Opinión

El poder y la degradación de la política

Ejercer el poder a través de la Presidencia de la República es indiscutiblemente una experiencia única para cualquier ser humano, es posiblemente el cargo más anhelado, aún cuando sea en el fondo del alma de muchos individuos y el paso por tal cargo inevitablemente genera cambios en las personas, algunos permanentes e irreversibles y otros apenas temporales. Pero aquél que habiendo vivido tal experiencia pretenda aseverar que no ha sufrido ningún cambio en su personalidad y en su formación humana, o miente o está incurriendo burdamente en el pecado de la soberbia.

Y es que hay cambios inevitables. Quiérase o no, el ejercer el poder pone a un ser humano en posición de recibir información muy rica en calidad y a la vez abrumadora en su cantidad, la misma que una vez asimilada, por lo menos parcialmente, deja, para bien o para mal, huella indeleble en el alma de una persona.

Obviamente los cambios que se producen van en directa relación a las cualidades y defectos del líder que asume y ejerce el poder. Un hombre sencillo, frugal pero inteligente y dotado de una sólida escala de valores, casi seguramente pasará indemne por el ejercicio del poder y al terminar su período volverá a ser poco más o menos el mismo, aunque quizás mucho más sensible que antes. Un hombre vanidoso y si no tonto por lo menos no tan inteligente, tendrá en cambio serias dificultades para “aterrizar” luego de su paso por el poder. Hay incluso libros escritos con respecto a esta etapa, que analizan y narran cuán duro puede ser el proceso de dejar el “trono” y retornar al llano para convertirse nuevamente en uno más.

Muchos de nosotros hemos conocido personalmente a uno o varios gobernantes del país, y ciertamente podemos decir que hemos visto de todo. Desde improvisados que entraron por la ventana hasta hombres que se prepararon toda su vida para llegar al cargo. Unos tuvieron mayor o menor éxito, otros fracasaron rotundamente, unos aprovecharon su oportunidad, otros simplemente la desaprovecharon tristemente. Unos, antes de llegar, batallaron décadas en las “barricadas”, propias de la tan dura vida política de nuestros países y en particular del nuestro, otros simplemente estuvieron en el lugar debido y en el momento preciso para que les “juegue el número”.

En cualquiera de los casos se evidenció que como en toda profesión, la preparación y la experiencia son requisitos indispensables para tener éxito. Ciertamente que no hay, al menos en nuestros países, Universidades o facultades que enseñen a gobernar, ése es un aprendizaje que resulta de una serie de aprendizajes paralelos y graduales en varias disciplinas y facetas de la vida, pero resulta claro e inobjetable que en la política, al igual que en la neurocirugía o la arquitectura, la preparación y la experiencia son indispensables, en un proceso que debe tomar sus etapas y sus tiempos. Sin esto el fracaso es patéticamente seguro, como hemos visto en varios casos.

La historia está llena de casos de grandes hombres que comenzaron su vida pública en puestos de pequeñísima importancia y que al cabo de un constante ascenso por la escala del poder, al cabo de varias décadas llegaron a la cúspide. Ese es el único camino razonablemente válido para llegar a las máximas dignidades, al igual que para que un cardiocirujano pueda trasplantar corazones necesita previamente haber operado miles de venas, arterias y válvulas.

Si un hombre no tiene una estructura moral sólida, posiblemente se convierta en un ejemplo más de lo que los sicólogos denominan “la paradoja del poder”, por la cual las virtudes que los llevaron a dicho sitial, se convierten en los defectos opuestos: la serenidad se convierte en impulsividad, la amabilidad en grosería, la elegancia en chabacanería, etc., etc.

Enfocando nuestra historia reciente, digamos que la de los últimos 60 o 70 años, encontraremos de todo, desde hombres sencillos que al terminar su mandato regresaron a su ciudad natal y a sus vidas anteriores e incluso manejando su auto que por cierto era el mismo que tenían al asumir el mando, hasta varios gobernantes, ya sea democráticamente elegidos o incluso de facto, (¿ porqué negarlo ?), que supieron llevar las riendas del Gobierno con mano firme pero con sentido claro y lo que es más importante, con rumbo definido, pasando por varios improvisados que definitivamente no supieron qué hacer con la “papa caliente” que la historia les puso en las manos por lo que más de uno de ellos terminó quemándose porque entendieron erróneamente que su principal cometido era “no caerse”, en lugar de dedicarse a “hacer país”, sin tomar en cuenta los riesgos.

