Allá por 1975, según reseñas de sus obras, Guayasamin plasmó una de sus más polémicas pinturas a la que tituló como EL MACUTO. A esta controversial obra de Oswaldo Guayasamin, nacido en Quito el 6 de julio de 1919, ya fallecido, hijo de padre indígena y madre mestiza, ferviente adepto de la teoría comunista, cuyo evidente estilo fue denunciar a través de sus obras los horrores y los dramas del huasipungo en nuestro continente, se le ha dado tal relevancia que organismos de fuerte oposición en Venezuela están utilizando como una especie de bandera de lucha su asombrosa similitud de EL MACUTO con el presidente Hugo Chávez de ese país.

“Mi pintura es para herir, para arañar y golpear en el corazón de la gente. Para mostrar lo que el Hombre hace en contra del Hombre”. Habría expresado alguna vez y en su momento este gigante exponente de la pintura universal.

Según relatan estudiosos en la materia, Guayasamin vaticinó que aparecerá un FASCISTA HITLERIANO que destruiría no solo el futuro de su país, sino que creara conflictos internacionales, y que su final estaría inmerso en un baño de sangre desde su mismo entorno, lo que sucedería luego de una década en el poder.

He allí el surgimiento de tremendas controversias que ha originado esa obra de nuestro coterráneo plasmada hace 35 años, pues organismos cívicos venezolanos de oposición, tales como VENEZUELA LIBRE, denuncian que el pintor ecuatoriano tuvo en el momento de inspiración de su obra, la visión del perfecto gorila militar y bruto latinoamericano, quienes incluso ahora se preguntan si además de un tremendo exponente de las artes plásticas, a lo mejor Guayasamin guardaba para si las dotes de un clarividente. Hago énfasis en recordar que para la fecha en que Guayasamin concluye su obra El Macuto, el dictador venezolano HUGO CHAVEZ contaba entonces con apenas 20 años.

La dirección y la práctica de mis conceptos ideológicos han sido, son y serán aquellos identificados con los principios de la línea de derecha humanista. Es decir, ideología totalmente contrapuesta con aquellas que nuestro compatriota pintor supo siempre manifestar, aunque se ha dicho que no siempre supo poner en práctica en su vida cotidiana mientras gozaba de merecida fama mundial. Mas sin embargo, nadie, absolutamente nadie puede atreverse a desconocer el inmenso talento de este monstruo de las artes plásticas en cuya obra en cuestión tal parece se adelanta en el tiempo para asombrosamente ponernos a meditar y debatir en el sentido de que, si la inspiración de dicha obra, algo tiene que ver con Hugo Chávez, presidente de Venezuela, además causante de una desgracia sin nombre de un pueblo que literalmente nadando en petróleo, precisamente su gente más pobre se debate en la más grande miseria y en la más perversa opresión.

Tampoco para nadie es desconocida la infinidad de veces en que Chávez ha roto ciertos esquemas diplomáticos y ha puesto en aprieto a la comunidad internacional por la serie de exabruptos que día a día acomete. Un reciente y triste episodio: Su agria polémica con el mandatario colombiano en la última Cumbre por La Unidad Latinoamericana-Caribe realizada en México.

Dejo a vuestra consideración entonces la interpretación que cada uno le dé a esta obra. Lo cierto es que los actos cicateros de Chávez, el dictador de Venezuela, símiles o no con la inspiración de Guayasamin a través de El Macuto, desnudan una triste y cruel realidad de un pueblo hermano que obviamente no merece tal afrenta.