Para Scheznarda Fernández Doumet, asambleísta nacional, las leyes son un obsequio divino de Dios. Tremendo susto me llevé al ver y oír esta expresión de la ex reina de Portoviejo, publicada en el noticiero de las 8 PM de Ecuavisa de este martes 11 de mayo de 2010. El reportero Félix Narváez replicó con sorna tamaña respuesta. La legisladora se ratificó en lo dicho y con una sonrisa. Martes locos. A doña Scheznarda no le basta con ser sobrina del hoy reivindicado César Fernández para llamar la atención pública; ella, su boca y azarosas declaraciones le dan fama con suficiente autonomía.

No recuerdo proceso electoral en el que los capaces de votar hayamos elegido a Marlon Santi y sus pares de la CONAIE como voceros y defensores de nuestros intereses o derechos civiles y políticos. Los paros, cortes de carretera y pujas de hoy con la Policía Nacional son, entre otras cosas, por la forma que tendrá la famosa autoridad única del agua (Art. 318 Constitución del Ecuador). Según los de poncho y anaco, aquella autoridad debe ser una suerte de consejo intercultural y plurinacional, léase, sólo conformado por ellos. Otra vez el indigenismo turbado de los ochenta patalea en pleno siglo veintiuno. Vale recordar que Alianza País los abrigó en las campañas electorales; hoy los corretea por las hoyas andinas con la Fuerza Pública.

El 30 de mayo de 1972, el general Guillermo Rodríguez Lara, mediante decreto supremo No. 369 promulgó por su sola voluntad (y la del Consejo de Gobierno que en esa época elegían democráticamente por nosotros, dicho sea de paso) la Ley de Aguas, cuyos cuatro considerandos de ese entonces, se me parecen a los discursos altisonantes que oímos en voces de asambleístas que con esfuerzo más retórico que racional, fundamentan expedir una nueva ley del agua. Total, las leyes son obsequio de Dios, y por eso han de ser harto perfectas. ¿Verdad, abogada Fernández?

Si en el Gobierno Revolucionario Nacionalista de Rodríguez Lara se emitió esta ley y con el paso del tiempo, nuevos gobiernos, nuevos congresos y nuevos comisionados de legislación y codificación, la ley se transformó en un jirón jurídico que no cubría a nadie, ¿qué nos garantiza que la nueva ley que desvela a Santi, Interagua, camaroneros e industriales en general, correrá igual suerte? Las buenas intenciones de Rafael Correa Delgado no son suficientes. Los bandos que a su alrededor se han creado pueden salirse del mediano control que él todavía ejerce sobre Alianza País. Mañana, ese desvío de poder traerá descontento, cuando el factor económico nos apreté la cintura acostumbrada a cargar dólares en los bolsillos.

La ley será promulgada. Eso no me cabe la menor duda. Podrán incluir una que otra sugerencia indígena al final del día, pero la esencia del proyecto será igual al de la vieja ley de 1972. ¿Cambio? ¿Cuál cambio? Seguimos perdiendo el tiempo y mal gastando el dinero público. Grecia y España aterrorizan hoy económicamente a Europa y al mundo por el despilfarro sin sentido de un Estado de Bienestar irreal en el que el Fisco al que produce un dólar, le quita dos para financiar subsidios, bonos y prebendas o protecciones sociales. Cualquier parecido con nuestra realidad, no es pura coincidencia.