Cuando se hacen cambios a una ley, como la de hidrocarburos, lo importante es su contenido, o sea el fondo, y no la forma como el presidente hizo, peor cuando no le corresponde interpretar procedimientos. Sin segundo debate sobre este tema en la Asamblea, se perjudicó a la democracia y muestra la ambición de poder del presidente que maneja el país a su antojo sin importarle los reparos de asambleístas que podrían haber contribuido con reformas a este proyecto, tal como que no se otorguen contratos y hasta campos productivos a compañías estatales extranjeras sin concurso o licitación.
Así como en el caso del proyecto de Ley de Comunicación, este gobierno no desea el bienestar de la nación sino incrementar su poder. Con la nueva Ley de Hidrocarburos se beneficiará a Venezuela, de donde claramente proviene la política nacional.
El presidente demuestra claramente su poco interés en el desarrollo del país cuando habla de muerte cruzada, que significa más incertidumbre y una desviación de la atención del público, preocupado actualmente por problemas nacionales concernientes a falta de seguridad y empleo.
Es lo mismo que sostengo con respecto a la posible revocatoria de su mandato que significaría una oportunidad para que el presidente no haga el trabajo que le ha sido encomendado, y para el cual ha probado ser inútil, sino que continúe con una práctica populista copiada de un libreto comunista.
