(CC) por Clearly Ambiguous - Flickr

En Ecuador nuestro sistema legal está basado en Códigos estrictamente definidos y de muy lenta evolución. Para opinar de legalidad hay que ser jurista o al menos tener suficientes conocimientos sobre la ley.

Justicia y legalidad no son la misma cosa. Se trata de valores que poseen una naturaleza distinta. La grandeza de la justicia es que reside en la aspiración de todos los seres humanos.

Por incomprensible que sea, los jueces no están para hablar de justicia o injusticia, puesto que lo verdaderamente suyo es la legalidad, es decir, el apego a los principios y procedimientos procésales ordenados por la ley. De aquí que pueda decirse que el jurista no es necesariamente justo y también que el justo no es de ordinario jurista.

La falta de legalidad se presume que dará un resultado injusto, pero esto no es siempre así, puesto que se interpretan en planos que por falta de dinamia o evolución de la sociedad se tornan desiguales.

Decía Agustín de Hipona ¡Qué son los estados sin justicia sino una cuadrilla de bandoleros!

Los ecuatorianos han vivido horrendas injusticias: El caso de un violador y asesino ¡libre por una mal descrita amnistía!; Ministros y su pandilla libres por alteraciones en los detalles Legales; sin faltar la torcedura de la Ley para cometer ilegalidades y tremendas injusticias; dudosas relaciones de autoridades con narcotraficantes y terroristas…

Vemos a un Presidente a quien le fastidia que le digan que alguien no lo quiere y vuelve esa falta de empatía en una falta a “Su Majestad” y, sin embargo, él usa los peores epítetos en sus ataques sabatinos contra sus mandantes que son Raymundo y todo el mundo.

Precisamente por ello, la ausencia de justicia lanza al ser humano al gobierno de los tiranos y de su inconfundible arbitrariedad, mientras la ausencia de legalidad y leyes para determinar el convivir armónico suele llevar las cosas aún más lejos: es el fin de la coexistencia pacífica entre los seres humanos.

Qué sería del mundo sin el Estado que aplique la ley, si no un lugar de guerra permanente. En efecto, sin la correcta aplicación de la Ley no hay sustento civilizado que ponga fin a los conflictos, y sin ella tampoco se detendría la escalada de las pasiones.

Sin Ley que limite el conflicto entre los seres humanos, cualquier crisis lleva a una perturbación.

En el caso Filanbanco, los jueces tomaron el dictamen de una Fiscal General, que por casualidad tenía de Asesor al actual, para de acuerdo con la Ley tipificar lo que se ha dado por llamar un delito. ¿De qué forma beneficia a los malmirados William y Roberto Isaías? A lo sumo que su posible prisión haya prescrito, empero seguirían culpables de la quiebra de un Banco y habrían perdido más dinero del que muchos puedan escribir.

Cuán rápido prevaricaron los que políticamente desean vivir de ese escándalo. Más rápido que un rayo los Jueces fueron suspendidos en sus cargos por tres meses, fundamentalmente por no hacer lo que desea el “Ser Supremo” ¿Lleva el odio y rencor a la justicia? ¿Es legal o justo ensañarse y buscar venganza contra ellos, cuando otros, en peores circunstancias fueron absueltos?

Temas que no se tocan y que fueron los que hicieron liquidar al Banco – mucho después de la salida de los Isaías – Banco que quedó operando y produjo utilidades: ¿Quién ordenó a quienes reemplazaron a los Isaías el préstamo a la Previsora y su eventual absorción? ¿Por qué les exigieron a los liquidadores la ayuda a un nefasto Banco que aún hoy existe? ¿No tienen culpabilidad las autoridades de control que lo tenían intervenido? ¿Por qué el Estado compró un problema que se dio por el deseo de ganancias desmesuradas de personas que querían hacer “trabajar” su dinero en vez de hacerlo ellos? ¿Cuántas fortunas y negociados se han hecho a nombre de esta liquidación?

El libre comercio implica un riesgo de ganar o perder, muchos “pobres damnificados” lo fueron por avaricia y pleno conocimiento del riesgo; además: Habían percibido cuantías muy superiores a las depositadas.

Igualmente se tiene que rechazar que, por afanes asimismo políticos, se inculpe sin el debido proceso a la esposa del Fiscal General y a él. Acaso, tan joven dama, con todo el pesar del lamentable hecho, ¿no comparte culpa la que lamentablemente transitaba por un lugar prohibido?