Historia

Nabuconodosor, la ópera que consagró a Verdi

En el tiempo en que Giuseppe Verdi desesperadamente buscaba a cualquiera que produzca Uberto, su primera ópera, él y Margherita Barezzi, hija de su protector y mecenas, iniciaron una familia. El 26 de marzo de 1837 tuvieron su primer hijo: una niña llamada Virginia. El 11 de julio de 1838, casi seis meses después de terminar Sei Romanze tuvieron un niño: Icilio Romano. Pero casi de inmediato la tragedia se cernió sobre la familia. Un mes más tarde del nacimiento de Icilio, en agosto de 1838 una rara enfermedad atacó a Virginia de 16 meses y la llevó a la muerte. Verdi y Margherita estaban destrozados.

Endeudado hasta el cuello con su suegro, incapaz de poder cabildear la presentación de su opera desde la provincia y negado de interpretar en las iglesias locales, Verdi llegó a convencerse que Buseto era el nido de todas su mala suerte y que su vida, sus finanzas, su carrera y las oportunidades no mejorarían hasta que salga de ese pueblo. Aparentemente Margherita pensaba igual, ya que días después de la muerte de Virginia encontramos a los Verdi en Milán planificando la muda definitiva. Pero antes de moverse a Milán había el asunto del dinero necesario. Verdi se lo solicitó a su generoso suegro Antonio Barezzi y como siempre lo hizo con Verdi, Barezzi inmediatamente le suministró el dinero. Verdi y Margherita fueron a Milán, y, desde el punto de vista profesional, las cosas comenzaron a cambiar para el compositor casi de inmediato.

Antonio Barezzi debe de estar en un sitio muy especial en el cielo disfrutando de sus hijos y nietos y con artistas y cantantes tocándole día y noche música de Verdi. Este generoso hombre estuvo apoyando a Verdi en todo momento: cuando recién se inició, cuando quiso ir al conservatorio de Milán, cuando el Conservatorio lo rechazó, cuando la clerecía de Buseto lo discriminó. Le entregó su querida bella y talentosa hija. Sin Antonio Barezzi, Verdi nunca hubiera alcanzado la fama y la gloria que obtuvo y el mundo no pudiera ahora disfrutar de su maravillosa música.

Verdi y Margherita llegaron a Milán la noche del 8 de setiembre de 1838. Verdi inmediatamente comenzó su cabildeo por su Uberto y a pesar de que no obtuvo respuesta inmediata las cosas parecieron ir tan bien y el matrimonio se mudó definitivamente a Milán y Verdi canceló su contrato en Buseto. Esto implicó un gran riesgo. Verdi tenía asegurado un ingreso –bajo, pero ingreso al fin- por seis años más en una ciudad que lo adoraba y en donde se tocaba todo lo que el producía. El 28 de octubre de 1838 presentó su renuncia y el 6 de febrero de 1839, Verdi, su esposa e hijo partieron a Milán. Las lecciones de música fueron su primer sustento y pronto logró publicar algunas de sus canciones para voz y piano incluyendo las Sei Romanze.

En la primavera de 1839, casi tres meses después de llegar a Milán llegó la gran noticia: Uberto sería presentada en La Scala. Bartolomeo Merelli, Director de La Scala quedo gratamente impresionado por la opera cuando Pietro Massini se la entregó en 1837, pero en esa época no había temporada disponible para jun novel compositor. Las cosas cambiaron en 1939 y Manzini convenció a Merelli de presentarla en beneficio del Pió Istituto Filarmonico fundación que ayudaba económicamente a las viudas y familiares de músicos profesionales y profesores de Música en Milán. Todo el ingreso se destinaba a esta obra de caridad. Como la fundación era muy popular en Milán tanto Massini como Merelli sabían que Verdi no debía preocuparse de la cantidad de espectadores, la Casa de opera estaría repleta a pesar de que la opera haya sido escrita por un desconocido. Los cantantes elegidos por Merelli para Uberto estaban entre los mejores de Italia, incluyendo el tenor Napoleone Mariani y el barítono Giorgio Ronconi, ambos en la cima de sus carreras. La figura femenina era, la soprano Giuseppina Strepponi, de 23 años, conocida como una gran actriz y excelente cantante. Cuando ella conoció a Verdi en esa primavera de 1939, mantenía a su madre viuda y cuatro hermanos y a sus dos hijos ilegítimos nacidos con trece meses de diferencia. La segunda de ellos, Giuseppa Faustina nació seis horas después que la Strepponi terminó de cantar en la opera Il Giuramento de Saverio Mercadante y ocho semanas antes de los ensayos de Oberto. Verdi aún no lo sabía pero la Strepponi se convertiría en su segunda mujer y compañera hasta su muerte

