacenados en esta ciudad. Fue, por consiguiente, necesario posponer la primera representación en el Cairo hasta el 24 de Diciembre de 1871, representación que fue seguida del estreno de esta opera en Italia.

Mientras Verdi componía Aida, observó con horror los eventos que se desenvolvían en Alemania, eventos que culminaron con la guerra entre Francia y Prusia de 1870-1871. El ejército Alemán sitió Paris el 19 de setiembre de 1870 y la hambrienta ciudad resistió hasta que un armisticio se declaró el 28 de enero de 1871. Pero la demora le vino bien a Verdi ya que tenía dificultades con obtener a la cantante que él quería para su ópera: Teresa Stolz. Dependía de Giulio Ricordi lograr esta empresa, pero la sorpresa de este representante y publicista de Verdi fue mayúscula cuando se enteró de las pretensiones de la Stolz

“La primera condición es que mis emolumentos sean garantizados por la ciudad de Milán o por una banco de sólida solvencia. Segundo solicito 40.000 francos de oro libres de impuestos y comisión de agentes. Tercero, no sebo cantar más de tres veces por semana. Cuarto, debo tener el privilegio de gozar de licencia por los usuales 8 días de enfermedad. Estas son mis condiciones, espero que Usted, mi buen Signor Giulio hará todo lo posible para que las mismas sean aceptadas.”

¡Esto es lo que yo llamo una prima donna por excelencia! Verdi no podía creer lo que le trasmitió Ricordi y le escribió:

“¡Si todos los cantantes tuvieran esas pretensiones, los empresarios estarían todo quebrados! ¡40.000 francos de oro y solo tres presentaciones por semana! ¡Todos estarían quebrados y cerrando la temporada a la mitad de la misma!”

Giulio Ricordi decidió entonces, adoptar una postura rígida acusando a la Soltz de hacer demandas que ni el mismo Verdi podría lograr de La Scala, Ricordi escribió a Verdi:

“¡El negocio con la Signora Stolz es realmente obsceno y veo la garra de Mariani (su novio o amante, el director Angelo Mariani) en todo esto! ¡Si él estuviera aquí en este momento le daría una patada en el trasero y lo trataría como un perro! ¡Realmente está arruinando la carrera de la Signora Stolz!

Pero ahora Verdi tenía problemas con el Director también. Emanuele Muzio no podía reacomodar su programa de presentaciones para estar en la re-programada presentación en Cairo. Verdi estaba al borde de la desesperación. Verdi requería alguien capaz y de confianza, así que fue en busca de Angelo Mariani. Pero Mariani sufría de cáncer y programas ya establecidos así que tampoco aceptó. Verdi estaba furioso y le decía a todo el mundo que “Mariani lo había decepcionado por última vez” Y luego “il bacio della morte”. Verdi descubrió que el contrato que impedía a Mariani conducir Aida era una producción de Lohengrin de Wagner en Bologna. Lo que Verdi y Giuseppina dijeron del pobre Angelo no puedo repetirlo por respeto a los lectores.

Teresa Stolz se mudó por dos semanas a San’Agata con Verdi y Giuseppina en octubre de 1871, ostensiblemente para trabajar con Verdi en Aida. Este viaje no puso muy contento a Mariani, directamente le dijo a Teresa que le sería imposible escribirle a Sant’Agata dada sus tensas relaciones con los Verdi. Teresa se encogió de hombros y siguió en su visita y tan pronto regresó a Florencia de su estancia con los Verdi, rompió sus relaciones con Angelo diciéndole abiertamente que no se casaría con él.

La premier en El Cairo finalmente se programó para la Noche de Navidad de 1871 y la presentación en Milán seis semanas después, el 8 de febrero de 1872.

A causa del gran miedo que le inspiraban los viajes por mar, Verdi tuvo que confiar la dirección de su ópera en el Cairo a su amigo Giovanni Bottesini. El reparto de artistas para la primera función de Aída fue brillantísimo. Pozzoni-Anastasi y Grossi desempeñaron respectivamente los papeles de Aída y Amneris, mientras que Mongini y Medini cantaron las partes de Radames y Amonasro. Según la opinión de los críticos, la ópera fue un triunfo indescriptible. Cuentan las crónicas que la magnificencia de la primera producción de la opera Aída parece como si fuera un capítulo de “Las Mil y Una Noches.” Se invirtió más de un millón de francos en esta función, y, bajo la dirección de D’Ormeville, se contrató un pequeño ejército de literatos, cronistas y artistas, a fin de que la función resultara una de las más brillantes desde todos los puntos de vista.

