Marcha por Guayaquil

Hoy en día es muy común ver en la televisión, escuchar en la radio o leer en los periódicos sobre casos de crímenes en cualquiera de sus especies; ya sean éstos, asaltos, violaciones, secuestros, o cualquier otra vulneración al derecho ajeno.

Yo me pregunto “¿Dónde quedaron las buenas costumbres y el amor al prójimo que tanto tratan de infundirse?” Definitivamente son sólo el recuerdo de una época en la que enterarnos de que mataron, secuestraron o violaron a alguien, era algo que nos sorprendía.

En nuestra sociedad contravenir las leyes se ha vuelto una costumbre; y como la costumbre es una fuente del Derecho, que Dios nos ampare, y que arrebatar lo ajeno, matar, o violar, no se tipifiquen en alguna norma.

Es una lástima que en este tiempo los valores hayan perdido su esencia, o que algunos traten de usufructuarla a su antojo y conveniencia, vivimos en una época en que ser bueno significa ser tonto, ser amable significa ser adulador, ser honrado lleva consigo la maldición de morir pobre y ser considerado te convierte en perdedor.

El mal se ha ido expandiendo como cáncer ante la sociedad y la impunidad es su mejor aliada… Y es que, si resulta más fácil robar que cumplir una jornada laboral, (sumada la premisa de que si lo haces, probablemente no te aprehenderán), el delinquir se convierte en un “evento de oportunidad”… “Si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada”… Dadas las circunstancias; “Si el medio en el que te desenvuelves te permite ser criminal, aprende tus mejores tácticas”. Así que sálvese quien pueda… demasiado decepcionante, pero demasiado real.

Es vergonzoso vivir en situaciones como esta y que nuestro futuro se vaya escribiendo día a día con nuestros desaciertos. Bien lo dijo Pitágoras: “Educad al niño y no será necesario castigar al hombre”, pues lo que se siembra es lo que se cosecha, y a través de ello podemos entender la raíz del problema… Sólo hay algo peor que no solucionarlo, y esto es: Ignorar sus consecuencias. No nos crucemos de brazos, no esperemos que alguien más haga algo, porque probablemente, ese alguien de quien esperamos, espera que nosotros empecemos, y a través de la expectativa del uno y del otro, cualquier plan se perpetuará sólo como eso, [como “un plan”], sin inicio y sin lograr verdaderos cambios.

Empecemos por educar, sembrando una sociedad donde los valores morales estén impregnados en lo más profundo del ser, donde extender la mano a quienes nos necesitan, sin intentar sacar provecho de ello, sea un acto de amor y complicidad.

Pudiera haber muchas causas que motiven la propagación de la delincuencia, pues muchos estudios determinan la naturaleza de la misma; teorías biológicas, económicas, psicológicas, pero ninguna suficientemente válida para justificar actos vandálicos, asesinatos o cualquier otro hecho negativo que diariamente presenciamos. Como ciudadanos, tenemos derecho a salir a la calle, sin que la incertidumbre, de regresar a casa a salvo, nos impida caminar con entera libertad.

Forjemos un futuro limpio, donde todo lo negativo de hoy, sólo forme parte de un ayer al que no queramos regresar, y entendamos de una buena vez que nuestros derechos encuentran su límite, justo donde empiezan los derechos de alguien más. Nuestra actitud cada mañana debe ser la de alguien que comienza su jornada con el corazón abierto, los sentidos atentos y la mirada limpia para reconocer en su semejante su propia imagen, sólo así conseguiremos eso que, aunque suene utópico, yo le llamo “Paz”.