Al fin Verdi tenía todo para triunfar, pero las desgracias sobrevinieron: Napoleone Moriani enfermó de la garganta y tuvo que retirarse, el barítono Giorgio Ronconi sufrió la muerte de su padre dos días después de iniciados los ensayos y también se retiró sufriendo una severa depresión. Giuseppina Strepponi, convencida –correctamente- que la administración de La Scala la explotaba, entabló una amarga disputa con La Scala y no estuvo disponible para la premier. Resultado: Uberto se canceló y Verdi humillado y desconsolado se preparó para regresar con su familia a Buseto. Pero Merelli, basado en los elogios que Giuseppina Strepponi había hecho de la opera, la programó para la temporada del otoño de La Scala, de mucho más prestigio y consideración.

El regreso a Buseto definitivamente se pospuso y Verdi y Margherita pidieron un préstamo adicional al generoso Barezzi para poder vivir hasta el estreno fijado para noviembre 1839. Pero la opera trágica personal de Verdi continuaba. En octubre de 1839, cuando se preparaban los ensayos de Uberto, Idilio Romano, su hijo de 15 meses enfermó gravemente y los doctores nada pudieron hacer por el niño que murió luego de tres semanas de enfermedad el 22 de octubre de neumonía bronquial. Verdi luego escribió que “el pobre pequeñín murió lánguidamente en los brazos de su completamente desolada madre”.

En 1839 encontramos a Verdi con Uberto presentándose en La Scala, tres óperas más comisionadas y con un contrato con un gran publicista, Ricordi. Giuseppe y su esposa Margherita de 26 años ambos pensaban que la mala racha estaba detrás de ellos. Con 12.000 liras aseguradas, dinero ingresando por sus publicaciones y el respiro que significó Uberto, los esposos pensaban pagar sus deudas y comenzar a tener ciertos ahorros. Eran jóvenes y a pesar de que añoraban a sus hijos fallecidos tan tempranamente podían tener otros que traigan felicidad al hogar.

Pero la trágica opera que fue la vida de Verdi no terminaba aún su tercer acto. El maestro inició el trabajo de su nueva opera: una ópera bufa llamada Un Giorno di regno. Pero, por el 12 de junio de 1840, 5 meses después de la premier de Uberto, Margherita se enfermó súbitamente. Se le diagnosticó fiebre reumática (probablemente una encefalitis). Su padre Anonio Barezzi llegó de Buseto el 18 de junio, una hora antes que Margherita fallezca. Barezzi escribió en su diario:

“De una fatal enfermedad murió en Milán al mediodía de la fiesta de Corpus Domini, en los brazos de su padre, mi adorada hija Margherita, en plena flor de su juventud y habiendo alcanzado la cima de su fortuna; ella fue la fiel compañera del excelente joven Giuseppe Verdi, maestro di musica. Ruego por paz en su alma pura, mientras lloro por esta trágica pérdida”

Verdi estaba desesperado, melancólico, cerca del colapso. Más tarde escribió:

“Un tercer ataúd salió de mi casa. Estaba solo ¡Solo! En el corto espacio de 22 meses tres personas amadas habían desaparecido para siempre. Ya no tenía una familia. Y en medio de esta terrible agonía, estaba obligado a escribir una opera buffa ¡Una ópera cómica!”