Eran los deseos de Ismail Pasha usar tantas decoraciones como fuera posible, pero ello no pudo realizarse con motivo de que se hubieran tardado varias horas en colocar las macizas estatuas, figuras, altares, esfinges, etc., y, por consiguiente, se resolvió sustituir todos estos atavíos por las decoraciones usuales. En esta representación se observaron los más pequeños detalles arqueológicos. Hasta en la actualidad todos los turistas que van al Cairo pueden inspeccionar las decoraciones y el vestuario que se usaron en la primera representación de esta ópera. Las joyas y los vestidos eran extraordinariamente hermosos. Se ejerció el mayor cuidado en la selección de los intérpretes, para que estuvieran, físicamente, en consonancia con los requisitos de la opera. Se cuenta que hasta las bailarinas contratadas eran las más hermosas que pudieron conseguirse en cualquier parte del mundo.

Verdi se preocupó de la presentación en Milán y se despreocupó de la de El Cairo. Debido al enorme éxito alcanzado en El Cairo, el Jedive Ismail Pasha confirió a Verdi la “Orden del Commendatore” del Imperio Otomano.

Pero esto no parecía importar a Verdi ensimismado en la preparación del debut de Milán, premier que había llegado a considera la más importante de su carrera. En mayo de 1871 Verdi solicitó a La Scala un gran número de instrumentalistas y coristas. Los que le dio la administración le parecieron muy pocos. Se formó un comité presidido por Verdi que redimensionó la orquesta y coros de La Scala, los cuales desde ese momento siguieron contando con ese número. En julio de 18871, Verdi escribió a Giulio Ricordi una carta que se haría famosa. En ella sugería –lo que era prácticamente una demanda- profundos cambios en la forma en que La Scala produciría y presentaría Aida, cambios que se hicieron no solo para Aida sino para toda opera que se presentó de allí en adelante en el teatro

“Te ruego que me digas categóricamente si la orquesta va a ser colocada en la forma en que yo diagramé. Mi arreglo de la orquesta es mucho más importante de lo que generalmente se supone con relación al color instrumental, la sonoridad y los efectos. Estos refinamientos abrirán las puertas para otras innovaciones que seguramente se presentaran en el futuro y una de ellas será llevar la cortina hasta las luces inferiores y otra será hacer la orquesta invisible (construyendo fosos más profundos) Esta no es mi idea, es la de Wagner, y es excelente. Parece imposible que a estas alturas aún soportemos la mezcla de trajes de etiqueta con ropajes egipcios, druidas o asirios que se despliegan en nuestro imaginario mundo en el escenario. Añade a esto la ridícula posición del arpa estirándose hacia el cielo, los cuellos de los contrabajos y la oscilante batuta del director. (¡Tenemos realmente que ocultar la orquesta!)”

En noviembre de 1871, Verdi descubrió que Ricordi había hecho llegar la partitura de Aida a la prensa, en un esfuerzo de publicitar la premier en Milán. Verdi se quedó lívido, como siempre que creía que su preciada privacidad había sido violada. Escribió a Ricordi:

“¡Hiciste mal en mostrar Aida a extraños! ¡Juicios a priori no tienen valor y no hacen bien a nadie! ¡No quiero publicidad en absoluto! ¡No dejes que nadie hable más de Aida, que nadie la mire y no dejes que nadie la juzgue! Aida podrá ser un éxito, en cuyo caso no necesitamos publicidad, o será un fracaso, y estas opiniones prematuras solo se sumaran al fiasco”

Dos semanas más tarde, el 9 de diciembre de 1871, habiendo escuchado de otros esfuerzos por “publicitar” la que todo el mundo en Italia creía sería su última ópera, escribió

“Estoy tan disgustado, tan irritado que podría poner la partitura de Aida en las llamas mil veces sin ningún remordimiento. ¿Quieres que lo haga? Si esta pobre opera tiene que existir de cualquier forma, ¡Por el amor del cielo! ¡No más publicidad que es la más humillante de las humillaciones para mí! ¡Es nauseabundo! ¡No más publicidad! ¡Mejor es lanzarla al fuego!”

¿Nos podemos imaginar a Verdi viviendo en nuestra era de publicidad para todo? ¡Imposible! Sus males estomacales lo hubieran llevado muy pronto a la muerte.

Verdi llegó a Milán el 2 de enero de 1872 para iniciar los ensayos con Franco Faccio, quien había sido elegido para dirigir. La premier alcanzó una importancia que es difícil para nosotros imaginar ahora. La competencia por lograr una entrada llego a tal extremo que los mismos se negociaban en la Bolsa de Valores de Milán. La noche inaugural fue un lleno completo y tanto Verdi como la audiencia salieron extremadamente felices. Los intérpretes, especialmente Teresa Stolz estuvieron magníficos y Aida más que un éxito fue todo un triunfo. Verdi fue llamado a escena 32 veces y Aida es probablemente hoy en día una de las óperas más populares de Verdi.

