En un claro afán de auto engañarnos, e intentar auto convencernos de que estamos distraídos, no hemos podido evitar el escribir sobre el tema de moda. Es bastante probable que a las personas que lean este título les parezca que hay una equivocación en cuanto a él y que se ha querido escribir FILANTONGO. Permítanme decirles con todo el respeto que hay una inexactitud de parte de ustedes. Voy a darles los argumentos debidos:

¿Alguna vez han intentado bailar un tango entre tres?..., resultaría muy incómodo, ¿cierto?; incluso aquellos que disfrutarían del desenvolvimiento del trío, sin conocer absolutamente nada de tango, lo menos que pensarían es que algo extraño está pasando, algo turbio se cocina, como que algo no cuadra.

Es exactamente lo que sucede con este bullado caso que ha puesto en tela de duda la institucionalidad del Ecuador, y que tiene al Estado Ecuatoriano, al grupo Isaías y a la Justicia (en medio del trío) ejecutando tan exquisita danza; con venda o sin ella, ¿estará tan bella dama, me refiero a la Justicia, consciente de su posición?. El caso Filanbanco ha llegado a tal extremo que ya no hay jueces que lo quieran tener; quema mucho, es una papa que arde ¡Hoy todos se excusan!

Como ciudadano preocupado, en un país sin institucionalidad, donde no hay jueces probos, pero que quiere dar soluciones, el único camino que queda es que sea el pueblo quien juzgue. Ojo que no hablo de justicia popular, pues si fuera así se quemarían los cuerpos con petróleo, se los garrotearía con un palo azul, y eso sería volver a la época de las cavernas. No, no, no, no.

Yo lanzo esta carta para conocer opiniones:

Propongo que sea el pueblo en una consulta popular el que se pronuncie CULPABLES O INOCENTES, y que se den en la pregunta opciones de años de reclusión en caso de resultar culpables; si la justicia ya no da para más, volvamos a la génesis de todo: al soberano. De esta forma incluso hasta el gobernante de turno se libera de responsabilidad.

Asumo el riesgo a ser criticado y quizás escuchar llamar descabellada la idea, pero lo otro es apagar la luz, cerrar la puerta y mandarnos a cambiar.