Ignorancia o ignorante, aplicado en sentido absoluto a una persona o grupo social; equivale a un insulto que manifiesta una degradación en la escala social y en la valoración individual. Sin embargo, cuando se aplica a un contenido concreto significa “no saber algo determinado” frente al conocimiento de otras muchas cosas o “tener un conocimiento imperfecto” Por lo anterior, todos tenemos algo de ignorante. Y aquellos que son “sabelotodo” e inextinguibles dueños de la “única” verdad, son los más ignorantes que existen.

François de la Rochefoucauld, destaca: Tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse.

Ignorancia significa no saber algo, estupidez significa no ser capaz de aprenderlo, y necedad significa hacer algo contrario a lo que uno sabe que le conviene. Ignorancia, estupidez y necedad son conceptos muy diferentes.

Quito ha recibido más ayuda del Gobierno que Cantón alguno, mérito para ellos, es una bella ciudad con muchos atractivos centenarios y coloniales que merecen ser cuidados. Efectivamente, ella logró la “La Ley del Fonsal” que fue aprobada en diciembre de 1987, durante el gobierno del siempre envidiado Presidente Constitucional y democrático estadista: Ing. León Febres-Cordero, un caballero de profundo sentir Liberal que terció como miembro y líder del Partido Social Cristiano”, habiendo durante su mandato respetado a las personas decentes de cualquier condición económica, creencia, color, o preferencia social. Nunca promociono el culto a su personalidad ni se volvió un sátrapa arreador de borregos, corderos o pavos. Entregó el poder de un Ecuador con buenas vías, nuevas actividades productivas y un muy bajo índice delincuencial.

Viéndose los resultados de estos aportes del Fonsal, en diciembre de 2002, el Congreso Nacional aprobó la ley que otorgaba, a través de donaciones voluntarias, participación en el Impuesto a la Renta a todos los municipios y consejos provinciales del país.

Quito y Guayaquil fueron las ciudades más beneficiadas por la donación del 25% del Impuesto a la Renta (IR). Según reportes del Servicio de Rentas Internas (SRI). En 2005, la capital recibió $30,7 millones (adicionales) mientras que el Puerto Principal tuvo acceso a $37,9 millones del total de $127,5 millones donados por este concepto. En ese año, el SRI generó en Impuesto a la Renta $1 223 millones.

Luego de estos municipios les siguen las ciudades de las provincias amazónicas que reportan un alto ingreso debido a las contribuciones de las empresas petroleras. Lago Agrio, registró $8 millones; Orellana, $7 millones, y Shushufindi, con $4,1 millones. Ibarra recibió una cantidad menor, pero la utilizó bien en obras de mejoras y adecentamientos.

Por medio de una resolución se eliminó esta Ley: “Porque ‘Papito’ Gobierno es el único que tiene la capacidad e inteligencia de poder repartir los fondos”, para lograr aprovechamiento político. He ahí porqué la población insiste que el faltante es mayor que el reclamado. Además, nadie puede comprender cómo es dable que la Presidencia destine treinta millones a instalar “periódicos” y solventar pérdidas; no obstante, no pueden entregar la mitad de ese monto que en justicia le corresponde a nuestro Cantón.

Se pierde en la soberbia palaciega la clara noción de que si por las buenas maneras y decentemente se pide el diálogo para lograr justicia y la otra parte se niega y burla; más aún salen sus compinches a amenazar y prevaricar en contra con tal de quedar bien con el patrón, queda un sinsabor en la gente que se traduce en problemas mayores.

Los lambones que creen que los van a amamantar quedarán haciendo chuscos, mientras los pobladores aplican el viejo refrán: Nada nuevo hay bajo el sol y “si las barbas del vecino ves mojar, pon las tuyas a remojar”