En estos tiempos es muy probable que ser feliz sea un anhelo para muchos y una realidad para otros, una quimera para algunos y una auto-realización para otros.

Vivimos en tiempos difíciles, es cierto, crisis económicas, políticas sociales, el desempleo aumenta, las enfermedades atacan nuestro cuerpo, atravesamos dolorosas pérdidas, familias que se desintegran. Parece haber más de un motivo para concluir que ser feliz es la dicha de unos cuantos.

En mi concepto, la felicidad no se mide por cuánto tienes, ni hace distinción de razas, tendencias políticas o grupos sociales. Yo creo que ser feliz es la capacidad de optar por la propia realización personal en circunstancias en que otros optan por la locura, el lamento o el dolor. Es la elección de ver el lado positivo donde parece no haberlo, ver la mitad del vaso lleno donde otros sólo verían la mitad de un vaso vacío.

Sidhartha Gautama Buda, figura religiosa del budismo e hinduismo, quien estudió el sufrimiento, en la culminación de sus meditaciones y liberación del “falso yo”, y la exploración del Nirvana (que implica la liberación definitiva del sufrimiento de la existencia del ser). Despojándose del aferramiento dijo:”El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”. Se trata de desatar “los nudos de la mente”, es decir, abandonar todo aquello que nos oprime y nos impide continuar.

Muchas veces puedes elegir estar triste y esto es porque a través de lo que piensas creas tu propio concepto de la realidad. Otro día puedes elegir estar enojado y quejarte por todo aquello que no marchó de acuerdo a lo que planeabas. Pero aún así surge una disyuntiva y ésta radica en pensar: ¿Vale la pena estar triste?, o ¿Vale la pena estar enojado?

Eres el dueño de lo que piensas y esto a su vez te convierte en dueño de lo que sientes, ¿Por qué? Pues es sencillo porque aquello que piensas es aquello que sientes. Si piensas que eres magnifico, te sentirás magnífico, pero si piensas que eres pequeño, te sentirás un ser minúsculo. Y la cuestión es: ¿Por qué si suena sencillo sentirse bien, parece tarea difícil? Esto es porque en la medida que transcurre tu vida; tus pensamientos evolucionan o involucionan, y cuando lo segundo ocurre, te convences que eres victima de la circunstancias y luego piensas: “No puedo evitar sentirme así”. Pero tengo buenas noticias SÍ PUEDES EVITAR SENTIRTE ASÍ, y para convencerte te diré que tú escoges el sufrimiento, no él a ti. Puedes elegir sentarte a llorar por algo que probablemente no tiene solución o decidir que el dolor no morará en ti; entonces buscarás alternativas y harás frente a la situación sin dejarte consumir.

Que te duela una pérdida, una traición, o un mal día, no entra en discusión porque sin dudas dolerá, pero sólo piensa y pregúntate: ¿vale la pena que me sienta así?, ¿cambiarán en algo mis problemas solo con estar triste? Aprende a rescatar lo bueno entre lo malo, como si tuvieras una flor llena de espinas entre tus manos, tienes dos opciones: podrías quejarte del dolor que te produce su tallo, o en lugar de eso podrías pensar: “Es asombroso que en medio de espinas haya crecido una bella flor”. Se trata del enfoque que le des a cada situación.

Recuerda que el progreso tiene enemigos y estos son: el miedo y el dolor. Enfrenta y libra cada batalla, entonces habrás ganado la guerra. Enamórate de tu sonrisa, tienes razones para ser feliz, porque luego de cada final, sólo un nuevo comienzo está por venir.