Opinión

Ladrones de Quito

Miembros de una banda mixta de jóvenes decidieron robar en una joyería de lujo del centro comercial Río Centro de Samborondón, cerca de Guayaquil; los cogieron con las manos en las joyas, valuadas en más de 40 mil dólares. De acuerdo al fiscal y a las declaraciones de prensa, son “gente de Quito”; se tomaron la molestia de viajar “al Guayas” para usar una llave maestra de vitrinas, las escenas están grabadas en los videos de seguridad, robaban furtiva pero audazmente, por su objeto y forma bien se podría llamar un “robo de altura”.

En otro centro comercial de Guayaquil, extorsionaban a un ciudadano con 40 mil dólares que le habían sido exigidos, bajo amenaza de muerte, “para no secuestrarlo”, los siguieron, los atraparon y descubrieron que eran miembros activos -y no precisamente tropa- de la policía llamada “nacional”, aunque en realidad es policía serrana. Usaron para la extorsión un vehículo y un arma de la policía, institución que cada año recibe literalmente cientos de millones de dólares de nuestros impuestos dizque para proveer más seguridad.

El último “regalo de navidad” ha sido el asalto y robo al augusto Alcalde de Quito, su cargo no ha sido barrera para que la delincuencia se le lleve una computadora portátil; entre los sospechosos están “el Fabián” y “el Patricio”, basta conocer los nombres para saber que su procedencia no corresponde a la ciudad achacada como delincuencial. Hace apenas una semana el augusto Alcalde daba una rueda de prensa en que anunciaba, junto con el General H. Peñaherrera y el Coronel E. Moncayo, patrullajes combinados para “garantizar la seguridad”. El augusto Alcalde de Quito, sirviendo de caja de resonancia del Gobierno Central, del cual es adepto, había declarado, con odio de su propia cosecha, que el problema de la delincuencia no es nacional sino que se centra en Guayaquil (aunque las propias cifras de la policía no sustentan esta afirmación) por ser ésta una ciudad inequitativa, poniendo así una barrera con la gente del puerto, el cual, según él, está siendo administrado con un modelo equivocado que genera desempleo. Si realmente el Alcalde de Quito estaría interesado en la equidad, ya le habría planteado a su Gobierno que descentralice hacia Guayaquil apenas 130 mil empleos burocráticos de los más de 300 mil que hay en Quito, lo que bastaría para que la ciudad con mayor índice de desempleo del país llegue a tener, para el 100% de su población (PEA), un empleo pleno! … Y habla de equidad!

Otros de Quito roban la identidad de las personas para hacerlos pasar por jugadores de futbol, lo que se creía era Chila había sido en realidad Cheme, le sacaron la ch a la verdad y dejaron a la decencia en la eme.

¿Qué hace el estado ante tanto robo?. Lo resume muy bien la denuncia del asambleísta Fernando González que perteneció al propio bloque del gobierno, según la cual se han festinado hasta 25 millones de dólares en cosas como diseñar uniformes para policías y luego hacer el lanzamiento de los mismos, cuando “éstos jamás se hicieron”, en un festival de música para el “Quitofest” (cuándo no, Quito de fiesta con dinero público) y consultorías dizque para promover la seguridad, etc. El líder del despilfarro es, según el denunciante, “el cejón” que en su momento declaró que la inseguridad es “sólo una percepción”, un miembro de la más rancia peluconería quiteña que obtuvo su Ph.D. gracias al apoyo económico oficial, para variar. Van formando ya, toda una “liga de ladrones”. Definitivamente, se entiende el porqué quienes conjugan el verbo quitar se morirían con la Autonomía.

Mientras tanto, el Presidente, ha cambiado a Jalk reintegrando a Alfredo Vera, quien ya ha declarado que “el miedo a denunciar es sólo un pretexto para guardar silencio” (sic), y que para acabar con el robo de celulares “hay que quitarles la posibilidad de que el teléfono sea una mercancía que demanda la gente”, es decir: los ciudadanos desean, y por eso buscan pretextos para, guardar silencio y, además, no deben usar celulares, qué cojo que es el razonamiento de Vera!.

Correa ha prometido comenzar a leer sobre seguridad, seguramente ha comenzado por revisar las consultorías contratadas por el cejón, las cuales, por ser escritas por burocratizados autores, sólo puede recomendar estupideces como las de plantear la reubicación de las 14 hectáreas de la PJ en apenas 1.5 hectáreas de un centro comercial abandonado hace años en Samborondón, con el objetivo de construir, en las 14 hectáreas actuales de la PJ, proyectos de “vivienda fiscal”. “¿Saben lo que es vivienda fiscal?” ha preguntado ante la prensa Rafael, como si todavía estuviera dictando clases en la San Francisco, “Vivienda fiscal es la vivienda para que las familias de los policías que vienen a Guayaquil puedan acompañarlos en la ciudad de su trabajo”.

Reconociendo abiertamente que los policías dizque nacionales que trabajan en esta ciudad, son en realidad afuereños, casi exclusivamente de la sierra. En vez de leer, el Presidente debería ver no más cuántos vehículos y motocicletas relativamente nuevos de la Policía, de esos que ayer no más estuvieron en la foto del día, están ahora arumados como inservibles en los patios de esa PJ que, según él, deben servir de “vivienda fiscal”. Aunque, pensándolo bien, por lo menos con esos patrulleros no saldrán a extorsionar a los ciudadanos.