(CC) por Presidencia de la República del Ecuador - Flickr

Luego de tres años de gobierno, el oficialismo sostiene que su principal logro fue la expedición de una nueva constitución. Dicen que a diferencia de las 19 anteriores, la actual sí que satisface la demanda de la gran mayoría de ecuatorianos, y que eso, en definitiva, es bueno; unos pedían respeto a la propiedad privada, ahí la tienen junto a la garantía de la propiedad colectiva; derechos grupales y derechos individuales; el derecho al beneficio de los saberes ancestrales con la misma jerarquía que el derecho a no ser torturado.

Cuatrocientos cuarenta y cuatro artículos, sumados los muchos numerales presentes en algunos de ellos, así como los literales dentro de ciertos numerales, fueron necesarios para atrincherar los intereses de los grandes grupos históricamente marginados por esta especie de sistema feudal que pervive aún en nuestros días.

Asimismo, el “sabio” constituyente puso mucho énfasis en el diseño de un control de constitucionalidad eficaz, que haga cumplir, por fin, la norma constitucional. Para ello se cambió el nombre de Tribunal por el de Corte, se agregó una que otra nueva atribución a este organismo, se modificó el mecanismo de selección de sus integrantes pero sólo a partir de la primera CC, porque entre el extinto Tribunal y la Corte número uno, nueve ciudadanos se animan a firmar cuanta ridiculez les dan redactando sus asesores que, con audaz ignorancia, pretenden dar cátedra de teorías del derecho, y de teorías de la justicia diseñadas para el mundo ideal, por cierto. Nueve “eruditos” que miran impávidos la violación de los derechos, cuyo respeto deben forzar pues, desde octubre 21 de 2008, se autoproclamaron los máximos garantes de los Derechos y la Justicia en el Ecuador. Los demás órganos del Estado, en especial una de las 5 funciones (a más funciones menor riesgo de autoritarismo, Grande ruptura de los 25) a título de aplicación de viejas leyes expedidas por los mismos de siempre, por la partidocracia, desconocen y vulneran cuanto derecho obstaculice su improvisada política del nuevo socialismo para este milenio.

Así, educación gratuita de tercer nivel sólo para los pocos afortunados que alcanzan un cupo, ¿y la universalidad de la educación universitaria qué? Libertad de expresión del ciudadano de a pie que, por aprovechar la escasa oportunidad de ser escuchado por el primer mandatario, se le aplica la pena del delito de atentar contra la “majestad” del presidente, tipo penal propio de regímenes teocráticos o totalitarios. Ecologismo infantil infiltrado en las filas de PAIS, y ahora la naturaleza es sujeto de derechos constitucionales.

El Habeas Corpus, aun para los detenidos conforme a derecho pero que reciben su “rehabilitación” social en condiciones indignas, torna prioritario, en vez de gastar dinero en generación termo eléctrica durante los apagones, la construcción de “hoteles” para los presos. El Estado ecuatoriano obligado a correr con los gastos millonarios del tratamiento especializado para tratar el cáncer, dispone el derecho a la atención prioritaria para quienes padecen enfermedades catastróficas.

“Miren el texto, y encontrarán tonterías –miren más allá del texto, y no encontrarán nada.”, fue una de las frases utilizadas por el ilustre pensador inglés Jeremy Bentham, refiriéndose a la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, de agosto de 1789. Cuán pertinente para calificar al logro más significativo de la revolución ciudadana, según sostienen sus voceros menos impresentables, en estos tres (¿primeros?) años ejerciendo el control de casi todos los órganos del Estado; a estos revolucionarios les calza, también, la siguiente frase del mismo pensador: “Su lógica está de acuerdo con su moral –un torrente perpetuo de idiotez, surgiendo de un abuso perpetuo de las palabras.”

De acuerdo a los de PAIS en Montecristi, los derechos constitucionales se rigen por 9 principios, uno de los cuales sugiere que existen derechos intrínsecos a la dignidad de las personas: “Derechos Naturales es una simple estupidez: derechos naturales e imprescriptibles, una estupidez retórica –una estupidez sobre zancos.”, sostuvo el padre del utilitarismo clásico.