El 25 de julio se nos ha pegado como fiesta fundacional, como si el proceso de existencia del Guayaquil de hoy arranca con los primeros pilotes que los conquistadores pusieron sobre el mangle o el cerrito verde. No. Guayaquil comienza a ser lo que es desde el 9 de octubre de 1820.

Guayaquil es una suerte de ave fénix que de alguna manera u otra ha vencido y dominado al fuego que varias veces amenazó con desaparecerla del mapa. Esto gracias a ese ánimo vanguardista que impulsa siempre a su gente. Ese afán a ratos la ha hecho olvidar su pasado y sólo pensar en el presente, para siempre granjearse un futuro mejor. Así somos.

Geográficamente el río Guayas nos marcó. Ese ir y venir de agua nos impulsó al comercio interno fluvial primero, y luego casi enseguida al comercio internacional; al mar. A mezclarnos y acoger novedades. A recibir con agrado la costumbre nueva, el hábito que hace mejor nuestro vivir, el último grito de la moda. Somos así y así nos marca la geografía misma. ¿Qué decir, entonces, de nuestra historia como región? ¿Nos ha marcado también? ¿La hemos tal vez olvidado, como si fuere un mal recuerdo?

Guayaquil es lo que es, y también el Ecuador debe mucho a esa fecha, gracias a la Fragua de Vulcano, la gran conjura de los criollos porteños. El nueve de octubre de 1820 es la partida de nacimiento de ese Guayaquil que hoy tal vez un poco disminuido en sus arrestos políticos, todavía sigue siendo imán de los ecuatorianos, centro trepidante de dinero y negocios, donde con sólo pisar sus calles se siente que aquí siempre pasa algo.

El próximo 9 de octubre de 2020 lo que otrora fue la Provincia Libre de Guayaquil celebrará 200 años de real independencia. Es nuestro bicentenario y propongo en estas páginas a la opinión pública la iniciativa GUAYAQUIL 20 20.

El Consejo Provincial del Guayas, su Prefectura y sus pares de las provincias que integraron ese histórico y efímero Estado de América del Sur, deberían conformar una comisión de festejos, que se integren a su vez por subcomisiones, que durante la década que nos restan para llegar al año 2020, presentar en cada uno de esos diez años de espera, varios eventos con duración por lo menos de 3 a 4 meses (que arranquen desde julio y concluyan en octubre), integrando música de varios géneros, artes escénicas de toda factura, pintura convencional y experimental, danza cimbreante, debates históricos sobre la fecha y sus implicancias para el Ecuador de hoy. Es decir, generar con el paso de esa década de espera una corriente de interés, motivación y conocimiento para que la población (guayaquileños y guayasenses unos; y ecuatorianos todos) se integre al proceso de festejos de, repito, nuestro bicentenario.

La M. I. Municipalidad de Guayaquil y el Consejo Provincial del Guayas tienen la infraestructura y el capital humano para ejecutar como unidad gestora el nacimiento de esta comisión de festejos y sus subcomisiones, escoger los nombres que las integrarán (más que por su prosapia, por su capacidad de ser voces diferentes en un bicentenario diferente) y la agenda mínima a desarrollar por ese ente. Es obligatorio contar con los cantones y prefecturas de Manabí, Los Ríos, El Oro y Cañar.

Guayaquil, como cuna del Ecuador de hoy, merece una celebración de esa envergadura. La relevancia del 9 de octubre de 1820 fue opacada por las dictaduras andinas nacionalistas y revolucionarias que embaularon el recuerdo de nuestros verdaderos próceres. Es momento de realzar la memoria de aquellos quienes realmente le dieron significancia a eso de querer ser país soberano.