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No comparto la idea que se le ocurrió a Miguel Palacios, Presidente de la Junta Cívica de Guayaquil, de ir a visitar a la CONAIE para lograr un entendimiento respecto a temas de esta ciudad ni el de las autonomías y competencias o del Código Territorial.

Los indígenas parten de otros principios, tienen una idiosincrasia muy opuesta a la nuestra, otras metas, y otra manera de conseguirlas. Son y serán metas distintas como el agua y el aceite, y ni poniéndose un poncho nuestro psiquiatra, terminará de estructurar un acuerdo con la CONAIE, salvo que este acuerdo en vez de ser doctrinario, solo sea coyuntural para tumbar al presidente Correa. Y luego que lo tumben, empezará nuevamente el problema de cómo darle a este país una correcta manera de organización geopolítica acorde con su variedad demográfica y geográfica.

Como que Miki Palacios andaría buscando un binomio indígena, mas me parece la tarea emprendida, que también resulta descabellada, pese a que ya veo en la televisión a mujeres indígenas bastante preparadas y algunas muy bonitas.

Guayaquil parte y surge de los principios liberales innatos en sus gentes, acostumbrada a forjarse por sí misma, a resolver sus problemas con riesgo e iniciativas propias, emprendiendo y sin contar con el taita Estado, y lo concibe a este como un ente necesario aglutinante para mantener una coherencia legal, monetaria, administrativa y proporcionar una infraestructura a este hermoso paisaje que es lo que realmente todavía somos.

La autonomía guayaquileña busca que el Estado deje espacios abiertos para que no se limite ni frene su capacidad local de crear y emprender a favor de su propio beneficio. El indígena concibe que su desarrollo viene y emana del Estado, y que su socialismo ancestral les debe proporcionar un esquema de vida asegurado a través de los siglos. Olvidan que muchísimos indígenas que bajaron de los páramos poblaron la Costa ecuatoriana, y que por el clima y por la ausencia del Estado emprendieron, y se convirtieron y triunfaron dentro del mundo empresarial y consumista que es el que nunca la CONAIE lo aceptará con o sin Correa. Pero la CONAIE es netamente como institución revanchista y quiere imponer un estilo de vida y mentalidad ancestral a la Costa ecuatoriana y a Guayaquil especialmente.

El episodio resulta una desgraciada anécdota que desdibuja a aquello que idealizamos algunos guayaquileños cuando conformamos a esa entidad ahora me luce en plena campaña política demasiado anticipada. Sus estatutos lo prohíben, y me apena darle la razón a Rafael Correa, quien ya tiene en su mano razones y argumentos para disolver a la Junta Cívica como persona jurídica.

Cómo la capacidad política de Rafael Correa y el avance incontenible de su proyecto de esperanza, restan capacidad de reacción a quienes vemos como se levanta tan horripilante edificio llamado ETA (Estado Total Absolutista), es posible que tomemos medidas desesperadas, y creo que quizás por ello Miguel Palacios tomó esta iniciativa tan oportunista como inconsistente.

Por mi parte creo que algún día, aquel edificio del Estado total y absoluto se derrumbará solito por el exceso de cargas sociales, utópicas e infinitas, y no porque alguien lo tumbe. Mientras eso suceda hay mejores tareas para la querida Junta Cívica de Guayaquil, como por ejemplo volver a imprimir y repartir el cuadernillo que su anterior Presidente, el Ing. Carlos Baquerizo, dejó como su mejor legado, que es la cartilla de advertencias para el caso de sismos en la Guayaquil. Cuando Carlos Baquerizo la repartió, no tuvo mucho eco ni importancia, porque la prensa sigue las temáticas coyunturales, pero creo que luego de lo de Haití y Chile, este es un tema interesante para que el Directorio que le ha sucedido, se entretenga en vez de ir a pelar papas con la gente de la CONAIE.