Los funerales de Margherita tuvieron lugar en la basílica de Sant’Ambrogio, donde, solo ocho meses antes, el funeral del pequeño niño Idilio Romano Verdi habían sido celebrados. Verdi y Barezzi regresaron juntos a Buseto y allí se produjo el colapso total de Verdi recluyéndose en su habitación en la casa Barezzi en donde su estado preocupó a familiares y amigos al verlo al borde de una tristeza y pena demencial. Verdi escribió a Merelli informándole que no regresaría a Milán y no iba a terminar la opera. Sin embargo Rey por un día, escrita en un gran porcentaje había sido ya anunciada, sus ensayos programados y Merelli se mantuvo obstinado y rehusó que Verdi rompa su contrato. Giuseppe se arrastró de regreso a Milán intentando convencer personalmente a Merelli sobre lo absurdo e imposibilidad de terminar la opera. Verdi regresó al departamento que había ocupado con Margherita y terminó como pudo su “ópera cómica” en poco menos de seis semanas.

Un giorno di regno se estrenó el 5 de setiembre de 1840. Fue un total desastre, un completo fracaso. Los cantantes no brillaron en absoluto y mientras algunos números fueron aplaudidos, la mayor parte fueron rechazados y abucheados. Como de costumbre, Verdi se encontraba en el foso de la orquesta y pudo asistir en primera fila al espantoso fiasco que representó la primera presentación de su “ópera cómica”. Nunca olvidó esta noche y esta experiencia. Veinte años más tarde escribió:

“La audiencia abusó de la opera de un pobre y enfermo joven, acosado por la presión de pocos días para trabajar para el estreno, abrumado por el dolor y destrozado por el infortunio. ¡Oh si la audiencia en ese entonces hubiera –no digo aplaudido- pero si soportado la opera en silencio, yo no hubiera tenido palabras para agradecerles! Hoy día acepto al público, acepto sus silbidos, bajo la condición de no ser requerido de agradecerles ni darles nada a cambio de sus aplausos.”

Desde esa noche de setiembre 1840 hasta el fin de su vida, un poco más de 66 años, la relación de Verdi con el público la decidió él y nunca fue muy afable. Escribió al respecto

“Como resultado de ese fiasco, a los 26 años, aprendí lo que significaba “el público”. Desde entonces los éxitos nunca han hecho fluir la sangre a mi cabeza y los fracasos nunca me han desalentado.”

La mañana de la premier de Un giorno di regno, Merelli llamó a Verdi a su oficina y, lo animó a perseverar. Se canceló la Opera Cómica pero Merelli repuso Uberto la cual mereció 17 representaciones durante ese otoño de 1840 y fue aplaudida y ovacionada por los mismos milaneses que abuchearon Un Giorno. Los aplausos que se dieron a las presentaciones de Uberto reemplazando a Un giorno di regno cayeron en oídos sordos. En los oídos sordos de Giuseppe Verdi. En diciembre de 1840 Verdi escribió a Giovanni Ricordi indicándole que su carrera musical estaba terminada. Uno o dos días más tarde Verdi se encontró de improviso con Merelli en las calles de Milán

“Grandes copos de nieve caían, y Merelli, tomándome del brazo, me invitó a su oficina de director en La Scala. Mientras nos dirigíamos allá charlamos y me indicó que se encontraba en terribles problemas por una nueva opera que tenía que producir. La había solicitado al compositor Otto Nicolai, pero este se encontraba muy disgustado con el libreto. ¡Imagínate! dijo Merelli, ¡un libreto por Solera, estupendo, magnífico, maravilloso! ¡Situaciones dramáticas muy efectivas; líneas extensas y bellas; pero este maniático compositor se rehúsa a mirarlo aduciendo que es un libreto imposible! Conversando sobre esto, llegamos al teatro. Merelli tomo un manuscrito en sus manos y mostrándomelo exclamó:

-¡Mira esto! ¡Míralo! ¡Aquí está! ¡El libreto de Solera! ¡Bella historia! ¡Imagínatelo rechazado! ¡Toma! ¡Léelo!

