Señor Economista

Rafael Correa Delgado

Presidente de la República

Quito.

En esta ocasión, le contesto en forma pública la mención que usted hizo a mi comunicación del día 20 de Marzo. En dicha misiva, con el respeto que merece su cargo, le solicité una reunión personal, ya que sin ninguna razón para temerle era mi intención hacerle conocer sobre la desatención suya para con mi ciudad.

Más, en su última cadena sabatina expresó que no aceptaba la reunión porque la Junta Cívica de Guayaquil no representaba a nadie. Pero, como siempre se contradice la nombra a cada instante y en forma obsesiva, por lo que creo que hablar de nuestra institución se le ha hecho una compulsión y no puede dejar de referirse a la misma cuando tiene la oportunidad de hacerlo.

Respondió a mi carta bajo una velada argucia peyorativa, aduciendo que no tiene tiempo para dicha reunión y delega despectivamente a un Intendente de Policía para que me reciba.

Presidente Correa, su lenguaje primitivo de burlas, insultos o desprecios no me afectan, porque son propias de quien nunca ha entendido lo que es ser estadista. Por el contrario, me generan mucha hilaridad y me motivan para seguir en el camino que me he trazado, cual es luchar contra toda forma de autocracia. El que sí debería estar dolido por lo que usted dice es su Intendente, ya que con esa delegación minimiza la función del involucrarlo, para que lo supla asumiendo un diálogo que por temor o desdén usted se niega a mantener.

Oí en su cadena que no se reunía conmigo porque no tengo mínimos principios éticos, morales y escrúpulos. Porque a más de si tenerlos los practico en todos los actos de mi vida. Lo que si veo es que usted utiliza el mecanismo psicológico de la proyección, que en buenos términos significa endilgar a otros lo que en el fondo uno mismo lo es.

Yo soy su mandante y usted mi mandado.

Precisamente por eso y en la forma respetuosa como se lo he solicitado, usted tiene la obligación constitucional de recibirme, aunque por intentar fastidiarme diga que solo me represento a mí mismo.

No me tenga miedo y recíbame…

No lo voy a hipnotizar, ni le voy a dar sugestiones post hipnóticas.

No se preocupe, nada le va a pasar.

No cambiaré su modo de pensar ni de actuar, porque resultaría hacerlo más desdichado.

Le exijo que me reciba, pues como soy su mandante tiene que hacer lo que le pido.

Será la ocasión para que oiga frontalmente y sin tapujos, el pensamiento de quien no piensa como usted y tiene derecho a ser oído gracias a la libertad de expresión que me garantiza la Constitución y los muchos convenios internacionales de los cuales es suscriptor el Ecuador.

Espero día y hora para la cita.

Agradeciéndole de antemano su favorable acogida a mi segunda petición.

Atte.

Dr. Miguel Palacios Frugone

Presidente