Como opera, Aida es todo un espectáculo y para la premier en La Scala no se escatimaron gastos en la preparación del escenario, los trajes, la iluminación, etc. El escenario operático nunca había visto cosa semejante y Aida, hasta el día de hoy es un “espectáculo operático”, sobre todo en la Arena de Verona y en las termas de Caracalla en Roma. Pero Aida también es sobre las problemáticas y muy privadas emociones de tres personas: Aida, Radames y Amneris Esta dicotomía, este esencial contraste y conflicto dramático entre emociones privadas y particulares y la pompa y boato público, entre imagen y realidad es realmente sobre lo que trata Aida.

A la premier de Aida, una ciudad agradecida le entregó a Verdi una batuta de marfil y una estrella elaborada de diamantes con el nombre “Aida” en rubíes y “Verdi” en otras piedras preciosas. La mayor parte de los críticos alabaron a Verdi, aunque unos pocos lo acusaron de imitar a Wagner.
Las presentaciones de Aida se sucedieron en Italia y el resto del mundo. Caruso debutó en el Metropolitano de New York en el papel de Radamés y en 1912 se presentó en Egipto al pie da las pirámides con enorme pompa y esplendor. Verdi, cerca de los 60 años que ya era un hombre acomodado económicamente, se hizo muy rico.

La presentación en Parma de 1872 en que Verdi recibió 29 llamadas dio origen a una simpática anécdota que muestra que Verdi no era tan ajeno a la crítica como él decía. En los primeros días de mayo de ese año, Verdi recibió una carta de un enojado miembro de la audiencia llamado Prospero Bertoni

“Reggio, mayo 7, 1872

A Giuseppe Verdi:

El 2 de este mes, atraído por la sensación que su ópera Aida estaba causando, fui a Parma. Estuve en mi asiento No. 120 media hora antes de la función. Admiré el escenario, escuche con gran placer a los excelentes cantantes e hice lo imposible paras que nada se me escapara. Cuando terminé la opera me pregunté si estaba satisfecho. La respuesta fue negativa. Regresé a Reggio y en el tren escuche los comentarios de mis acompañantes. Casi todos ellos consideraban a Aida un trabajo extraordinario.

Por ello se despertó en mí el deseo de oírla nuevamente, así que el 4 regresé a Parma. Hice todos los desesperados esfuerzos de obtener un asiento reservado, y había tal multitud que tuve que gastar 5 liras para ver la opera con confort.
He llegado a la siguiente conclusión: la opera no contiene nada excitante o electrizante, y si no fuera por el magnífico escenario, la audiencia no se quedaría hasta el final. Aida llenará el teatro por unos días más y luego recogerá polvo en los archivos

Ahora, mi querido Signor Verdi, puede usted imaginar mi arrepentimiento de haber gastado 32 liras por estas dos veces que fui al teatro; ese dinero presiona mi mente como un terrible espectro. Por lo tanto, me dirijo a usted abierta y francamente para que usted me devuelva ese dinero. Aquí va la cuenta

Tren: una vía 2,60 liras
Tren: regreso 3,30 liras
Teatro: 8,00 liras
Horrible cena en la estación: 2,00 liras
Total: 15,90 liras, multiplicadas por dos 31,80 liras

Sinceramente suyo, Bertani

P.D Mi dirección: Propero Bertani; Via Domenico, No. 5 (Reggio)”

Como podemos ver Signor Propero estaba cortado con la misma tijera que cortaron a Verdi. El compositor se molestó tanto con la carta que inmediatamente escribió a Ricordi

“Mayo, 1872

Verdi a Ricordi:

Como ya puedes imaginarte, para librar a este caballero del fantasma que lo persigue, con agrado deseo pagar la cuenta que me envía. Por favor es tan amable de pedirle a uno de tus agentes que le envíen la suma de 27 liras y 80 centavos al Signor Propero Bertani; Via Domenico, No. 5 (Reggio). Es verdad que no es la suma que él demanda, pero pagarle la cena sería llevar la broma demasiado lejos. Perfectamente pudo haber cenado en casa. Naturalmente él tiene que enviarte un recibo así como una promesa escrita de que nunca más asistirá a una de mis óperas de manera que nunca más se exponga a ser perseguido por espectros y además, me ahorre a mí, futuros gastos

Pero lo mejor vino luego. Verdi ordenó a Ricordi que publique la carta de Bertani y su respuesta en “la mayor cantidad de periódicos posibles”. Esto se hizo y la ira de Dios cayó sobre Propero Bertani y una gran nube negra se posó sobre su cabeza. Cartas de toda Italia llovieron en su puerta, insultándolo, maldiciéndolo, amenazándolo; una carta anónima de Parma amenazó con cortarle la cabeza. El pobre Bertani no se atrevía a salir de su casa, y para alivio de Verdi, tampoco volvió al teatro a ver una opera del Maestro por temor a lo que le harían los “fans”.

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