Así poco a poco, el poder y la actividad política en general y en todas sus facetas se fue degradando, no sólo en lo referente al poder ejecutivo sino también en el legislativo y en el judicial. Nadie puede menos que extrañar los Congresos de hace 20, 30 o 40 años, (hoy “revolucionariamente” llamados “Asambleas”), y por cierto que muchos, quizás no todos, de aquellos que hoy “administran justicia”, en ésos años no hubieran pasado de amanuenses en remotos juzgados provinciales.

Hoy vivimos la dura experiencia de ser gobernados por el más improvisado de los improvisados, que ciertamente entró por la puerta grande pero sólo debido a haber captado, ya se analizará en qué forma, el desengaño popular generado por la degradación de la política que hemos vivido especialmente en la última década, en la que los hombres capaces y honrados, que los hay y son muchos, voluntaria y soberanamente decidieron declinar toda oportunidad de intervenir en política y por consiguiente permitieron que el poder, en todas sus facetas, caiga en manos de advenedizos y aventureros, con las naturales excepciones que siempre las hay pero que sólo sirven para confirmar la regla.

¡¿De qué podemos pues quejarnos?! La verdad sea dicha, mientras la ciudadanía entera no reivindique, (y eso también será materia de un futuro análisis), el valor de la preparación y la experiencia y más aún, no se decida a volver a convertir dichos valores en la base misma de nuestra vida personal y nacional, no podremos no sólo salir del túnel, ni siquiera podremos comenzar a ver la luz al final de él. La historia puede escribirse en un día, pero para hacerlo hay que prepararse por décadas.

0 Comentarios

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    Eugenia Avilés

    Gratísima sorpresa. Te estrenas de manera muy lúcida y lucida!!! Felicitaciones

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    Giovanni Traverso Md.

    Mario, muy interesante tu analysis. Lo malo de todo estos gobernantes es que dejan una huella generalmente negativa (bien lo quisiera positiva) en la forma de hacer politica en nuestro pais. Por lo que el presente deja es menos que deseable. Unos poderes democraticos totalmente secuestrados por el poder central, una poblacion manipulada por las dadivas y la propaganda abrumadora y una oposicion sin brujula. Lo peor de todo, los ciudadanos comunes y corrientes han perdido conciencia del poder que ellos poseen en el momento de elegir a personajes que como magos en la noche, aparecen y desaparecen con la troncha bajo el brazo con la mirada en alto y mas atorrantes que antes.

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    Elizabeth

    Siendo tan sencillo el ejercicio de analizar a quien se va a poner en un puesto tan importante, como el de regir los destinos de un país, cómo nos vemos ahora avocados a tener en ese puesto a una persona sin la debida experiencia? Qué es lo más preciado que tenemos? Unos me dirán: mis hijos, otros talvez algun objeto,
    Pues bien, dejaría Ud, en manos de personas inexpertas a sus tesoros? No, verdad?
    Pues el Ecuador esta por obra y gracia de la propaganda engañosa, en manos de inexpertos y no solo eso, sino de personas moralmente poco confiables.
    Aquel que hoy dice una cosa y mañana afirma algo completamente opuesto, con conocimiento de causa y sabiendo que al hacerlo causa daño, no es alguien a quien confiaría ni siquiera un saco de arañas. Ese ser no tiene valores y si los tiene, estan invertidos.
    Volviendo al principio, cómo llegamos al sitio en que estamos????????
    El pueblo eligio sin analizar, no es posible analizar sin tener educación, y los que así lo hicieron aún estan obnubilados con los bonos, los regalos, la conmiseración, el adulo, y algunas otras tretas que usan los encantadores para engatuzar al pueblo que no analiza, mientras ellos utilizan estos ardides para seguir siendo populares, eso sí, en desmedro de el progreso de todos.
    No tienen mucho tiempo más para seguir haciendo eso…Más tarde o más tempranom quien engaña es descubierto. Ojalá quien llegue al poder entonces tenga suficientes valores y principios, lo cual sería un milagro, en vista de que nuestro pueblo obligado a votar no ejerce de manera responsable su derecho a escoger.
    Dios nos Guarde!!!!!!!!!!!!!

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    Una nueva voz nos acompaña

    Saludos

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    Felicitaciones, muy buen articulo, todo lo qie dice es la realidad que vive nuestro pais, gracias

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