(CC) Por thejourney1972 - Flickr

Una de las debilidades más grandes de la Gran Colombia fue el permanente atropello al estado de derecho. No existía institucionalidad. Lamentablemente, esta situación todavía prevalece en nuestra región y no se ha podido erradicar, por lo que sigue siendo simplemente materia de estudio en las universidades. Nació desde la forma de gobernar de Bolívar y Santander. El primero se dedicó a viajar por todo el territorio y a tratar de consolidar su poder enfrentando a todos los disidentes. Encargó el poder a Santander, quien en algún momento conspiró contra él. El poder ejecutivo, llamado a administrar y desarrollar el país, no cumplió con sus responsabilidades.

La división de poderes, con el objeto de establecer pesos y contrapesos, data desde 1652, a raíz del fin de la guerra civil en Inglaterra, que concluyó con el fortalecimiento del Parlamento y la reducción del poder del rey. Para cuando se terminaron las guerras de la Independencia, otros países europeos y Estados Unidos habían adoptado tal división, por lo que Bolívar, Santander y demás protagonistas de la Gran Colombia estaban informados, especialmente el primero al haber mantenido extensa correspondencia con Jeremy Bentham, jurista y constitucionalista inglés, y Henry Clay, distinguido parlamentario estadounidense que también fue Secretario de Estado.

Durante la vida de la Gran Colombia, el Congreso sesionó irregularmente y no cumplió con sus responsabilidades. El ausentismo de los representantes de Venezuela y Ecuador fue notorio. Para los representantes de Ecuador, la situación fue más crítica, rara vez participaron en las sesiones. Algunos factores contribuyeron a que la función legislativa no cumpliera el rol para la que fue creada, comenzando por el interés de Bolívar a no ser fiscalizado y manejarse con decretos ejecutivos. Al mismo tiempo, el Congreso promulgó leyes que perjudicaron a Ecuador, como las relacionadas con aranceles aduaneros y prohibición de exportación e importación de productos y de mercados.

De su parte, Bolívar se encontraba muy cómodo con un Congreso que no lo fiscalizara y apeló a la seguridad nacional para tomar medidas que no le competían. Irónicamente él no practicaba lo que predicaba, en la Gran Colombia la democracia se quedó en palabras.

Joaquín Posada Gutiérrez, prócer de la Independencia de Colombia y prestigioso historiador, en su obra, Últimos días de la Gran Colombia y del Libertador, afirma:

“Aunque no aceptara el Libertador la dictadura que le diera el acta de Guayaquil y las de Cuenca y Quito, que continuase el régimen constitucional, en el hecho venía ejerciendo por todo el tránsito e! poder dictatorial en su plenitud, expidiendo decretos de naturaleza legislativa o de las atribuciones del gobierno que ejercía en la capital el Vice-presidente”.

Posada sostiene que el primer acto dictatorial de Bolívar fue cuando obligó a los guayaquileños a darle facultades extraordinarias. Restrepo, Ministro de Santander y también distinguido historiador, en su libro La Historia de Colombia, coincide con Posada, escribe que Bolívar concedía

”…ascensos y recompensas a los que eran más adictos a su persona, especialmente a los que habían promovido las actas de dictadura; anulando sentencias judiciales: conmutando en otra la pena de muerte: él en fin, mandó pasar por las armas en Pasto, a reos cuyo proceso no se había terminado”.

Posada pone como ejemplo de arbitrariedad el nombramiento de coronel a Tomás Mosquera, sin la autorización del Senado. Mosquera ejercía el cargo de Intendente de Guayaquil y fue nefasto para los intereses de esta ciudad. Otro ejemplo fue tratar de imponer la Constitución de Bolivia en Perú, Ecuador y Colombia. Los tres países la rechazaron, con mayor vehemencia y repercusiones, Perú y Colombia.

Santander logró convencer a Bolívar que la ley prohibía modificar la Constitución y lo aceptó, pero Posada agrega:

“… dentro de uno o dos años, [Bolívar] deseaba que se adoptase la constitución boliviana, con un presidente y un senado vitalicios, para dar al Gobierno probabilidades de duración, con medios para mantener la paz, sin lo cual la libertad nunca se afianzaría. Desde los primeros días de la Revolución tuvo el Libertador estas ideas, y… persuadido como estaba de la dificultad de consolidar entre nosotros una república exageradamente democrática, con multiplicadas elecciones periódicas, y temiendo que ninguno de estos Gobiernos de cimientos deleznables, combatidos por las oleadas electorales, sin poner ningún límite a la ambición, pudiera sostenerse; de lo que resultaría que cada bamboleo del poder público traería la guerra civil, que es la peor de todas las calamidades sociales, y tras ella la tiranía en nombre de la libertad”.

Sobre este tema, Bolívar en carta al General Antonio Páez, le escribe:

“Confieso a usted francamente que tengo muy pocas esperanzas de ver establecido el orden en Colombia, tanto más que yo me hallo sumamente disgustado de los acontecimientos de las pasiones de los hombres. Es un verdadero horror al mando y aun al mundo el que se ha apoderado de mí. Yo no sé qué remedio pueda tener un mal tan extenso complicado y tan A mis ojos la ruina de Colombia está consumada”.

Sin estado de derecho, no hay estabilidad política, ni económica, tampoco libertad para lograr el desarrollo económico sostenido. Lo que existe es caos y se dio a mano llena durante la vida de la Gran Colombia.