(CC) por Lumaxart - Flickr

Definitivamente no hay oposición. Y no porque no haya líderes que la representen sino porque cada uno anda por su lado. Entonces, cuando Rafael Correa habla sobre las marchas, los plantones, las caminatas, las rueda de prensa en parques, la colocación de pancartas, se refiere a ellos como actos ridículos. Y creo que no por el hecho que los motiva - algo que hasta ha demostrado gusta discutir - sino por los “cuatro pelagatos”, como él los señala, que están detrás de ellos.

Algunos dirán por ahí como un punto más en su contra que es intolerable que como padre de la patria desprecie todas esas manifestaciones de democracia por muy pequeñas que sean. Y claro que es así. Pero seamos sensatos o más bien prácticos: la democracia aquí y en todo el mundo se transforma en fuerza avasalladora y se torna decisiva cuando hay mayoría. Por supuesto que no podemos asegurar que él tiene mayoría - ¿o cree usted en las encuestas? - , pero cuando en marchas como la de César Montúfar a la que ni él mismo fue y en las que sólo se llega a distinguir a siete personas cuando aparecen las cámaras, ¿quién demuestra estar en menor posición?

Me van a disculpar los líderes que no comulgan con este gobierno y se sientan aludidos pero creo que están pecando de egoístas. Parecería que cada uno de ellos sueña y vive con querer ser Presidente. O volver a serlo. Se aparecen en entrevistas por radio y televisión cada uno con su visión de lo que creen debería ser el Ecuador. Cada uno erigiéndose fórmula de salvación. Cada uno con una nueva y colorida forma de protestar. Cada uno con duras frases de rechazo. Pero esos esfuerzos devienen cálculos políticos porque no son capaces, por ejemplo, de analizar o reconocer en público el modelo de desarrollo palpable que tiene Guayaquil. Y esto por temor a aupar a Jaime Nebot al sitial de líder que tanto desean ser. Y, sin embargo, no tienen un proyecto concreto, parecería que ni siquiera ideología. Por eso no convencen a nadie.

Y aquí vale aprender la lección de la historia. ¿Saben lo que hizo a Rafael Correa arrasador? La organización de la tendencia. Allá todos quienes la representan –mpd, pre, une, movimientos sociales, gremios, socialistas, comunistas, intelectualistas, ex guerrilleros, “independientes”- comprendieron que tenían que apuntalar a una persona para concretar su utopía ideológica al que hasta le dieron un nombre: Revolución Ciudadana. Para llegar a ella, se unieron en torno a él. Armaron sus bases corriendo la voz de que era el momento y “halaron para el mismo molino”. En las elecciones se presentaron en Alianza y pudieron fortalecerse así a nivel País. Magistralmente se agarraron de la Constituyente para despertar la expectativa de cambio total que quería la gente y en la redacción de las leyes empezaron, programáticamente, a concretar sus sueños. Hasta un mismo grito de guerra adoptaron –aleeerrrtaaa, aleeerrrtaaa-. Ellos sí se transformaron en verdadera oposición, actuaban y hablaban monolíticamente, pusieron manos a la obra y le ganaron como nunca a quienes siempre detentaron el poder. ¡Y miren dónde han llegado! Por eso confieso que me saco el sombrero ante este proceso.

¿Qué debieron hacer los que quieren hacer una verdadera oposición? Al día siguiente de la marcha de Guayaquil, contestar con sus actos el “después de la marcha qué” que tantos necesitaban se responda para darle un sentido a la manifestación. ¿Cómo? ¡Pues generando el ambiente de despertar a la realidad política! Tenían que haber unido y mostrarle a los de ahora que dispuesto a poner su pecho como escudo no está solo uno sino muchos que representan a muchísimos más. Pero claro, no cada uno por su cuenta sino ya alineados por el mandato que nacía no de sus egos sino del masivo grito popular que se dio ese 11 de febrero. Así demostraban que en verdad están para servir a un objetivo sublime y no a sus vanidades o a las pasiones que se han generado en medio de tanta confusión.

Esa masa que salió a las calles era la herramienta para por lo menos pregonar “el balance” porque con ella quedaba demostrado que no es como dicen los verdes que son pocos sino miles de miles quienes no quieren lo que está pasando. De su celeste fogosidad debieron haberse aferrado para empezar desde cero y hacer lo mismo que hizo la izquierda - aceptando incluso como ella la necesidad de la única cabeza visible - para empezar la gran cruzada.

Han perdido mucho tiempo pero igual sigo creyendo que éste es su tiempo porque lo he intuido en las calles y en los barrios. En los universidades y en los clubes. En los foros y en las disertaciones. Ya brilla otra vez la chispa de la libertad y quiere propagarse. Guayaquil, quien ha sido siempre líder y ejemplo en legítimos procesos libertarios, la prendió. Ustedes que son sus líderes ¿van a dejar que se apague?

Olmedo y los de la Fragua de Vulcano pensaron en grande y por eso hicieron algo grande. Todos ellos empezaron con sublimes renunciamientos y sumaron. No esperen que los llamen. No dejen que los inviten. Vayan y háganle entender a quien tengan que hacerlo - estoy segurísimo que las puertas se abrirán - que en la tarima de Nueve de Octubre y Malecón también tienen que estar ahí. Porque también son líderes. Están del mismo lado. Quieren lo mismo. Y ha llegado la hora.