
Un adagio popular reza: “El primer amor nunca se olvida”, debe ser porque marca el inicio de la vida sentimental que todo ser humano necesita atravesar para ser un “humano”. Más allá de que la experiencia sea buena o mala, no hay nada que asegure que el resto de relaciones que el individuo atraviese sean análogas; sin embargo con el primer amor se conoce lo que es el amor y sin duda alguna, eso deja una marca. De acuerdo con mi percepción de la vida, el amor es tan importante para el ser humano como lo es el trabajo. Entonces, ¿el primer trabajo nunca se olvida? Y por otra parte, ¿deja su marca? Yo digo que sí.
Cuando terminé mi primer año en la universidad dejé “un profundo vacío” en la economía de mis padres. Con dieciocho años de vida nunca antes había trabajado para nadie…No recuerdo si me lo consultó o me lo propuso. Solo sé que un día de diciembre mientras arreglaba el árbol de Navidad, mi papá llegó anunciando que dentro de poco me llamarían de TACOM, empresa que brinda el servicio de taquilleros a la Metrovía de la ciudad, porque había hablado con “no sé quien” para que “me entreviste mañana”. Estaba a poco tiempo de conocer lo que sería: mi primer trabajo.
Pasaron un par de semanas luego de la preparación y respectiva inducción en TACOM, me extrañaba tanto que no me llamaran todavía… “Se supone que tenía palanca”. Hasta que por fin un empapado sábado de enero entré oficialmente a trabajar como taquillera (cajera) de la Metrovía, en la parada de Boyacá y Nueve de Octubre. Conocí el primer trabajo ese día, hace ya casi un año y no deja de parecérseme al primer amor.
Nueve horas y un poco más de mis días transcurrían junto a él, mi primer job, como lo llamo de cariño. Sentada a veces y otras más, parada en un cubículo que no media más de lo que mide un baño para discapacitados de un centro comercial. Mi compañía ahí dentro desde las cinco de la madrugada eran: mi Biblia, un cuaderno con su pluma, una computadora sin nada de juegos y mi celular. Por fuera me acompañaba un guardia de seguridad y la chica que venía a veces a cobrar el medio pasaje a los estudiantes, discapacitados y viejitos. El calor azotaba y el dolor de espalda me mataba lento. Pero no podía dejarlo, así como amar, trabajar es necesario y como en toda relación amorosa y laboral, tuve altos y bajos.
Cuando mi compañero del turno de la tarde se retrasaba yo debía seguir en pie de lucha haciendo minutos y a veces horas extras que jamás me reconocerían. A veces se iba la luz, la gente se agolpaba y multiplicaba en cuestión de minutos para empezar a gritarme y reclamar por mi ‘ineptitud’, para ellos yo era la villana que no los dejaba atravesar; el torniquete era eléctrico y no había luz… Yo era inocente. Además cuando la luz regresaba el sistema volvía a la normalidad, pero tenía que esperar a un técnico que viniera a reparar y a supervisar el caído sistema. Recuerdo un día que tuve que esperar hasta las 7h30 pm a que el señor viniera. Otras veces llegaban monedas falsas o simplemente tenía que atender tantos clientes que deseaba desmayarme o huir. Todas estas veces lloré y lloré.
Sin embargo también reí. Sobre todo, cuando cobraba mi sueldo, que era el básico más ciertas horas extras, cuando conversaba con mi amiga la que cobraba los medios pasajes o con mi compañero del turno de la tarde, cuando chicos guapos me saludan cortésmente o cuando viejecitas dulces se quedaban unos segundos más a conversar conmigo, cuando al final del día el sobrante de caja eran muchas monedas de distintas denominaciones o cuando me regalaban comida los trabajadores de los restaurants de los alrededores… Una vez uno me regaló una caja de chocolates y una carta de amor (eso me asustó) y ya no quise recibir más regalos.
Finalmente, luego de tres meses exactos mi primer trabajo llegó a su final. Aprendí a madrugar, ser paciente, contar en poquísimo tiempo cientos de dólares en monedas, reconocer billetes y monedas falsas, aguantarme las ganas de ir al baño… En fin ¡a soportar lo que venga! Igual que después del primer amor uno está listo para lo próximo que venga sea lo sea. En verdad un primer trabajo, al menos uno como el mío, nunca se olvida.

felicitaciones amiga,
saludos!
Me gustó su artículo... la felicito por su primer trabajo, pues le dejó varias enseñanzas que le servirán en sus trabajos venideros.
Bendiciones y éxitos por siempre.
Un abrazo,
Oliva
La felicito!!!!! vienen cosas importantes para Ud, Suerte!
Este articulo me recordo mi primer job, a diferencia de que yo si tenia mas comodidades. Por lo tanto me he reflexionado en cuanto a lo que yo creia \"mala suerte\" puesto que considere que solo a mi me habia ido mal.
Ahora creo que de alguna manera es dificil para todos.
Espero de todo corazon que su proximo job le de mas recompensas, y espero seguir leyendo sus articulos.
felicidades!!
FELICITACIONES Y PORFAVOR NUNCA DEJES DE REDACTAR MAS ARTICULOS .
En buena hora,
Monica
El tema es interesante por los días que corren, y en los que cunde el desempleo. Fue muy bueno haberle encontrado similitudes al primer amor, con el primer trabajo. Es apreciable su entereza para soportar tan difícil trabajo. Al mismo tiempo, me es casi imposible no pensar en aquellos que no tienen ?una palanca?, por ser muy pobres, y que deben arreglárselas con lo que caiga.
Felicidades y adelante
muy interesante Felicitaciones!