(cc) por Presidencia de la República del Ecuador - Flickr

Estos tres años de gobierno del Economista Correa, nos han demostrado que hay gente en el Ecuador que tiene maestría política sin haberla estudiado en ninguna de las llamadas Universidades calificadas como excelentes en los Estados Unidos de NA y de Europa.

El Ec. Correa llego al poder sin un solo diputado, pero aprobó un llamado a Consulta Popular, destituyo los de la oposición, los sustituyo con los de los manteles, aquí repito lo que el dice: “prohibido olvidar”, sigamos, se apropio del Tribunal Constitucional y lo volvió Corte Constitucional, desinstitucionalizo al Congreso, le quito el verdadero poder, ya no puede nombrar ni conserjes, todo paso a manos de un ente anodino, despersonalizado llamado Consejo de Participación Ciudadana que no representa a nadie, elegido por el Tribunal Electoral obediente, también bajo su control, el que descalifico candidatos opositores y bloqueo el camino a todo aquel que podía hacerle sombra al naciente movimiento Alianza País, que se alzo con la mayoría de los representantes en la Asamblea Constituyente, y con un fuertísimo contingente en la Asamblea Nacional (léase Congreso Nacional).

Pienso y sostengo que esa maestría demostrada por el equipo del Ec. Correa, estaba asesorada por alguien que conoce el entorno de realidad política de América Latina y que además tenía los suficientes arrestos para sugerir crear las condiciones necesarias para la aplicación de las acciones políticas y de hecho, que se tomaron. Pero así mismo demuestra que los que conformaron la oposición y que básicamente la constituyen los que detentaron el poder alguna vez en el pasado, lo hicieron en medio de acciones parecidas a las actuales, esto es inicialmente demostraron sapiencia política y una vez controlados todos los poderes los utilizaron para controlar el país.

Entonces podemos afirmar que se está dando remedio del mismo frasco y si quieren convertirse en un verdadero contrapeso político, tienen que comenzar a aplicarse en la proyección de acciones limpias a realizar, porque si no, serán solamente un pequeño peso a cargar en el hombro del nuevo grupo gobernante del país. Eso sería desastroso, porque habrían servido únicamente para permitir la dictadura constitucional, esto es, un aparente estado de derecho.

Dentro de estas circunstancias, es preciso determinar en qué consiste la gobernabilidad y el manejo político, separando de hecho esos conceptos de los de truqueria, truculencia y politiquería. Las fronteras son muy permeables, delgadas, casi imperceptibles. La gobernabilidad es ese conjunto de hechos políticos que permiten que el gobernante tenga la capacidad de hacer. El manejo político es la capacidad de accionar dentro de los parámetros de la ética política gubernativa, pero sin adentrarse a condiciones ilegales o aprovecharse de circunstancias ilegítimamente creadas para obtener resultados fuera de los márgenes de la moral y la ética políticas. La truqueria y la truculencia política son hechos que ya hemos vivido: declarar loco a un presidente, ofrecerle a la cúspide militar el oro y el moro para que “retiren el apoyo a un presidente” o para que se embarquen en la misma canoa rompiendo su deber constitucional de no participar en las labores administrativas del estado. Encerrar a los diputados como lo hacía Bucaram El Malim y algún discípulo cuasi hijo ilegitimo, emulo de su padre putativo (por condición familiar) tratando de reeditar sus prácticas innobles. Nombrarse Presidente con un solo voto, etc.

Esa moral y ética política por la que hemos luchado, escrito, recibido amenazas e insultos, que ha pasado por las denuncias del botín político aduanero, SRI, petróleo, Inda, etc Esa moral política que esperábamos con Lucio primero, con Correa luego, vemos que es aún una ilusión óptica, no se ha iniciado el respeto hacia el concepto de moral política, de aceptar que la libertad de cada uno termina al empezar la del vecino. Eso es fundamental, aceptar que el marco de acción tiene eso un borde que es infranqueable, porque hacerlo representa invadir espacios éticos, romper las fronteras del respeto hacia los espacios ajenos. O sea es romper el concepto del contrato social que nos unifica en estos espacios denominados estados. Es necesario empezar a respetar la ley y conceptos normas existentes en la constitución.