Yo le dije: -¿Qué demonios quieres que yo haga con esto? ¡No, no! ¡No deseo leer libretos!

-Bueno, no te va a morder, dijo Merelli, léelo y regrésamelo luego y me pasó un gran legajo de papeles escrito con grandes letras como se usaba en esa época.

Me despedí de Merelli y me fui a casa. De camino sentí una especie de desazón inexplicable, una tristeza intensa, un dolor que casi me hacía estallar el corazón, Al llegar casi con violencia lancé el manuscrito sobre la mesa y permanecí de pie frente a él, sumido en mis pensamientos Al chocar con la mesa, el bulto de papeles se habías abierto solo; mis ojos fueron a parar, no sé bien como, a una página abierta ante mí. Y leí: Va pensiero sull’ali dorate”.

Dejemos por un momento a Verdi con sus reminiscencias y expresemos que su magnífica composición coral a las palabras Va pensiero sull’ali dorate se convirtió en el himno no oficial del Risorgimento, la revuelta italiana del siglo XIX contra la ocupación y opresión extranjera. En la opera el coro es cantado por los israelitas cautivos en Babilonia por el rey Nabudonoconosor (Nabucco). Cuando la ópera se estrenó en La Scala y luego a través de Italia, no tomó mucho tiempo para que el público identifique el sueño de libertad de los israelitas con su propio sueño y anhelo de independencia y unificación nacional. El coro de Verdi instantáneamente adquirió el status de un himno nacional, y hasta el día de hoy es cantado por los italianos en cualquier momento y en cualquier lugar. Inclusive, la cantante griega Nana Mouskuri la popularizo en una balada titulada Libertad hace pocos años.

Regresemos a las reminiscencias de Verdi.

“…Leí el resto de los versos que seguían y me impresionaron tremendamente, sobre todo al comprobar que estos procedían casi literalmente de la Biblia, libro que siempre leía gustoso… Leí una sección y luego otra. Entonces, fiel a mi decisión de no volver a componer me forcé a cerrar el manuscrito y me fui a la cama. Pero, ¡Nabucco me daba vueltas por la cabeza! ¡No pude dormir! Me levanté y leí el libreto, no una vez, ni dos veces, sino tres veces, de manera que por la mañana me sabía el libreto de Solera de memoria. Pero a pesar de todo ello, no sentía que deseaba renunciar a mi resolución de no volver a escribir música y al día siguiente fui al teatro y devolví el libreto a Merelli
-¡Hermoso! ¿No es cierto? Me dijo
-Muy, muy hermoso, le respondí
-Está bien, entonces ponle música
-¡Por ningún motivo! ¡Ni lo sueñes! ¡No quiero saber nada de esto!
-Merelli cantó: ¡Ponle música! ¡Ponle música!

Y diciendo esto, Merelli tomó el libreto, lo introdujo en el bolsillo de mi sobretodo, me tomó por los hombros y me empujo fuera de su oficina. Y no solo hizo eso, ¡Cerró la puerta y le puso llave! ¿Qué iba a hacer yo? Regresé a casa con Nabucco en mi bolsillo. Un día una línea, otro día otra línea, ahora una nota mañana una frase. Poco a poco compuse la ópera.”

Verdi terminó Nabucco los primeros días de octubre de 1841 y Merelli programo su estreno para el 9 de marzo de 1842, para el fin de la temporada milanesa del Carnaval. Se tituló inicialmente Nabucodonosor; el título se abrevió para una represen¬tación que se dio en Corfú en 1844. En el elenco destacaba la soprano Giuseppina Strepponi y el barítono Giogio Roncoli, ambos originalmente parte del elenco que iba a estrenar Uberto. Doce días fueron destinados para ensayos –muy pocos desde nuestro punto de vista para una obra de esas proporciones monumentales- Algo extraordinario ocurrió durante esos ensayos y Verdi luego proclamó que ese fue el momento en que su carrera y su éxito realmente se iniciaron

