Cuando lea usted esta nota habrá ya respondido la pregunta # 16 (Sección 4) del cuestionario elaborado por el INEC para el VII Censo de Población. En ella se plantea, con apariencia de inocencia, una curiosa pregunta:

¿Como se identifica según su cultura y costumbres:

  1. Indígena?
  2. Afroecuatoriano/a Afrodescendiente?
  3. Negro/a?
  4. Mulato/a?
  5. Montubio/a?
  6. Mestizo/a?
  7. Blanco/a?
  8. Otro/a?

Este polícromo abanico hizo surgir en mí algunas irresolubles preguntas y un no menor número de picores que quisiera compartir con ustedes ¿Puede usted amable lector explicarme cual es la sutilísima y sesuda diferencia que debe haber consumido innúmeras horas-funcionario al INEC entre afroecuatoriano, afrodescendiente y negro? Y a la hora de procesar esas respuestas ¿qué va a hacer el país con todas ellas?, ¿para qué sirven?, ¿no será simplemente una forma de diluir la presencia real de los negros en el país?

Otra, ¿en Ecuador, cuál es la cultura mulata? ¿Cuál es el concepto “cultural” de mulato en el Ecuador? ¿Alguien ha visto alguna vez eso? Está muy, pero muy mal que el propio INEC, revolucionario, co-constructor del buen vivir de todos (digo el INEC, no el buen vivir), mulatee a los ecuatorianos. En primer lugar, la palabra mulato viene de mula, animal de carga, híbrido infecundo, resultado del cruce entre burro y yegua o entre burra y caballo. Mulata es además un animal feísimo, horroroso, parecido a cangrejo, negruzco, achaparrado y todito lleno de manchas. El INEC va a preguntar a los ecuatorianos con esa palabreja que despide mal olor a la distancia, cargada de resonancias coloniales, discriminatorias y racistas si ellos se autoperciben como el racismo de la colonia clasificaba a algunas personas. Pero lo más importante de todo es, ¿en qué rincón del Ecuador existe un grupo que comparta características culturales propias y costumbres que puedan ser calificadas de “mulatas”? ¿El término y la noción de mulato caracteriza alguna otra cosa que no sea categorías raciales, únicamente raciales y nada más que raciales? Mulato quiere decir alguien que resulta de la cruza (así, con ese sentido fuertemente despectivo, asimilado a los apareamientos animales) entre negros y blancos. De lo que nos están hablando por lo tanto es de raza, únicamente de raza y nada más, y si no, ¿no era suficiente afrodescendiente? ¿acaso los mulatos no son afrodescendientes? ¿O para el INEC y para SENPLADES es muy importante saber cuanto de qué tiene cada ecuatoriano en su sangre? Admito que para mí eso sería una novedad. Creía que la sangre era importante solamente para racistas y para los taurinos, pero parece que también lo es para el INEC. Y si con esas vamos a cuenta de cultura, ¿los cholos? ¿Qué pasó con los cholos? ¿Se los tragó la tierra? No, se los tragó el INEC. Para el INEC es muy importante diferenciar mulatos de negros, afroecuatorianos o afrodescendientes, y 32 nacionalidades y pueblos, algunos de solo unas decenas de ecuatorianos cosa que no está mal en sí, pero no diferenciar cholos de montubios o de mestizos simplemente (diferencia que está a la vista, a la vista del nivel del mar, quiero decir). A propósito ¿son los cholos mestizos? Y eso que tengo que admitir que sí he visto rasgos culturales característicamente cholos, pero nunca he visto en Ecuador rasgos culturales identificatorios mulatos.

Y si al INEC lo que interesa es la cultura, ¿por qué no pusieron también cultura global, cultura urbana, cultura rural y sus variantes, subcultura barcelonista, liguista o latinking, ya que tanto les agrada la filigrana y la minucia? ¿Y los chinos? ¿por qué los chinos no? Hay muchísimos descendientes de éstos, especialmente en la Costa, que mantienen sus tradiciones, su identidad y hasta han generado una positiva influencia en nuestra cultura y vida cotidiana.

Se bien que a algunos lectores les parecerá intrascendente estas observaciones. Respeto opiniones en ese sentido, pero a mi lo que me parece intrascendente y revelador son las preocupaciones raciales del INEC. Y digo raciales, sin eufemismo alguno, porque el INEC en ello sigue las preocupaciones de los sectores dominantes europeos desde la Edad Media hasta la primera mitad del siglo XX, con las terribles consecuencias que todos sabemos. Bien dice Christian Geulen, “la distinción de razas humanas ha sido y sigue siendo básicamente una cuestión de nomenclatura y por tanto una invención humana”, siendo que es la lengua quien establece y denuncia la ideología. Es claro que detrás de las palabras de la pregunta 16 (sección 4) hay una nomenclatura y detrás de ésta una ideología. Una ideología racista, dicha de una vez, pese a las declaratorias de quienes celebran, invocan y apelan desde la postmoderna constitución que ellos mismos inventaron. Es que desde después de la Segunda Guerra Mundial el racismo como tal está desprestigiado y fuera de moda, pero no por ello fuera de circulación. Los neoracistas han reemplazado el término raza y sus connotaciones biológicas migrando hacia el término cultura, que adquiere aquí un tono y un sabor que los antropólogos culturales no le confirieron. En el formulario del INEC, pregunta 16 (sección 4), reemplácese las palabras “cultura y costumbres” por raza y ya nos vamos entendiendo mejor. Además, eso mismo es lo que va a entender el ecuatoriano común cuando le mencionen la palabra negro, blanco, indígena o mulato, y que además nunca ha leído y difícilmente comprenderá a Ruth Benedict, Margaret Mead, Lévy-Strauss o Metraux.

Estos refundadores no han podido liberarse en lo profundo de sí mismos de los viejos esquemas mentales coloniales y su estratificación, de las apetencias por ubicar y clasificar al otro (¿existe el otro en Ecuador, el otro racial, o estas son formas precisas de implantarlo?), que mitigue llamadas de la “sangre” que pareciera a algunos angustiar.

Esto no es nuevo en el mundo. Frecuentemente una manera de encarar el racismo ha sido con más racismo. Y siempre será repugnante, cochino e inadmisible catalogar al otro, nominarlo, diferenciarlo de mí mismo. O sea, generar el primer movimiento, la distanciación, que empieza con la diferencia y terminará en abismo, lo sabemos. Así ha sido siempre y así será.

Yo, por eso, a la pregunta 16 no responderé nada, porque no me identifico con ninguno de esos ítems que el INEC establece, o me siento muchas cosas, varias de ellas, casi todas ellas y algunas otras que al INEC no le importan. Pero no, no podré, porque el INEC me obliga a escoger entre identidades que no me identifican necesariamente y me obliga a ser diverso en el sentido que ellos lo entienden, a ser lo uno o lo otro, diferente a otros ecuatorianos, distantes de mí mismo por razones de raza que han disfrazado de “cultura y costumbres””. El INEC, que finge interesarse por mi subjetividad la asesina en una lista que no me representa y que rechazo.

Pero claro, el pobre chico encuestador no entenderá nada, y perurgido por la consigna de que solo puede haber una respuesta única y que tiene que haber respuesta (el INEC no ha considerado la posibilidad de una no-respuesta en una pregunta ciento por ciento subjetiva), marcará cualquier cosa, y terminaré engullido en la anomia de una cifra, que como a tantos ecuatorianos no los caracteriza, no los representa, no significa nada y no se reconocen en ella