Política

Correa: Crisis Siniestra

RUEDA DE PRENSA DEL PRESIDENTE A SU LLEGADA DESDE CHILE

De joven se propuso ser Presidente del Ecuador y lo logró. Ha querido pasar a la historia como un Presidente de cambios importantes para el país y lo está logrando. Con la excepción de Nebot, ha aplastado a cuanto político ha tenido por delante y ha silenciado a grupos de poder como la prensa, dirigentes estudiantiles, sindicalistas, indigenistas, cámaras de producción, gremios, universidades. No ha vencido ni a la delincuencia ni a la falta de producción, lo cual es terrible; aunque el único enemigo que él reconoce no haber podido destruir es a la desidia e ineficacia de la burocracia, pero esto no le quita al sueño, ni a él ni a las masas, pues todavía no está difundido entre las masas lo que esa burocracia significa y nos cuesta.

Mi propuesta en esta entrega es analizar e interpretar ciertos hechos que en su conjunto indicarían que Correa ha entrado en una crisis importante del gobierno, un punto de quiebre cuyo significado y origen vale la pena escudriñar.

El 30 de septiembre pasado y las últimas separaciones de las alas quiteñas de Alianza país, son como los 2 picos más visibles de esta crisis. Aplicando al gobierno el símil de la sicología, todo lo que le sucede es porque “lo toleró, lo supo, o lo quiso”. Pero ¿Cómo podría Correa querer una crisis?, al menos 2 alternativas no excluyentes hacen sentido: una porque su temperamento se nutre de las crisis y por eso las provocaría; otra, más sutil, que Correa busque hacerse daño, ¿porqué?. Revisemos los hechos antes de interpretarlos.

Hay una cadena de 10 recientes sucesos que involucran a Correa (o su gobierno) que son como “pecados” contra el “nuevo decálogo” que nos había vendido el Presidente. Uno, declaró la guerra a los cachineros, cuando antes había pregonado el derecho de los informales a vender cualquier cosa en las calles y atenuado las penas en los delitos de poca monta; resultado: la poca TV que queda transmite quejas y lamentos de quienes son maltratados y pierden sus mercaderías. Dos, desaloja y destruye covachas de invasores de tierra y sus propiedades, después de haber cobijado en sus filas conocidos traficantes de tierras tanto en Guayaquil como en Quito; nuevamente llantos, desesperación y descontento a la TV. Tres, anuncia más impuestos, entre ellos el ICE a las comunicaciones, cuando al inicio del gobierno se difundía propaganda reivindicando el haber bajado las tarifas de celulares. Cuatro, persigue descarnadamente a los vendedores de CDs piratas, cuando antes defendía los “derechos” de esta pobre gente. Cinco, promueve una consulta popular que le permitiría reorganizar las cortes, pero antes achacaba por ello a los dueños del país y pregonaba la participación ciudadana que dizque debía de jugar un rol clave en los nombramientos. Seis, había dicho que después de Montecristi viviríamos en un país de derechos ciudadanos, pero frente al auge de la delincuencia recomienda al pueblo “que se deje robar” y no oponga resistencia a los asaltos, sin ponderar el enorme esfuerzo que significa para los pobres el haber adquirido esos bienes. Siete, va a la protesta de la policía y se abre el pecho a lo Supermán, pidiéndoles literalmente que lo maten. Ocho, la balanza comercial de pagos tiene un déficit inmenso, pero su canciller declara que no es prioritaria la extensión del ATPDA con Estados Unidos y no se moviliza para defender al banano ecuatoriano frente a las trabas europeas. Nueve, los dirigentes quiteños que lo apoyaban lo traicionan, Alberto Acosta y Gustavo Larrea son calificados de hipócritas, Correa dice que “más respeto le merecía un León Febres Cordero o un Jaime Nebot”, luego de que por años ha cacareado epítetos contra ellos. Diez, justo cuando aparece el desbande serrano en sus filas, es tomado prisionero un dirigente shuár y desviado de su jurisdicción natural y legal hacia Quito, e invita fogosamente a los indígenas a que cumplan sus anuncios de movilización general y paros de carreteras.

Al igual que en una pintura pointillée de Monet, donde un pincelazo aislado no transmite lo graficado, es el conjunto de puntos que ya hemos citado el que configura a nuestro entender una explicación, pues en 9 de los diez puntos citados, es el gobierno el sujeto de las acciones y en los 10 se aleja de sus convicciones. ¿Porqué alguien puede de repente tomar tantas iniciativas que lo perjudiquen?. Los sicólogos y algunos filósofos contemporáneos tienen una respuesta, y es la culpa. La hipótesis central de cómo opera esta culpa es más o menos así: la persona está imbuida en comportamientos erróneos y culposos (de lo cual el alejamiento a sus principios es sólo un símbolo o figura), pero no está dispuesta a cobrar plena conciencia ni a rectificar, hasta que una parte muy interior del individuo, que sí quiere su bienestar, se harta del energúmeno que actúa desenfrenadamente y le pone inconscientemente una “sancadilla”, para que, ya caído, no pueda ser presa de su ímpetu vicioso y se vea forzado a detenerse para reflexionar y sobre todo cambiar.

¿Cuáles podrían ser los comportamientos que generan esas culpas que torturan a Correa o a su gobierno y que originarían este mecanismo de depuración que son las crisis?. No es fácil acertar, pero desde el momento que produce culpa es porque esos comportamientos son vetados por el sistema normativo del individuo, no ya el ideológico sino el moral. Parafraseando al funcionario Galo Mora, íntimo colaborador del gobierno, quien en una especie de grito de lealtad ha dicho en televisión que él “acompañará a Rafael Correa hasta lo último”, podríamos decir que “el círculo del gobierno es tan pero tan de izquierda, que no puede andar derecho” (lo que dijo Mora es que él es “tan de izquierda que no pudo estudiar derecho”). En efecto, en este gobierno prevalece el afán contestatario y descalificador por sobre el constructivo e integrador. Los contratos no pueden hacerse por cauce normal y legal sino “por emergencias”, todo tiene que hacerse a su manera, su comportamiento y su verbo son una fuente inmanente de “justicia” y del nuevo orden. Lo derecho está chueco y lo chueco es el nuevo derecho. De la supresión de la homosexualidad como delito, se ha pasado a premiar con puntos extras a los candidatos a dignidades que confiesen su desorientación sexual. Pronto dirán que la humanidad se equivocó en el siglo 20 al realizar las “Declaración de los derechos humanos” y que en el siglo 21 debemos pregonar la “Declaración de los izquierdos humanos”. Son en definitiva literal y plenamente siniestras las inclinaciones del gobierno de Correa, quizás allí se encuentran las causas inconscientes del actual comportamiento autodestructivo del régimen.