(cc) por lumaxart - Flickr

Podría afirmar –sin riesgo de equivocarme- que muy pocas empresas u organizaciones piensan en estos temas al momento de escoger a sus “cerebros”, es decir a sus colaboradores. En lo profundo, es muy posible que en la comunicación con nuestra propia conciencia no nos hayamos hecho preguntas como ésta… ¿manejo adecuadamente mi relación cognitivo-emocional?

Y me expreso de esta manera tomando en cuenta que, hoy por hoy, el “trabajador del conocimiento”, en plena tercera ola toeffleriana, requiere estar preparado para desarrollar nuevas y nuevas competencias de manera tal que pueda permanecer “apetecible” en el mercado laboral y por supuesto convencido de su propia valía personal. Si piensa que sólo basta “conocer cosas” es decir, haber aprendido contenidos y ya, permítame decirle que… ¡está muy equivocado(a)!. Ya eso… ¡no es suficiente!

Cada vez son más las competencias –genéricas y/o específicas- que se requieren y éstas involucran ambos aspectos, lo cognitivo y lo emocional, por supuesto, así como el convencimiento de que sólo el mejoramiento continuo asegura sana autoestima y podría decirse que supervivencia en la aldea global.

Así pues analícese y analice a sus colaboradores, nuevos o antiguos, y en especial evalúe a quienes aspiran a ser parte de su organización… ¿manejan procesos básicos del pensamiento?, ¿pueden transferir procesos a su labor habitual, a su vida personal?, ¿leen correctamente, de manera textual, inferencial, analógica?, ¿cómo está manejando sus “filtros” o sus aprendizajes ineficientes e inefectivos?, ¿escuchas con atención?, ¿eres asertivo(a) en la comunicación interpersonal?, ¿percibes con claridad?... entre otras competencias derivadas de las respuestas a las preguntas anteriores…

Lo cognitivo, tanto como lo emocional se originan –muy por el contrario de lo que piensan los líricos y melancólicos- en el sistema nervioso central y tienen conexión directa de forma que lo uno pueda regular a lo otro. Cuando los extremos se imponen, es decir, cuando lo cognitivo se impone a lo emocional, nos encontramos con gerentes fríos, cerebrales, calculadores, mientras que cuando lo emocional se prioriza, tal vez veamos a gente afectuosa, agresiva o taciturna, dadivosa y hasta tierna. Para la gerencia, para la dirección, como para cualquier actividad humana debe haber un equilibrio que permita una vida plena en realizaciones de propósitos personales, organizacionales y de trascendencia que motiven la acción permanentemente. La pregunta es… ¿cómo?

Apartándome de lo óptimo –manejar adecuadamente la razón y la emoción- sucede que los perfiles no siempre son así, pues nos encontramos con todo tipo de personas muy bien preparadas, con especialidades y maestrías, experiencia, etc, que no pueden dirigir y que fracasan reiteradamente en la gestión. ¿Qué sucede?. En algunos casos los colaboradores ya le “han tomado el pulso”, reconocen en las actitudes del jefe cuando llega dadivoso y dispuesto a decir “sí” a todo, y cuando llega refunfuñando y capaz de echar a cualquiera de un tajo, así pues, el mal manejo de la relación cognitivo-emocional de quienes dirigen causa profundos y graves problemas en la gestión y crecimiento de las empresas y organizaciones.

Capacitación, urge capacitar en función de las necesidades propias de cada cargo. Las universidades se preocupan –y es entendible- sólo por el aspecto técnico y de conocimientos; hace muy poco en cuanto al desarrollo de competencias emocionales y las empresas muy lejos de saber cómo actuar responden cambiando de ejecutivos cada vez en vez con las consecuentes pérdidas económicas que eso implica.

La raíz de todo siguen siendo los procesos educativos que desde las edades tempranas escogemos para nuestros niños y niñas. Si es memorística y poco afecta al debate y la argumentación, peor a fomentar la retroalimentación, el resultado será que en la universidad exista confusión y se piense que sólo lo cognitivo es lo que se demanda para el éxito. Las encuestas nos dicen lo contrario, pues hoy, más que nunca, la asociación entre lo cognitivo y lo emocional da como resultado un manejo equilibrado y justo de las empresas y organizaciones. Trabajamos con seres humanos, desde allí conviene partir… ¿verdad?