Secuestro Express por colealomartes - Flickr (c)

No les voy a hablar de esa buena salsa interpretada magistralmente por Andy Montañez, o de algunitos miembros de este desgobierno que tienen carisma para con la gente, pero que se vuelven locos cuando ven pasar un billete por sus ojos, quiero comentarles sobre el “secuestro Express” que sufrí saliendo de mi Maestría, luego de tomar un taxi amarillo, fuera del Hotel Ramada, y que se iniciara por el Cementerio General, y concluyera a unas cuadras de la Academia Naval Guayaquil.

No quisiera empezar sin mencionarles, que estoy próximo a cumplir 39 años, de edad, las dos únicas veces en las cuales he sido asaltado, se han dado en estos últimos ocho meses, la primera vez el 14 de diciembre del año anterior, cuando fuimos asaltados junto a mi esposa a la vuelta de nuestro domicilio, y la siguiente, el secuestro Express que experimenté el jueves anterior, 12 de agosto, y en el cual estuve retenido dando vueltas por no sé donde aproximadamente una hora; es decir, porcentualmente hablando, en apenas estos últimos 1, 72% de mi vida, he recibido el 100% de los robos que me han sucedido.

Por qué digo esto, simplemente porque sigue habiendo la sinvergüencería en este desgobierno, de decir que siguen siendo puras percepciones, que nos roban por pendejos y más grave aún, que este tipo de delito, (secuestro Express), y el sicariato, están en franco descenso.

Quizás en sus mentes trastornadas o quizás porque consideren que es una reivindicación de la robolución ciudadana hacia los “Pelucones” de Guayaquil, que según ellos, tienen sumido al país, aunque ya se lleva más de tres años de este nuevo desgobierno, en la peor miseria que ha tenido en toda la época republicana.

Hoy leí en un periódico no gobiernista, que la modalidad del secuestro Express, se ha incrementado en aproximadamente el 22%, y yo consideraría que en mucho más, ya que quienes hemos pasado por este tipo sucesos, nos ponemos a pensar seriamente en la finalidad de hacer la denuncia, la cual para el perjudicado no dejará nunca de ser traumática, por tener que relatar una y otra vez, lo que precisamente se trata de borrar de nuestros ya perturbados pensamientos por lo acontecido.

Más allá de todo lo comentado, quiero agradecerle a Dios, porque a Él me encomendé mientras estaba secuestrado, y los insultos y golpes que recibí al inicio “del trabajo” como denominan los delincuentes a sus ilícitas actividades, según ellos mismos motivadas por la situación en la que viven, terminaron siendo una cátedra del ladrón de cómo debe manejarse el plagiado para que no le pase nada, “ya que lo material se lo vuelve a conseguir, pero la vida no”, y no se les salga un plomazo del arma con la cual me apuntaban.

De lo conversado con otras personas que también han sido perjudicados mediante este tipo de delito, me indicaron que la saqué barata, porque cualquier otra cosa me pudo haber pasado, sin embargo el maleante que se quedó conmigo mientras el otro me retiraba el dinero de los cajeros, me devolvió mis lentes, mis documentos y el chip de mi celular, y además de eso, también me dejaron un par de “latas” para que me regresara a mi casa; Tan buenos, Pillos buena gente.

Qué opinan ustedes mis queridos lectores: ¿Siguen siendo puras y simples percepciones?, ¿Nos roban por pendejos? o, ¿La delincuencia sigue descendiendo?