(c) por Ben Heine - Flickr

Cito a Pablo Cazau “¿Quién no deseó ser alguna vez como Superman o como Dios? ¿Quién no se embriagó con esa cosa llamada Poder, y que alguna vez Henry Kissinger llamara el ‘afrodisíaco definitivo del hombre’ (cuanto más se tiene, más se quiere)? ¿Y quién, en fin, no repudió alguna vez tales íntimos e insensatos anhelos asumiendo la identidad del humilde? Porque ya lo dijeron una vez los seguidores de Joung: quien por fuera se muestra modesto, inconscientemente se siente poderoso, así como quien necesita ostentar poder, por dentro se siente insignificante”. Y esa insignificancia, agrego yo le impulsa a ratificar un creciente e infinitas ansias de poder.

Es un círculo vicioso infernal: Chávez, Fidel, Hitler, Correa y tantos más. No abandonan el poder democráticamente sino que solo la muerte los separará de ese manantial de vitalidad. La tendencia de este tipo de personajes, que los hay muchos en la historia económica y política de la humanidad, es a ensimismarse y confundirse o tutearse con Dios.

El ser humano al nacer en inferioridad de condiciones, ya que debe ser amamantado y cuidado para sobrevivir, desarrolla un consecuente sentimiento de inferioridad que deberá resolverlo en la medida que crece, para llegar a ser una persona adulta y equilibrada. Unos lo logran en mayor o menor medida, otros no. Este sentirse inferior no es muy agradable, por lo que el ser humano que no ha logrado ese equilibrio emocional, comienzan a rebelarse buscando reconocimiento y requerirán indefinidamente cada más atención, (ahí se originan las Cadenas Nacionales, el control de la prensa, y el ser protagonista y dueño de todos los poderes del Estado, el estar omnipresente en todos los foros, y poblados).

Estos personajes no se darán nunca cuenta que es lo que les impulsa en esta errada dirección es simplemente ese sentimiento de envidia derivada de su enquistada posición de inferioridad no superada. Por eso es tan importante tener a su haber una “infancia feliz”. En la infancia de cada cual está la explicación. Lastimosamente estas personas no tienen curación, y nunca estarán satisfechos de lo que hayan alcanzado en reconocimiento de su yo. Se quieren ver en el espejo de la prensa y de la televisión, todos los días, en todo momento, y lo que es peor:!para siempre!

El ser humano buscará compensar su sentimiento de inferioridad desarrollando un sentimiento de superioridad de naturaleza egoísta e individual. Esas personas abusaran del poder, en cualquiera de las cantidades y oportunidades que alcancen. Son déspotas con su familia, con sus colaboradores y con todo lo que se ponga en frente. Y no hay manera de corregir este estado de invalidez emocional.

Individuo sano es aquel que sabe conciliar su actividad sexual, social, laboral o familiar satisfaciendo al mismo tiempo su sentimiento de inferioridad bien resuelto, de tal manera que puede convertirse en un demócrata de verdad e integrarse adecuadamente a su entorno comunitario. Quien rodeado de policías y gente de seguridad se baja de su automóvil blindado, para dar alcance a quien le hizo una mala señal con el dedo de su mano, olvidando la teórica “majestad” del poder, simplemente lo que está haciendo es reaccionando de acuerdo al grado de reconocimiento permanente que su sentimiento de inferioridad le impulsa hacer. No hay equilibrio emocional.

De esta manera es que se transforman el ser humano en un ser engreído, tirano y totalitario, ya que hace prevalecer su sentimiento de inferioridad a costa del sojuzgamiento de sus semejantes. Su objetivo de sentirse superior para tapar su inferioridad emocional, estará por encima de cualquier otra consideración. Así funciona el virus llamado poder y que lastimosamente corroe las entrañas de la democracia.