“La gente común siempre ha sido mis mejor aliada, desde mis inicios. Fue un grupo de carpinteros los que primero me dieron la señal segura del éxito. Fue durante un ensayo de Nabucco. Los cantantes estaban cantando tan mal como saben hacerlo cuando les da la gana y la orquesta parecía estar más preocupada en ahogar los ruidos de los trabajadores que hacían arreglos en el edifico que en hacer música. El coro comenzó a cantar con igual desgano ‘Va pensiero’, pero antes de que hayan completado unas doce líneas, el teatro se llenó del mismo silencio que una iglesia. ¡Los carpinteros habían interrumpido sus trabajos y estaban sentados en las escaleras y andamios escuchando con atención! Cuando la música finalizó estallaron en el aplauso más ruidoso que haya escuchado en mi vida, gritando ¡Bravo, bravo, viva il maestro! Y golpeando en la madera con sus martillos. Entonces supe lo que el futuro tenía destinado para mí.”

Cuando Verdi se ubicó en el foso para la premier de Nabucco el 9 de marzo de 1842, el cellista Vincenzo Merighi le dijo “Maestrino, como desearía estar en su lugar esta noche”. Nabucco fue un éxito extraordinario. Verdi fue llamado al escenario innumerables veces por un público extasiado. Las críticas fueron unánimemente superlativas. Verdi se fue a dormir esa noche de la premier y se levantó siendo famoso. El periodista Michele Lesiona, escribió en 1876:

“Al día siguiente de lo único que se hablaba en Milán era de la nueva obra maestra de Verdi. Todo el mundo hablaba del compositor e inclusive la moda y la comida se tomaron su nombre, haciendo sombreros “alla Verdi” y salsas “alla Verdi”. De cada ciudad de Italia empresarios corrieron a Milán a rogarle al maestro que escriba algo, lo que quiera, para ellos y le hacían las ofertas económicas más altas posibles.”

¿Qué fue lo que esa audiencia vio y escuchó esa noche de estreno para ser impresionados de tal manera? Escucharon música que era lírica, recordable, magnificente y magníficamente labrada, música que habló, como Beethoven hubiera dicho, “de corazón a corazón”. Vieron una “Opera Seria” en la cual la historia era una, ligeramente velada alegoría de la misma nación Italiana, una antigua y orgullosa nación, dividida y dominada por opresores extranjeros, deseosa de verse libertada y unida en una sola nación. Nabucco habló directamente al corazón dramático, al corazón lírico y al corazón nacionalista del pueblo italiano. Nabucco, la tercera ópera de Verdi tuvo un éxito instantáneo, No hay duda de que el éxito de la ópera se debió también a motivos estrictamente políticos: en cuatro meses se dieron 57 representaciones. Solo en La Scala se presentó 75 veces el año de su estreno.

Giuseppe Verdi no solamente fue el más grande compositor de ópera italiana del Siglo XIX. Su carrera constituye una de esas raras y maravillosas confluencias de temperamento artístico extraordinario, tiempo justo y lugar adecuado. Un gran artista viviendo en tiempos extraordinarios, cuyo trabajo no solamente refleja y es testigo de los tiempos sino que contribuyo a moldear la era.

Puedo asegurarles que Nabucco y las inmediatas óperas de Verdi fueron tan responsables de generar y encender el orgullo y nacionalismo italiano y por lo tanto de crear un sentido de nación y de unidad como lo fueron los escritos de Manzzini, los éxitos militares de Garibaldi y el liderazgo político de Carlos Alberto y su hijo Victorio Emmanuelle. El nombre de Verdi pronto estuvo en labios de todos; las cinco letras de su nombre se tomaron como las siglas de “Vittorio Emanuele Re D’Italia”, el rey elegido y largamente esperado y la palabra V.E.R.D.I fue escrita en cada pared de cada casa posible en todas las ciudades y pueblos de Italia.

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