(cc) por Ben Heine - Flickr

Convocaron a unas elecciones a ciudadanos de un país que creía existir y que resultó que no, que no había existido. El Tribunal Electoral, hoy llamado Consejo Nacional Electoral (copiando a Venezuela que se la quiere convertir en nuestra Alma Mater) que organizo las elecciones, sin embargo de haber sido desconocida por el grupo de Arrasa País, dio la victoria a este “partido”.

Posesionado el Jefe el nuevo estado, criticando y desconociendo todo lo existente a lo largo de nuestra Historia Republicana, decidió fundar un Estado que venía a ser una fanesca entre Cuba, Venezuela e Irán, con un aderezo especial proporcionado por los comunistas vascos. Para el objeto, se declaró Capital Temporal a la Ciudad de Montecristi de la Provincia de Manabí. Cabe anotar que para convertir este pintoresco y típico caserío en “ciudad” se gastó una cantidad ingente de dinero.

Elegido el economista Alberto Acosta, amigo del alma y coideario del Jefe de Estado, se inició el proceso de creación del Nuevo Estado, patria de todos y que a la vuelta de los meses cada vez es patria de menos ya que excluye a: abogados, doctores en derecho, periodistas, profesionales, estudiantes y todo aquel que ose pensar diferente.

Las cosas se fueron poniendo cada vez más feas, excluyentes y absurdas. El economista Acosta hizo varias reflexiones a su amigo, obteniendo como respuesta la habitual serie de improperios característicos, con lo cual el economista Alberto Acosta se retiró del proceso, reflexionando sobre el caos en desarrollo y sobre su concepto de “amistad” y “coideario”.

Inmediatamente El Jefe buscó a alguien más maleable, alguien de material flexible y moldeable, como la plastilina o el corcho. No había nadie de plastilina pero si encontró a alguien e un corcho de excelente calidad, que resiste los mismos improperios e insultos que sufre la ciudadanía, sin siquiera descascararse. Un material tan resistente resultó útil como: Presidente del Congresillo, Presidente de la Asamblea, sin que nadie le haya nombrado y menos el pueblo que no tuvo ni voz ni voto.

Se dictó una Carta Magna, que el pueblo la conoce como “La gordita Horrorosa” por gorda, ampulosa y sin pies ni cabeza (legalmente hablando). Paso a paso, bronca si, bronca no, discusiones y reflexiones, terminó creado el documento. Pero, de la noche a la mañana, apareció un nuevo texto elaborado por unos españoles “asesores” que saben mucho de este nuevo socialismo siglo XXI y muy poco de nuestra realidad ecuatoriana.

En próxima entrega analizaremos los absurdos incoherentes contenidos en lo que hoy es nuestra Constitución.