(CC) por Charlie Perez - Flickr

Nuevamente asistiremos a una marcha en defensa de Guayaquil. No sé cuantas fueron y cuantas más serán durante los años que yo viva en Guayaquil. Asistiremos no por la convicción de lograr resultados económicos, sino por coraje, rabia y frustración.

Las marchas multitudinarias si logran resultados a la larga porque caracterizan a un espíritu rebelde que no lo ponemos perder. ¿Le entregaran al Municipio esos dineros que reclama? No creo que la gordita buena moza que se ha adelgazado precisamente no en ejercicio de su cargo de Ministra de Finanzas, sino acudiendo a otros métodos quirúrgicos muy usuales hoy en día, los gire así no más. Lastimosamente no hay un Nebot en cada ciudad.

Cuando en 1966 se tumbó a la dictadura militar, el paro que se organizó en Guayaquil y que bloqueó el Puerto Marítimo, duró lo necesario hasta lograr el efecto deseado. Se cerraron banca y comercios En ese ambiente la revuelta fue continua y eficaz.

Cuando marchamos por las autonomías, y logramos excelentes resultados en las urnas hace ya más de diez años, logramos levantar la fe de que las cosas iban a cambiar, y de hecho se avanzó en cuanto a mejoras en el sistema de reparto y eficacia de los regímenes locales. El municipalismo avanzó. Vimos que rápidamente las obras fluían, obras que bajo el régimen centralismo estaban estancadas como por ejemplo el servicio de registro civil, aeropuertos, terminales terrestres, túneles y vías ensanchadas por doquier. El municipalismo avanzó y Guayaquil pudo seguir adelante en su gran transformación que ahora se quiere frenar.

Todo eso se derrumbó con la REVOLUCION CIUDADANA, que usó la estrategia de poner a Guayaquil como el adversario a vencer. Correa necesitaba un contradictor y nos usó como para aglutinar al resto del país. Usó a Samborondn para dividirnos casa adentro. Me recuerdo con claridad cuando se iniciaron las bregas de las banderas contraponiendo la tricolor, sobre la celeste y blanco, enarbolándolas en el mal llamado Puente de la Unidad Nacional, cuyo nombre luego se cambió. Fue una lucha de banderas, que terminó sin vencedores ni vencidos, sino con la promesa, no concluida todavía, de construir el cuarto puente chino, el mismo que finalmente será un beneficio para la ciudad.

El mismo nombre del Movimiento País, está diseñado no para unificar, sino para contrastar con Guayaquil. Las reformas constitucionales son centralistas. Por otra parte la personalidad de Rafael Correa está resultando fuera de control. Ofende, insulta y hasta persigue físicamente para imponerse como revoltoso barrial tal como acaba de suceder en Machala. Luego se mimetiza y se disculpa. Histrionista de verdad. ¿Qué pasaría si en la marcha que vamos a efectuar algunos carteles dibujados con dedos obscenos expresan su desagrado de la forma y manera como estamos siendo gobernados? ¿Los meterán presos como a los dirigentes de la Nueva Junta Cívica? ¿Filmaran la marcha buscando registrar a aquellos personajes cuyas vidas privadas irán a ser investigadas por algún fiscal? ¿No es que acaso se está imponiendo un estilo pendenciero, un sistema democrático lleno de trampas con el objeto de imponer una revolución no en función de una doctrina sino de una persona alocada y sin control ni inteligencia emocional? A todos esos temores tenemos que vencer.

Creo y sostengo que esta marcha será tranquila, enorme, y el sábado siguiente, conforme a la rutina, oiremos a un Presidente más ponzoñoso que nunca predicando su verdad. Veremos mil cuñas en contra de Nebot. Pero la marcha es una obligación de la ciudad para manifestar su desacuerdo y mostrar su temperamento. Vamos a marchar, porque esa ha sido la característica de esta ciudad en contra de un longevo sistema y pretensión de centralismo total..