Mientras en España gana la democracia una vez más, en Ecuador día tras día la perdemos un poco más. Acaban de celebrarse elecciones del partido socialista en la comunidad de Madrid y de los dos candidatos uno de ellos tenia todo el apoyo de Zapatero. Para sorpresa de muchos, gano el candidato que no contaba con el apoyo directo del Presidente. La democracia salio fortalecida, las bases fueron escuchadas. La actitud de ambos candidatos ha sido de respeto, de tender la mano para juntos trabajar en las próximas elecciones. No ha habido pelea, ni insultos, ni resentimientos, mas bien calma y consenso. Al conocer los resultados oficiales Zapatero dijo: “Ha ganado el mejor”. ¿Por qué resulta imposible imaginar un escenario similar en nuestro país con el bloque de Alianza País? ¿Por qué nuestros politicos no nos dan ejemplo en valores democraticos? ¿Será posible que nuestra sociedad no aprecie verdaderamente las cualidades de una vida política sana? ¿Cuáles son esos valores democráticos tan lejanos de nuestra cotidianidad?

La imagen publica de Correa nos muestra su recurrente necesidad de vejar, insultar, maltratar – no solo a sus oponentes sino a sus más cercanos colaboradores – escondiendo así una inseguridad abismal, un constante estado de crispación, de irritabilidad, de malgenio que genera una violencia gratuita a su alrededor. Esa incitación a la violencia que todos vimos explotar en el regimiento Quito 1 nos muestra a un Presidente que carece de control de si mismo, que pierde los estribos y se convierte rápidamente en presa de sus humores dejando todas sus debilidades al descubierto. ¿Pero que hubiera pasado si Correa actuaba de manera conciliadora? ¿Cuál habría sido el desenlace si la verdadera motivación de Correa hubiera sido la de encontrar una solución al malestar de la Policía?

Esta confrontación de Correa hacia el dialogo, su negación a la escucha, su intolerancia hacia lo diferente, su nula habilidad para generar consenso, su carencia total de empatia lo llevan a escudarse en una prepotencia salvaje. Reina un estado de censura a su alrededor. La sinceridad no le agrada, mas bien le molesta, las cosas son como el las ve y no hay otra salida, vive engañándose a si mismo, ya que todos sabemos que la realidad tiene muchos matices. Estas características denotan a un político improvisado, que carece de la más minima experiencia en el manejo del estado, que no tiene la más remota idea de cómo afrontar una crisis sin hacerla estallar.

La censura a los medios de comunicación, ese control desmedido por una única verdad refleja una profunda cobardía, miedo a un pluralismo que se escape de sus manos y del que es opositor acérrimo. Correa no entiende que la diversidad enriquece, que las opiniones distintas construyen futuro, que el progreso solo se logra en conjunto. Las famosas encuestas, lo más aberrante de la política instantánea de nuestros días, Correa las utiliza para reafirmar lo que quiere creer, lo que quiere ver y lo que quiere imponer. Le sirven de mecanismo de protección para su ego.

Tristemente, la policía sublevada no encontró otra forma de hacerse escuchar que la protesta. No había otra solución con un Presidente sordo y ciego. Los eventos desembocaron en muertos, heridos, robos, creando un innecesario enfrentamiento entre ecuatorianos . Era fácil imaginar que el resultado de aquel dia seria muerte para algunos, ya que la política de terror, odio y divisionismo del Presidente lleva consumándose varios años ya. Ojala estos eventos lo haga reflexionar, cuestionarse cuales fueron sus errores, que pudo hacer distinto, ya que siendo Presidente tuvo la ultima palabra en la toma de decisiones y la máxima responsabilidad de los hechos del 30 de Septiembre pasado, hechos que habrían sido evitados si Correa hubiera demostrado capacidad para hablar, comprender y persuadir a los sublevados.

Ginebra 7 de Octubre de 2010